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CAPE NANE NU ENE TENE TÚ…

Maroto

Desde Canadá.

A solo días de las elecciones presidenciales la decisión acerca de por quién votar es cada vez más compleja y urgente, debido particularmente a que el abanico de  candidatos que se nos presenta no resulta para nada alentador.

Después de innumerables foros, entrevistas, declaraciones y una tediosa campaña, se ha confirmado lo que desde el principio de este proceso electoral sospechábamos: ninguno de los candidatos disponibles, Beatriz Sánchez (FA), Carolina Goic (DC), Alejandro Guillier (FM), Sebastián Piñera (ChV), José Antonio Kast (IND), Marco Enriquez-Ominami (PRO), Alejandro Navarro (PAIS) y Eduardo Artes (UP) ha demostrado el liderazgo natural e inspirador, la capacidad política y el porte de estadista, que esperaríamos de quienes aspiran a acceder al sillón presidencial. La carencia de profundidad, solidez y sabiduría en temas de estado y la falta de ideas, propuestas concretas e innovadoras ha sido el denominador común de la mayoría de las candidaturas.

Es en este escenario, en el que corremos el riesgo de que la frustración, desazón, incertidumbre y ansiedad se apoderen de nosotros; ya sea que como ciudadanos nos declaremos más cercanos a los pensamientos de derecha o de izquierda, no parece haber un candidato “obvio” a quién apoyar; después de meses de campaña, aún resulta difícil decidir por quién votar.

¿Qué hacer entonces? ¿No votar? ¿Votar blanco o nulo? ¿Usar el voto como castigo, protesta o llamado de atención? ¿Votar por el mal menor?

Asumiré que nos interesa participar del proceso electoral por lo que restarnos y no votar está desde mi punto de vista descartado; si bien el resto de las opciones son válidas, asumiré también que votar blanco o nulo no es lo queremos hacer. No nos queda entonces más que revisar por enésima vez las opciones disponibles, realizando un esfuerzo adicional por intentar encontrar aquellos elementos que nos lleven a decidir por algún candidato en particular.

Hace algunos meses atrás, en un artículo escrito en este mismo medio, sugerí algunos criterios a considerar al momento de revisar las candidaturas; hoy, frente falta de candidatos sólidos y la necesidad urgente de tomar una decisión, estos criterios cobran aún más relevancia.

La integridad y sentido ético: En el Chile de hoy, en que observamos con preocupación la tendencia a relativizar el contenido ético de nuestras conductas, es imperativo escoger a quien creamos que representa de mejor manera la integridad en el ejercicio de la función pública. Esta función, requiere de un compromiso absoluto, no negociable, con la ética y la moral. No basta con la estricta legalidad de las acciones, sino que es de suma importancia entender la intencionalidad de estas y comprender la percepción que de ellas se tiene.

La visión de país y el bien común: Quién finalmente sea nuestro candidato debiera ser capaz de pensar en el País como fin último de su relato, teniendo criterios de inclusión y de solidaridad como ejes centrales de sus propuestas y programa de gobierno. Cualquier candidato que abierta o solapadamente promueva el individualismo, que genera desigualdad y falta de equidad y el sectarismo, que fomente la división y exclusión, no está pensando realmente en el País, sino que en agendas particulares que responden a mezquinos intereses económicos, ideológicos o religiosos.

La capacidad de conformar equipos: Gobernar es una tarea compartida. Un candidato no gobernará por sí solo; quién aspire a ocupar el sillón presidencial debe tener la capacidad de formar un equipo que equilibre adecuadamente la experiencia y capacidad política con la competencia técnica e idoneidad profesional. Nuestro apoyo debiera ir a un candidato que sea capaz de sumar e integrar a todos aquellos que pueden, con honestidad, aportar en hacer de Chile un país mejor.

El nosotros por sobre el yo: Finalmente, al elegir un candidato, debemos hacer el esfuerzo de hacerlo pensando no en el “yo” sino que en el “nosotros”. ¿Quién le hará mejor al país? ¿Quién está mejor posicionado para resolver participativamente las situaciones de desigualdad e injusticia que  existen en nuestra patria? ¿Quién representará mejor los intereses de los postergados y excluidos? ¿Quién tiene posibilidades reales y un compromiso genuino de continuar avanzando en los cambios políticos y sociales que nuestro país requiere?

Importantes cuestionamientos éticos han afectado las candidaturas de Sebastián Piñera y en menor medida la de Alejandro Navarro. Los candidatos Jose Antonio Kast, Sebastián Piñera y Eduardo Artes parecen representar concepciones de sociedad excluyentes y con importantes niveles de intolerancia política, económica y/o social. La dificultad para conformar equipos cuyos integrantes cuenten con capacidad política, competencia técnica e idoneidad profesional parece ser un desafío no menor que afecta a los equipos de José Antonio Kast, Miguel Enríquez-Ominami, Alejandro Navarro, Eduardo Artes y en menor medida Beatriz Sánchez. Y la falta de propuestas  que garanticen avances en la conquista de espacios y oportunidades para los más postergados afecta particularmente las candidaturas de José Antonio Kast y Sebastián Piñera, debiendo sin embargo mencionar, que los candidatos que dicen representar posturas progresistas han sido incapaces de articular un discurso convincente en materias de recuperación y reivindicación de derechos políticos, sociales y económicos.

Es en este contexto, de falta de un candidato “obvio” por quien votar, que en primera vuelta la candidatura de Carolina Goic surge en mi opinión, como la más aceptable de las alternativas disponibles.

Los importantes reparos que existen respectos de las intenciones e intereses políticos de algunos de los personajes que integran su entorno y las limitaciones de su plataforma programática, se ven en alguna medida morigerados por lo que parece ser un honesto interés por avanzar en construir un Chile mejor. Como señalara Jaime Hales hace unos días atrás, “sé que ella no hará una revolución y que sus ideas económicas irán lentamente hacia el cambio de régimen. Probablemente ella administre con mayor eficacia y cambie solo lo que sea posible concordar con la mayoría de las fuerzas políticas. Ella no encabezará la cruzada transformadora en la que yo sueño, pero dará tranquilidad a un país que se mueve entre la ira y la desesperanza, enfrentando la avidez de los de siempre y la mediocridad de quienes no son capaces de proponer sino eslóganes vacíos. Ella no nos llevará a la derecha. No retrocederá en las reformas. Corregirá, profundizará, propondrá caminos nuevos. No será un gobierno de las minorías, sino que abrirá espacios para la solidez que Chile necesita en esta hora.”

Espero no estar equivocado.

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