«Nuestro país requiere sumar voluntades tras el logro de cambios significativos en la sociedad. Todos los estamentos públicos y sociales, deben cambiar: egoísmo por solidaridad,  crecimiento por desarrollo, Compromiso por la displicencia y la apatía,…  Sumando a ello una visión integral de ciudadanía , la sabiduría por la ignorancia,  unidad por sobre dispersión«

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A la vuelta de la esquina.

Equipo laventanaciudadana.cl

Periodismo ciudadano.

A dos semanas de la ronda definitiva que determinará quién será el próximo Presidente de la República, el panorama es totalmente incierto. Los antecedentes que flotan en el ambiente son equívocos y son utilizados por los partidarios de uno y otro sector para alimentar su fe y su optimismo.

 Aunque una no muy larga tradición indica que el balotaje ha sido ganado históricamente por quien obtuvo la primera mayoría en la vuelta inicial, el hecho es que en la adopción de las determinaciones personales predominarán factores tales como el miedo, el temor, la incertidumbre, o la fuerte demanda social por cambios sustantivos en la institucionalidad y en el modelo de desarrollo.

El nuevo Gobierno deberá enfrentarse a muy graves problemas que requerirán soluciones urgentes. Más allá de los discursos ´pletóricos de promesas, la población demandará respuestas concretas lo que necesariamente implicará un esfuerzo común que solo podrá lograrse con voluntad de diálogo.

El país atraviesa una situación complicada desde el punto de vista de su economía y si bien cuenta aún con espacios que le permiten un cierto nivel de manejo, estos serán cada día más estrechos con las consecuencias pertinentes.

Algunas reformas estructurales son indispensables y el hacerse cargo de ellas es una tarea que no puede postergarse. Los últimos años han puesto en el tapete la necesidad de abordar materias gruesas como lo son la reforma de la salud pública, el sistema de pensiones y de seguridad social, y la educación. Sin embargo, por sobre estos temas se hace indispensable restablecer la vigencia del estado de derecho pues sin un clima de tranquilidad será casi imposible concretar cualquiera propuesta.

El Chile presentado demagógicamente como un oasis de paz hoy no existe y quizás nunca existió. Simplemente se trató de una quimera alimentada por la ilusión del consumo pero que escondía la inequidad, el endeudamiento, el abuso descarado, el país que crecía solo para el beneficio de la clase de los privilegios.  

Frente a los próximos comicios, se hace inexcusable una reflexión esencial: Si no hacemos cambios sustantivos en nuestro modo de vida como país, no habrá paz social quienquiera que sea el gobernante que elijamos.

Un solo ejemplo basta para ilustrar lo que se afirma: Hoy, prácticamente 2.000.000 de personas, esto es más del 10% de la población, vive en campamentos precarios o lisa y llanamente en la vía pública, sin agua, sin luz, sin acceso a servicios elementales, realidad que compromete escandalosamente su dignidad de seres humanos.

Un sector importante de la población ha estado ausente de los últimos procesos electorales no porque no le preocupe el futuro del país sino por la sencilla razón de que predomina en ellos el desánimo y la sensación de que su situación personal no va a cambiar. Se trata de más de la mitad del Chile adulto, cantidad a la que eventualmente se sumaría un significativo número de personas que han expresado su insatisfacción frente a los dos nombres finalistas.

José Antonio Kast ha planteado un programa de extrema derecha que implica una clara regresión al pasado y la consiguiente pérdida de derechos alcanzados tras duras batallas democráticas, todo lo cual se refleja en las reiteradas declaraciones de sus adherentes y en el programa inicial de su candidatura cuya modificación a última hora más que convicciones refleja oportunismo. Si Kast pretendiera imponer sus tesis originales obviamente desataría una crisis política y social de envergadura.

Por su lado, la opción de Gabriel Boric, en la eventualidad de su triunfo, claramente no estará exenta de problemas. Si bien el candidato ha mostrado flexibilidad programática avanzando en general en una línea de racionalidad y moderación, más allá de la esperada oposición de los sectores conservadores y de los grupos de privilegio, su gran desafío será el de enfrentar al enemigo interior. Al fundamentalismo ideológico del propio Partido Comunista (amenazas explícitas deTeillier y Jadue) que pretende llevarlo por un derrotero conflictivo que no mide consecuencias, se sumará el voluntarismo insensato de grupos urbanos que puerilmente creen que la realidad se puede cambiar por decreto de la noche a la mañana. Unos y otros, en la práctica son objetivamente funcionales a la preservación del statu quo.

Una inmensa mayoría de la ciudadanía quiere cambios ya que demanda una sociedad de libertades y derechos fundada en principios de equidad y solidaridad. Esta mayoría, gane uno u otro, debe tener el poder necesario para hacerse respetar ya que una democracia plena constituye el único camino para que sus hijos puedan vivir en un mejor país.

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