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¿CÓMO ACERCO A MIS HIJOS A LA LECTURA?

Paola Tapia López

Profesora Educ. General Básica Mención lenguaje
Máster en Investigación de la didáctica de la lengua y la literatura
Doctora en Investigación de la didáctica de la lengua y la literatura

A todos los padres nos encanta que nuestros hijos lean porque sabemos que con los libros no solo se aprende, sino que además se pasa bien. En cambio unos niños devoran libros mientras otros no los quieren ni ver. ¿Por qué? ¿Qué podemos hacer los padres para que nuestros hijos y nuestras hijas disfruten leyendo?

Leer es como cualquier otra destreza. Si no practicas, no lograrás desarrollar el vocabulario, las habilidades y la facilidad. No podrás leer con rapidez.

Leer además es una actividad fundamental para adquirir conocimientos. Los niños que leen bien obtienen mayores éxitos y mejores calificaciones en los estudios.

Los  profesores coincidimos en que tener el hábito de leer es una condición necesaria para aprender con más facilidad. En las aulas nos encontramos con dos grupos de alumnos: aquellos que leen bien y les gusta leer y los que tienen dificultades para leer, no les gusta y, por lo tanto, leen muy poco o incluso nunca. Los padres de estos alumnos reacios a leer acostumbran a pedir ayuda: ¿Qué puedo hacer para que mi hijo lea más?

No es fácil dar soluciones eficaces, a pesar de los años de experiencia  y mucho menos soluciones de las que piden los padres: que tengan éxito inmediato y que exijan poco tiempo y poco esfuerzo.

Sin embargo,  nadie  puede proporcionar un remedio de estas características, entre otras cosas, porque en educación no existen remedios milagrosos cual elixir de curandero. Pero sí ha habido estudiosos de la lectura que se han dedicado a observar el proceso lector de los niños y niñas y a reflexionar sobre este comportamiento para saber qué pasa en los buenos lectores y qué sucede en los que leen poco.

A menudo se oye que la causa principal por la que no leen los jóvenes de hoy en día es la televisión. Puede ser que este cine casero no ayude a promocionar la lectura, ya que es más pasivo que el libro, exige menos esfuerzo mental, es más atractivo para los pequeños, etc. No vamos a insistir aquí sobre los problemas que presenta este dispositivo para la lectura, pero yo quiero apuntar a dos reflexiones: Primero que ya Rousseau, en el siglo XVIII, calificaba la lectura como “el azote de la juventud“, lo que indica que, cuando no había televisión, leer también era una actividad poco atractiva para muchos jóvenes.

En segundo lugar que, a pesar de que siempre se dice que se lee poco, nunca se ha leído tanto como en estos momentos y, a veces, la televisión, aunque parezca mentira, usada racionalmente, puede ayudar a leer. Así, es frecuente que las series televisivas de más audiencia disparen la venta de los libros en los que se basa. Los seres humanos, y por lo tanto los jóvenes y los niños, cuando practicamos una actividad lo hacemos, entre otras, por dos razones: porque la vemos hacer a otros -imitación- y porque tenemos facilidad para realizarla. Como bien ha estudiado el psicólogo Bandura, la imitación de un buen modelo es una de las principales formas de aprendizaje humano. Por eso, cuando hablas con una persona que ha leído desde niño, normalmente dice que su padre, su madre, un abuelo… era un gran lector que, con su ejemplo y cariño, le enseñó a amar la lectura. El niño que no tiene un buen modelo tiene menos probabilidades de ser un entusiasta de la lectura. De la misma manera el que tiene dificultades para entender el lenguaje escrito -porque no tiene buena velocidad lectora, se equivoca al leer, no entiende lo que lee, etc.- tiene menos posibilidades de ser un buen lector. En mis años de experiencia nunca he visto a ningún niño que, no siendo un buen lector y leyendo con gran esfuerzo, le guste y quiera leer.

Conseguir que un niño o adolescente lea por iniciativa propia es uno de los retos más difíciles que tenemos los adultos lectores. Pero también es el objetivo más importante y del que mayor satisfacción podemos lograr. Hay que demostrar que la lectura es una experiencia placentera, aunque a muchos niños les pueda parecer un esfuerzo. Un buen lector es capaz de comprender el sentido profundo del texto y de elegir sus próximas lecturas siguiendo su propio criterio y de leerlas porque tiene ganas de hacerlo. ¿Cómo llegar con nuestros hijos a este punto donde la lectura es motivadora?

En un primer momento, podemos hablar de motivaciones extrínsecas, como animarlo de palabra a que lea, hacer una lista con los libros finalizados, etcétera. Pero el objetivo es llegar a las motivaciones intrínsecas dándole a conocer libros sobre sus propios intereses para que así disfrute de la lectura. Para acertar a la hora de recomendar un libro a un niño, hay que tener en cuenta su nivel de comprensión lectora, sin dejar de explorar niveles ligeramente superiores para proponerle retos asumibles.

