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ATRÉVETE A SOÑAR EN LA EPOCA DE TRUMP (I)

Guilmo Barrio Salazar

Desde Georgia, E.U.A.

La resistencia es necesaria, pero no es suficiente para obtener el mundo que necesitamos.  Mucho se habla en este país sobre “El Sueño Norteamericano”, pensando que la clase media todavía vive en los años 50’s, cuando se podía obtener en esta nación, el vehículo soñado, la tan soñada casa propia, el trabajo soñado que le pagaría un sueldo que ayudaría a vivir decentemente. Por desgracia, eso ha cambiado tremendamente, y hoy la clase media está desapareciendo, y todos nos estamos transformando en una sola “clase trabajadora”, con muchas limitaciones en nuestra sobrevivencia actual.

Hoy, mucha gente, incluyéndome entre ellos, han utilizado comprensivamente la palabra “conmoción”, o escándalo, para describir la elección de Donald J. Trump y sus primeros seis meses como el presidente de los Estados Unidos. A pesar de que él ha roto el molde presidencial en algunas formas, las tácticas de Trump siguen una fórmula escrita, una que es familiar para otros países que han sufrido cambios imprevistos impuestos bajo la cubierta de una crisis interna. Durante su primera semana en la Casa Blanca, por ejemplo, Trump firmó un Tsunami de “Órdenes Ejecutivas” que mantuvo tambaleando a la ciudadanía, que en forma enojadísima trataba de comprender lo que estaba sucediendo. Desde entonces, él no ha permitido que la atmósfera del caos y de la crisis se levante.

Debemos comprender que un estado de conmoción se produce cuando se rompe una historia, cuando no tenemos idea de lo que está sucediendo.  Pero en muchas formas, Trump no es una ruptura, sino una culminación de un punto lógico de historias peligrosas, que nuestra cultura nos ha indicado por mucho tiempo.  Por ejemplo, que la avaricia es buena, que el mercado es el que manda, que el dinero es lo que interesa en la vida, que los hombres de raza blanca son superiores que el resto, que el mundo natural está ahí para ser saqueado, que las personas vulnerables se merecen su destino, y que el 1% de nuestra sociedad se merece sus torres doradas, que todo lo que sea público o común para todos es algo siniestro y que no vale la pena proteger, que estamos rodeados de peligros y que debemos estar alertas todo el tiempo, y que no tenemos otra alternativa sino vivir con todo esto.

Al darles estas historias, ustedes también pensarán que ellas son parte del aire que respiramos diariamente, y que Trump no debería verse como un escándalo ni debemos conmocionarnos por tenerlo como presidente de este país.  Un presidente milmillonario que se jacta de que él puede agarrar a una mujer por sus genitales, también que puede llamar a los mexicanos “violadores de mujeres”, a la vez de mofarse y ridiculizar públicamente a personas con inhabilidades físicas, esto para él es una expresión lógica de una cultura que permite niveles indecentes de una impunidad para los ultra ricos, que demuestra que en una competencia el ganador se lo lleva todo y que,  basado en su dominación lógica,  está permitido en todos los niveles.  Nosotros debiéramos haber estado esperándolo, y por supuesto, muchos de aquellos directamente tocados por el racismo Occidental y la misoginia han estado esperándolo por mucho tiempo.

Así que tal vez, la emoción detrás de lo que muchos han llamado una “conmoción” o un escándalo es algo realmente, y mejor descrito, un verdadero horror.  Específicamente, el horror de reconocer cómo nos sentimos cuando leemos una novela de ficción o vemos una película de terror.  Imagínense que Trump es un espejo, y que después de ver esa película de terror, nos observemos en el espejo y nos preguntemos: ¿Me gusta lo que veo?  ¿Deseo realmente continuar en esta carretera?  Recuerden que esa ficción puede transformarse en una realidad.  Si no nos gusta lo que vemos en ese espejo, entonces está muy claro lo que necesitamos hacer en un futuro cercano.

Tenemos que comprender no sólo lo que Trump está haciendo, sino las historias y los sistemas que inevitablemente lo produjeron.  No es suficiente desafiarlo superficialmente como un individuo, como un tonto o como un ignorante alarmante, aunque  tal vez lo sea.  Tenemos que confrontar las tendencias arraigadas que lo premiaron y lo exaltaron hasta que se transformó en la persona más poderosa del mundo.  Los valores que nos han vendido a través de la televisión, de los libros sobre cómo hacerse rico rápidamente, los salvadores billonarios, y el capitalismo filantrópico.  Los mismos valores que se han estado jugando en los nidos de seguridad destruidos, a través de la explosión en cantidades de nuevas prisiones privadas, de la cultura de normalizar las violaciones sexuales, el aumento en el crecimiento de los océanos, y el desastre de privatizar las respuestas gubernamentales.

