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Atrévete a Soñar en la Epoca de Trump ( II )

Guilmo Barrio Salazar

Desde Georgia, E.U.A.

Hoy, continuaré este tema iniciado la semana pasada.  A decir verdad, nosotros podemos pelear contra la demagogia de la extrema derecha, lo que va en aumento a nivel global, de dos formas posibles.  Está la opción del estamento gubernamental, abrazado por los partidos de centro en todo el mundo, lo que promete un cuidado infantil, una mejor representación femenina y de razas de diferentes colores y,  tal vez unos paneles solares para la distribución energética.  Pero esta opción también viene con una lógica de austeridad anticuada, con la misma fe ciega en los mercados, la misma ecuación del consumo sin fin y la felicidad, los mismos parches curitas para sanar las heridas profundas.

Hay muchas razones por las cuales esta visión limitada está fracasando para detener el surgimiento de la extrema derecha alrededor del mundo, pero la más importante es ésta: No tiene lo suficiente para ofrecer.  No hace nada para solucionar las legítimas y reales quejas que cargan aún más por la búsqueda de víctimas, tampoco les da a las personas que se encuentran en mayor peligro, por el aumento de los partidos de derecha, suficiente esperanza para que tengan un mejor futuro.  Una sociedad con una desigualdad extrema, con tendencias neofacistas desenmascaradas, y un clima enfermo, con un neoliberalismo como dirigente de todas estas crisis, es la medicina groseramente más inadecuada.  Sólo ofrece un débil “NO” a las fuerzas responsables, y le falta un “SI” que realmente es necesario.

Para muchos de nosotros está muy claro que estamos listos por un nuevo acercamiento: Un fascinante “SI” que presente un plan tangible de mejoras en nuestra vida diaria, sin temor a palabras poderosas como “redistribución” y “reparación”, e intentar desafiar la ecuación cultural del Occidente de “la buena vida” con criaturas que nunca han escalado la comodidad interna, por ser personas consumidoras aisladas.

Tal vez debiéramos agradecerle a Donald J. Trump por esta nueva ambición encontrada, por lo menos en parte.  Lo desvergonzado de su grupo corporativo ha hecho mucho para cambiar sistemáticamente la forma de pensar, haciendo creer que realmente es necesario hacerlo.  Si los titanes de la industria estadounidense se alinean detrás de este hombre, con todos sus vicios, con su mentalidad mercenaria, con su vanidad y el hecho de ser un empresario vacío; si los gerentes de Wall Street le aplauden las noticias de sus planes de quemar el planeta, y hacer morir de hambre a los ancianos;  y si los medios de comunicación le alaban su ataque con misiles, ordenado mientras él se servía un pastel de chocolate en su oficina presidencial, bueno entonces, muchísima gente ha llegado a la conclusión de que ellos no quieren formar parte de un sistema como este.  Claramente vemos que esta clase de cultura debe ser confrontada en este momento, y no ley por ley, sino desde sus raíces.

Lo que hemos visto con los candidatos de la izquierda insurgente y los partidos políticos en los EE.UU., también en Gran Bretaña, en España, en Francia, y en todas partes, no han sido políticos perfectos ni plataformas perfectas que tienen todo solucionado.  Algunas de las figuras que han encabezado estas carreras suenan más como del pasado que del futuro, y las campañas que han establecido, frecuentemente nos enseñan a los países que esperan gobernar, o por lo menos no lo suficiente, lo que es una prueba de un hecho muy importante, el que se ha negado y reprimido por muchas décadas debido al estrangulamiento neoliberal:  La transformación progresista, lo cual es un cambio popular, mucho más efectivo de lo que nosotros nos hemos imaginado recientemente.

