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Colocando al Presidente en Tela de Juicio.

Guilmo Barrio Salazar

Desde Georgia, E.U.A.

Lo que los fundadores de esta nación Norteamericana pusieron como una solución, en caso de tener en crísis la Constitución del país, fué precísamente colocar al presidente en tela de juicio, que es precísamente lo que está ocurriendo en la actualidad en esta desarrollada nación.

Donald J. Trump, durante su campaña presidencial, en una oportunidad señaló: “Yo podría estar en medio de la Quinta Avenida en la ciudad de Nueva York y dispararle a alguien, y a pesar de eso, no perdería los votantes a mi favor”. Esto todavía es verdad para muchos, que aún ven que es una fantasía tenerlo como un jefe de comando competente. Pero el equipo de Trump no propone un estándard de compatibilidad presidencial. Eso fué realizado hace mucho tiempo atrás, en 1787, cuando los que iniciaron el experimento norteamericano delinearon el poder de poner a un presidente en tela de juicio, lo que derrepente se ha transformado en una furia en este país.

La acusación no es la única herramienta para verificar y balancear a un presidente errante. El Congreso tiene el poder de la cartera, la responsabilidad de declarar guerras, y “aconsejar y consentir” cuando hay un descuido en la autoridad. Desafortunadamente, las protecciones de la separación del poder descritas en la Constitución, han tenido una gran paliza en el transcurso de la gran marcha desde el presidente George Washington, que tuvo una administración “prudente”, hasta la presidencia imperial que ha heredado Donald J. Trump.

Afortunadamente, los estadounidenses siempre han estado inclinados hacia la Constitución, más que hacia las élites políticas. Decenas de millones de buenos ciudadanos ahora están preparados para explorar cada opción de poder verificar los instintos autoritarios de un hombre que podría ser lo que los patriotas siempre han temido: “creerse un rey por cuatro años”. En una encuesta de ley pública conducida a mediados del mes de Mayo pasado, el 48% de las personas encuestadas indicaron que apoyaban colocar al presidente en tela de juicio, en comparación con el 41% que se oponía.

La lista de las cosas que alimentaron la campaña de “Poner en Tela de Juicio a Trump Ahora”, pudo haber comenzado con las quejas que este presidente billonario está violando la Constitución en las cláusulas emolumentas, es decir, sus retribuciones obtenidas por sus negocios privados, aparte de su sueldo presidencial, una preocupación señalada por la reunión de los dirigentes Congresistas Progresistas, cuyo vice presidente es Mark Pocan, quien previno en su discurso del día 2 de Febrero de este año, que si el presidente Trump falla en presentar sus conflictos de interés y continúa sin preocupación de su parte con relación a su transparencia: “Necesitamos tomar otras opciones, incluyendo direcciones legislativas, resoluciones de desaprobación, e incluso explorar el poder de colocarlo en tela de juicio”. Pero esa lista de quejas ha crecido en forma increíble, debido a que esta presidencia está yendo de crísis en crísis.

Después que el presidente canceló al Director de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI, siglas en Inglés), echando de su puesto a James Comey, debido a lo que Trump admitió en una entrevista televisiva a nivel nacional, que fué una intención evidente de rebajar la investigación de esa oficina federal, que estaba investigando el envolvimiento Ruso durante la campaña presidencial de Trump. Mark Pocan dijo: “El reloj de la tela de juicio se ha movido una hora más cerca de la medianoche”. Cuando se reveló que Trump le había confiado a oficiales rusos después de haber echado de su puesto a James Comey: “Encaré una gran presión debido a Rusia. Pero eso ya está afuera”. Entonces la alarma del reloj de la tela de juicio sonó bien fuerte. De acuerdo con James Comey, Trump solicitó que la Oficina Federal de Investigaciones terminara su investigación, y que se lo dejaran al que fuera el Consejero de Seguridad Nacional, Michael Flynn, y sus conecciones con Rusia. Esos detalles ahora se léen como elementos de un artículo de tela de juicio, por formar parte de una obstrucción de la justicia estadounidense. Como el profesor de la Facultad de Leyes de la Universidad Harvard, Laurence Tribe, explicó el 14 de Mayo pasado, en un argumento relacionado con la tela de juicio: “Este presidente ha demostrado que no se puede confiar en él para que continúe dentro de la ley, y el último recurso de nuestra Constitución, para situaciones de esta clase, es sacar a esta persona de la oficina presidencial”.

Por supuesto, el el Director de la Casa de Representantes, Paul Ryan, está en desacuerdo, y tan pronto como este republicano apoyador de Trump mantenga su grupo simpatizante del presidente, él intentará disminuir cualquier esfuerzo que haga responsable a Trump de alguna violación a la Constitución. Pero el reconocimiento de algunos legisladores republicanos, como Justin Amash, del Estado de Michigan, que señala que la aparente obstrucción de la justicia de Trump, podría ser suficiente razón para ponerlo en tela de juicio, lo que ha elevado aún más las posibilidades de enjuiciar a este presidente.

Desafortunadamente, la líder demócrata minoritaria de la Casa de Representantes, Nancy Pelosi, ha respondido que los demócratas deben “disminuir su entusiasmo” con relación a colocar en tela de juicio al presidente Trump.

Esta determinación de colocar la estrategia política delante de los principios es completamente equivocado, tanto moral como práctico. Si cualquier oficial, ya sea el presidente, el vice presidente, o el Abogado General, traicionan la confianza pública y atemorizan la república, ese oficial deberá ser enjuiciado y removido de su posición. La ciudadanía sabe esto, y la historia nos recuerda que los votantes premian la honestidad de sus candidatos. Después que los demócratas señalaron los crímenes cometidos por el que fuera presidente, Richard Nixon en 1974, ellos barrieron aquel año en las elecciones del Congreso y se tomó la presidencia en 1976.

Poner en tela de juicio es una herramienta muy poderosa, y su proceso debería ser tratado seriamente. Pero no hay nada serio, o responsable, sobre tomar un remedio constitucional fuera de la mesa, como demasiados demócratas en la ciudad de Washington, D.C. han sugerido hacer. Haríamos bien recordar al Consejero George Mason de aquel Verano de 1787: “No hay algo que sea más importante que el derecho a enjuiciar, el cual debería continuar”. Los fundadores de esta nación no podían anticipar un individuo como Donald J. Trump que ganara la presidencia, cuando ellos crearon el poder de enjuiciar, pero ellos anticipaban una crísis como esta. Y nos dieron las herramientas, como ciudadanos actuando por medio de nuestros representantes electos, para disminuir los impulsos monárquicos de individuos déspotas como el que tenemos en la actualidad.

Colocar a alguien en tela de juicio no es una “crísis constitucional”; en vez de eso, es la cura de una. El fallo en aplicar esa cura, por razones de precaución o de un cálculo partidario, es una forma de una mala práctica política que enfermará a la república, que no solamente los presidentes, sino que también los miembros del Congreso han jurado defender, de lo cual Dios es nuestro testigo.-

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