Al mismo tiempo, tal vez esté bien, incluso puede que sea  saludable para nosotros,  estar un poco conmocionados por este nuevo presidente.  A lo mejor por esto: Esas historias que lo colocaron donde está siempre fueron rebatidas.  Siempre hubo otras historias, las que insistían que el dinero no es todo lo que es valioso, y que todos nuestros destinos están intercalados entre uno y otro con la salud del resto del mundo natural.  Las fuerzas que representa Trump siempre han suprimido a las otras, las más antiguas, y las historias verdaderas auto evidentes, que podrían dominar contra tanta intuición y evidencia.

Para mí, lo que a ustedes les puede sonar algo extraño, la subida de Donald J. Trump ha incitado un desafío más interno: Me ha hecho determinar que debo eliminar al Trump que llevo por dentro.  Ya hemos visto que el nuevo régimen ubicado en la ciudad de Washington, D.C. ha guiado a mucha gente a tratar de comprender y sobrellevar nuestros propios prejuicios latentes y nuestras tendencias personales, las que nos han mantenido divididos en el pasado.  Este trabajo interno es crucial ahora que nos unimos en una resistencia y en una transformación del sistema.

También hay algunas otras historias, frecuentemente pasadas por alto, que muchos de nosotros podemos hacer más para poder confrontar nuestro propio Trump que llevamos dentro, algo, cualquier cosa que se asemeje en nuestros propios hábitos.  Permítanme señalar que esto no nos hace responsables por los resultados de la elección presidencial del 2016, y no tiene nada que ver con quién votó por quién, ni por qué se hizo.  Puede ser que sea parte de lo aprendido para vernos como marcas de productos en el mercado, en vez de vernos como personas en comunidades.  O la parte que ve a otras personas haciendo algo similar, pero no como aliados potenciales en una lucha donde necesitamos todos nuestros talentos, sino como productos rivales compitiendo por compartir un escaso mercado.  O talvez es la parte que no puede resistir unirse a una mafia para avergonzar y atacar a la gente con quienes no estamos de acuerdo, a veces utilizando crueles calumnias personales, con una intensidad nuclear con el gran riesgo de utilizar esta clase de ataques que estoy describiendo.  ¿Es posible que este hábito también sea incómodamente cerca de lo que el jefe de la Casa Blanca está haciendo por medio de sus Twiters?.

O tal vez es la parte que está esperando que llegue un billonario al rescate, excepto que este será alguien amable, generoso y preocupado por el cambio climático, y darle poderes a las mujeres.  El billonario liberal salvador parece muy lejos de como es Trump, pero la fantasía todavía se compara con la gran riqueza que tiene poderes de un súper héroe, lo cual una vez más, está muy cerca para darle una comodidad a “Su Majestad de Mar-a-Lago”, donde se encuentra el campo de golf que él  frecuenta.

Si algunos de estos impulsos e historias parecen muy conectadas para nosotros, no es porque seamos gente terrible.  Esto se debe porque muchos de nosotros funcionamos dentro de unos sistemas que están diciéndonos constantemente que no hay suficientes recursos para todo el mundo, así que debemos luchar para llegar a la cima, sin importar el costo envuelto.  Gustosamente o no, cualquiera que consuma y produzca una natación en los medios de comunicación dentro del agua cultural, y mantenga una constante serie de mensajes, en las mismas aguas que produce Donald J. Trump, encontrará aguas fétidas en esa piscina, pero lastimosamente habrá gente bañándose en esas aguas sin salvavidas y con muchas enfermedades, pero no podrán salir de esa piscina.  Reconociendo esto puede ayudar en la clarificación de nuestras tareas.  Para tener una esperanza de poder cambiar el mundo, tendremos que tener la capacidad y el deseo de cambiar nosotros mismos.

La buena noticia es que nosotros, los que llevamos esa “mentalidad trumpista” en nuestro interior, a lo mejor deseando gastar unas pocas horas más cada semana en colocarnos cara a cara con nuestras relaciones o rendir parte de nuestro ego para lograr un proyecto que sea exitoso, o reconocer el valor de tantas cosas en la vida que  realmente no se pueden comprar o vender, y que debiéramos ser más felices.  Esto es lo que nos mantendrá en una lucha que no tiene una línea final a la vista, y verdaderamente va a requerirnos un compromiso de por vida.

En la próxima edición de La Ventana Ciudadana continuaré con este tema, para que ustedes, estimados lectores, vean que el mal llamado “Sueño Norteamericano”, no es tan simple, como muchos inmigrantes que desean venir a esta tierra de “las oportunidades”, aún piensan y tienen en mente que en este país todo es color de rosa.

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