Aquí les dejo lo que se necesita comprender: El neoliberalismo ha sido roto, aplastado bajo el peso de las experiencias vividas y de una montaña de evidencias.  Lo que no se ha dicho por décadas, hoy se habla en voz alta por los candidatos que obtienen millones de votos: Una educación universitaria gratuita, un sueldo mínimo doble, el 100% de una energía renovable tan rápida como la tecnología lo permita, una policía desmilitarizada, las cárceles que  no son un lugar para los jóvenes, los refugiados son bienvenidos, la guerra nos hace menos seguros.  Y las multitudes rugen su acuerdo.  Con tanto ánimo ¿Quién sabe lo que viene?  ¿Una reparación para terminar con la esclavitud y el colonialismo?  ¿Un plan marcial para terminar con la violencia contra las mujeres?  ¿Una abolición de las prisiones?  ¿Unas cooperativas de trabajadores democráticos como el centro de un programa protector del medio ambiente?  ¿El abandono del “crecimiento” como una medida de progreso?  ¿Por qué no?  El cerco intelectual que ha encerrado la imaginación progresista por tanto tiempo está tirado todo doblado por el suelo.

Es doloroso que la izquierda no haya ganado en los últimos dos años, pero no ha sido una derrota.  Ellos son el primer terremoto de un profundo realineamiento ideológico, del cual una mayoría progresista puede surgir, como ha sucedido con el neofacismo autoritario de la derecha.  En realidad, la debilidad y los tropezones políticos de los candidatos de la izquierda no debieran ser una causa de desesperación, sino de una esperanza genuina.

Si lo dicho  suena demasiado optimista, recuerden esto:  En los EE.UU., el número de personas que participa  en movimientos políticos está creciendo a niveles nunca vistos por muchos organizadores.  En las marchas por los derechos de las mujeres, contra las deportaciones, y en defensa de la vida de las personas afro-americanas, se está viendo un  crecimiento en números que marca récords.  Reuniones políticas progresistas, conferencias, reuniones municipales, y las asambleas, están experimentando participaciones con volúmenes extremadamente altos.  Algo muy poderoso está trabajando, y la afirmación  de  cualquiera que diga que sabe hasta dónde va a llegar este proceso, debiera ser considerada con la misma seguridad que  aquellas encuestas que nos decían que Trump nunca ganaría la presidencia, y que Gran Bretaña fracasaría en su intento de salirse de la Unión Europea.

Por ejemplo, después que los republicanos intentaron desmantelar el programa de cuidado de la salud propuesto por el presidente Barack H. Obama, y fracasaron, y luego surgió un nuevo movimiento apoyando un Cuidado de la Salud Pública Universal a nivel nacional, con la idea de tener un “cuidado médico para todos”, lo que tiene más sentido para muchos estadounidenses, como ya lo habían hecho por décadas.  En la actualidad la ciudadanía está promoviendo que este modelo se adopte en los Estados más grandes del país, como California y Texas, sin importar en lo que piensan los legisladores en Washington, D.C.

Por décadas, la élite ha estado usando el poder de causar  conmoción en la ciudadanía norteamericana para imponer muchas pesadillas.  Donald J. Trump piensa que él lo puede hacer todo el tiempo, porque nosotros hoy olvidaremos lo que dijo ayer, y luego le señalará a la prensa que él nunca lo dijo;  pensando que estaremos saturados de cosas que él haya hecho, y nos rendiremos, permitiéndole hacer lo que él quiera.

Pero las crisis no siempre causan que las sociedades retrocedan y se den por vencidas.  Siempre hay una segunda opción: Al encarar un grave temor común, podemos elegir unirnos y pegar un salto evolutivo.  Podemos seleccionar, como lo dijo claramente el Reverendo William Barber: “Podemos ser el ejemplo moral de nuestro tiempo y sacudir el corazón de esta nación, y construir un movimiento de resistencia, de esperanza, de justicia y amor”.  Por supuesto que podemos, en otras palabras, podemos sorprender al diablo de nosotros mismos, uniéndonos, enfocándonos y determinándonos.  Rehusando caer en las viejas tácticas.  Al rehusar asustarnos, no importa las veces que hemos sido atemorizados políticamente, demostramos nuestra fuerza física, nuestra fuerza mental, y nuestra fuerza espiritual.

Lo que el grupo corporativo de Donald J. Trump y su Gabinete de billonarios están tratando de realizar es una crisis con una reverberación global, que podría ser un eco a través del tiempo geológico.  El cómo respondamos a esta crisis depende de nosotros.  Así que decidamos la segunda opción:  ¡Saltemos Ya!

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