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Carlos Marx y los desafíos presentes (Parte 1)

Se cumplen 200 años del nacimiento de Carlos Marx y proliferan nuevas biografías sobre el personaje y su época[1]. Sin embargo, lo más relevante es su pensamiento y su aporte a la cultura y la política. Marx murió en 1883 sin haber visto el impacto de sus ideas. Como dice Eric Hobsbawm, su influencia ha sido determinante en el Siglo XX. Marx junto con Durkheim y Weber es considerado uno de los padres de las ciencias sociales modernas, y su pensamiento inspiró a muchos movimientos de cambio social[2]. Contrariamente a su esperanza el capitalismo no sucumbió a sus reiteradas crisis, sino que se transformó gracias al avance científico y tecnológico.

Para tener una síntesis apropiada del pensamiento de Marx lo mejor es recurrir al propio autor, quien en el prólogo de “La Contribución a la Crítica de la Economía Política” de 1859 señala que luego de sus estudios de derecho, filosofía e historia, tuvo que ocuparse de asuntos económicos, y que su crítica a la concepción del derecho de Hegel lo llevó a comprender que las relaciones jurídicas y las formas del Estado no se comprenden por sí mismas ni por la evolución del espíritu humano, sino por la transformación de la sociedad civil, cuya anatomía hay que buscarla en la Economía Política, a cuyo estudio dedicará sus principales esfuerzos. En ese Prólogo Marx define “el hilo conductor” de ese esfuerzo señalando que “el modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general….al cambiar la base económica, se revoluciona, más o menos rápidamente, toda la inmensa superestructura erigida sobre ella…Las fuerzas productivas que se desarrollan en el seno de la sociedad burguesa brindan, al mismo tiempo,  las condiciones materiales para la solución de este antagonismo (de clases). Con esta formación  social se cierra, por tanto, la prehistoria de la sociedad humana”. Luego   concluye que sus ideas, “cualquiera que sea el juicio que merezcan, son el fruto de largos años de concienzuda investigación[3]. Pese a su agudo espíritu crítico y a su estilo polémico,  animado como estaba de la voluntad de cambiar una sociedad en plena ebullición por la revolución industrial, Marx no cayó en el dogmatismo, pero no evitó del todo la tentación de la filosofía alemana –criticada por Engels– de intentar “elaborar un sistema universal”, una teoría que ordenara todo el saber existente[4].

La relevancia de Marx

Su importancia radica –a mi juicio– en que abrió una nueva perspectiva para comprender la dinámica  del capitalismo y, en polémica con Hegel pero sin apartarse del gran filósofo alemán,  invitó a desentrañar el sentido de la historia. Poco importa  si Marx acertó o no en cada una de sus afirmaciones o teorías. Lo decisivo es que enfrentó las paradojas de la modernidad: el enorme avance que trae consigo el desarrollo científico y tecnológico y, al mismo tiempo, las injusticias que provoca una aplicación utilitarista de sus logros[5].

Desde sus inicios el pensamiento de Marx dio origen a múltiples corrientes según las circunstancias políticas, muchas veces en abierta polémica entre sí. Esa confrontación se agudizó con la ruptura de la II Internacional en 1914 y el triunfo de la Revolución Rusa en 1917. Allí donde la vertiente comunista consiguió un poder incontrastable, la libertad fue amagada. El propio Lenin en “¿Qué hacer?” era consciente que la  política soviética había traído consigo una pérdida de reflexión teórica, o sea, una simplificación, que con Stalin daría origen a la formulación de una ideología: el “marxismo-leninismo[6], que impondría sin miramientos.

No obstante los crímenes del estalinismo,  los intelectuales europeos de izquierda cerraron los ojos[7].  J. P. Sartre en su “Crítica de la razón dialéctica” afirmó que el marxismo se había transformado en el horizonte cultural del siglo XX, y efectivamente lo fue para muchos hasta la aparición de los “nuevos filósofos” en Francia, el derrumbe de la URSS y el fin de los regímenes comunistas en Europa, y el decaimiento o desaparición de los partidos comunistas. El estalinismo provocó la asfixia de la revolución rusa, que se mostró incapaz de renovarse luego del XX Congreso del PCUS en 1956. E. Berlinguer, líder del Partido Comunista Italiano (PCI) en un congreso del PCUS antes del derrumbe del muro de Berlín, afirmó tajantemente: “el impulso renovador de la Revolución de Octubre se ha agotado”. La perestroika de Gorbachov llegó tarde[8]. El proyecto de un socialismo libertario había sido amagado por los soviéticos en Praga en 1968[9], y la rebelión de los obreros polacos del movimiento Solidaridad transitó por otros senderos. El eurocomunismo que habían impulsado los partidos comunistas de Italia, Francia y España en la década del 70 no pasó de ser un proyecto de renovación frustrada, dando razón a la afirmación de Gramsci que las ideas son grandes cuando son realizables.

Por su parte los partidos de inspiración socialista en Europa tuvieron su propia evolución[10]. Críticos de la política bolchevique y de la revolución rusa, enfrentaron la transformación del capitalismo antes y después de la guerra: primero se refleja en la polémica Bernstein- Kautsky-Luxernburgo sobre reformismo y revolución, las conquistas de los trabajadores organizados y la democracia, en la SPD alemana[11], y luego vino el  abandono del marxismo en  el Programa de Bad Godesberg (1959), que asumió la economía de mercado; otro tanto ocurrió con  la eliminación de la cláusula favorable a la nacionalización de la economía en el Partido Laborista de Inglaterra, que marca un giro hacia la “tercera vía” encabezada por Tony Blair y Gordon Brown y sostenida por el sociólogo A. Guiddens, y el término a la referencia al marxismo en un congreso extraordinario del PSOE en España (1979), a propuesta de Felipe González, y la refundación del PS en Francia en 1969 impulsada por F. Mitterrand, y el giro del Partido Socialista Italiano hacia una alianza con la DC en el Congreso de Venecia de 1957.

Esos partidos enfrentaron los nuevos desafíos de la globalización y la construcción de la Unión Europea, pero no dejaron de lado su espíritu crítico frente al capitalismo. Como diría Bobbio en un conocido ensayo, su posición no es ni por Marx, ni contra Marx[12]. Más bien tomando pie en su aporte intelectual, han buscado nuevos derroteros dando origen al Estado de bienestar[13]. En su política se entrecruzan la tradición socialista con la liberal. Actualmente la social democracia se debate entre la propuesta de una nueva política y la defensa de las conquistas obtenidas  tanto a nivel nacional como en el campo internacional, hoy puestas en cuestión por movimientos nacionalistas, proteccionistas, xenófobos y autoritarios.

Publicado en Revista Mensaje N°218 julio 2018.

[1] Por ejemplo, la escrita por Gareth Stedman Jones, “Karl Marx, grandeza e ilusión”. Ed. Taurus.

[2]  Ver su Prefacio a la “Storia del Marxismo”, Giulio Einaudi Editore, Torino 1978

[3] Para una exposición de las teorías  de Marx, ver la obra de J.I.Calvez SJ, “El Pensamiento de Carlos Marx”,  Taurus, Madrid 1962 y Raymond Aron, “El marxismo de Marx”, Ed. Siglo XXI, México 2010 .

[4] F. Engels, “Del socialismo utópico al socialismo científico”, Prólogo a la edición inglesa de 1892.

[5] Esa contradicción aparece en todo su dramatismo, por ejemplo,  en las reflexiones de Marx sobre la colonización británica de la India – proceso cruel e inhumano, pero que trajo progreso a una sociedad encerrada en castas y sumida en la miseria – o en su discurso inaugural de la Asociación Internacional de los Trabajadores  en Londres en 1864, donde contrasta el progreso de la economía inglesa con la crítica situación social de los obreros y desempleados. Es lo que Engels resalta en su discurso en el funeral de Marx.

[6] Una crítica marxista de la ideología soviética se puede encontrar en H. Marcuse, “El marxismo soviético”, Revista de Occidente, Madrid 1967.

[7] Raymond Aron en “El opio de los intelectuales”, Ed. Leviatán, Buenos Aires 1957 intenta explicar esta actitud militante de los intelectuales. Ver la polémica entre Sartre y Camus

[8] Mijail Gorbachov, “El golpe de agosto. Las causas y las consecuencias” Atlántida/Zig-Zag 1991

[9] Con anterioridad había ocurrido la invasión rusa de Hungría en 1956 en contradicción con el proceso de apertura de Kruschov luego del XX Congreso.

[10] Ver G.D. H. Cole, “Storia del pensiero socialista” Editori Laterza, Bari 1972.

[11] Massimo Salvadori, “Kautsky e la rivoluzione socialista 1880/1938”, Feltrinelli Milano 1976

[12] Norberto Bobbio, “Ni con Marx, ni contra Marx”, editado en Italia por Riuniti di Sisifo en 1997, que recoge 18 escritos de Bobbio sobre Marx y el marxismo.

[13] Esos partidos al inicio ponían el acento en un giro político de Marx a partir de 1860 en que valora las conquistas sindicales de la hornada de 10 horas en Europa y el avance del cooperativismo, y al mismo tiempo da a entender que la revolución debe ser entendida no como un acontecimiento puntual sino como un proceso político en que juega un papel significativo la democracia de corte liberal.

Publicado en revista Mensaje N° 218, julio 2018.

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3 Comentarios en Carlos Marx y los desafíos presentes (Parte 1)

  1. Muy buena columna la de José A. Viera-Gallo. Concuerdo con el comentario de María T. La mayoría de los postulados de C. Marx están vigentes y por falta lectura, estudio y comprensión de sus obras no los hemos aprovechado. Creo que la mayor parte de los que se dicen anti-marxistas jamás han leído sus obras.

  2. justo análisis, objetivo, claro y da cuenta del aporte histórico de Marx a la sociedad, a la historia y la filosofía.
    Que lástima que hoy ya no se debata.
    Felicitaciones por su artículo.

  3. Una muy buena lectura y análisis de la obra de un personaje de la historia respecto del cual, se debería seguir investigando, leyendo y estudiando.
    Este artículo aporta de modo brillante a esta tarea, aún pendiente.

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