Las pautas más sencillas para introducir a los niños en la lectura son las siguientes:

Leer nosotros mismos: los niños, especialmente los más pequeños, aprenden por imitación y, si no ven leer a los adultos, es muy difícil que adquieran el hábito. Da igual si leemos el periódico, novelas o si les leemos a ellos en voz alta. Y cualquier momento es bueno, en la sala de espera del médico, antes de acostarlos… Es especialmente positivo fijar momentos diarios de lectura conjunta.

-Si optamos por leer a nuestros hijos, hay que jugar con las voces, las entonaciones y el énfasis en los diálogos para caracterizar a los personajes. Dar vida al cuento. Así estaremos creando recuerdos memorables en la mente de nuestros hijos.

-Dejar que los niños elijan sus propios libros y si los hemos leído nosotros, comentárselo. Si ellos son los que deciden, seleccionarán libros que, a priori, les interesan más y les será más fácil leer, porque los propios contenidos pueden ser motivadores.

Visitar librerías, bibliotecas y participar en actividades de animación a la lectura.

Asociar la lectura con momentos positivos: regalar libros en cumpleaños, Navidades y otras ocasiones especiales predispone a asociar la lectura a los momentos felices de la infancia.

Felicitar por los logros: cuando es el niño quien lee, hay que hacer que sea consciente de sus avances y felicitarlo por ellos. «ahora respetas las comas, muy bien» o «Ahora lees más rápido» son frases concretas y motivadoras que le demuestran su propia capacidad de aprender.

Que nos vean leer. El ejemplo es, en educación, el argumento más convincente porque posibilita la imitación, animando al niño o la niña a hacer aquello que hace una persona que tiene prestigio para ella como es su padre o su madre. Además, si yo no leo, ¿cómo voy a decir a mi hijo que leer es muy divertido? ¡Si no me ve leer nunca!

Leerle nosotros. Es una práctica fundamental, tal vez la más importante y eficaz. Sobre todo, con los niños que tienen dificultades para leer y les cuesta gran esfuerzo hacerlo, con repeticiones de palabras o de sílabas, sustituyendo unas letras por otras, que les impide entender el mensaje y comunicarse con el libro. Leer así es aburridísimo. Es como leer en un idioma que no comprendes, y no hay persona humana que pueda leer más de dos minutos en un lenguaje que no entiende. Pero al leerles nosotros, comprenden el mensaje, por lo que disfrutan con lo que oyen, están atentos y se dan cuenta de que en aquellas páginas hay historias divertidas que valen la pena. La lectura constante, gratis, como un regalo, sin pedir nada a cambio y con amor del adulto siempre despierta el interés y las ganas de leer a medio y largo plazo.

Contarles cuentos e historias. Es otra actividad que encanta a los niños de estas edades, aumenta el vocabulario y desarrolla la imaginación además de incrementar los lazos afectivos entre padres e hijos. Contar cuentos no es fácil y a veces nos sentimos un poco torpes, pero se puede aprender con un poco de esfuerzo.

Leer con ellos. Cuando el profesor/a nos dice que a nuestro hijo le cuesta leer y debe “practicar” en casa, no lo hará si lo dejamos solo ante el libro en su habitación. En estos momentos necesita nuestra ayuda y nuestro apoyo para que ejercite durante 10 minutos cada día. Leer con ellos supone, por ejemplo, repartirnos la página, llegando a un trato: “Yo leo el primer párrafo y tú el segundo”. Leer con ellos requiere que nuestra actitud sea positiva, nunca crítica con sus errores, porque él se ha de sentir cómodo y, lo más importante, con ganas de leer al día siguiente otra vez. Si tiene dificultades para descifrar una palabra se le dice entera sin más, sin esperar a que él haga un gran esfuerzo de análisis que lo agote. Cuando lea una palabra por otra, por ejemplo, “camino” por “camión”, se le puede decir: “Es verdad, podría decir camino porque empieza igual y se parecen mucho, pero dice camión”, porque es importante justificar siempre sus errores que nunca son voluntarios. Y por último, una regla de oro: siempre un poco menos. Es mucho mejor hacer dos sesiones de cinco minutos que una de quince.

A un lector se le abre todo un mundo de experiencias por las que moverse y con las que disfrutar en función de lo que le guste en cada momento. Para que algo nos guste es necesario que previamente lo conozcamos, y ese conocimiento implica un esfuerzo inicial: por ejemplo, al leer los primeros libros o tocar las primeras escalas en un instrumento. Precisamente cuantos más libros conocemos o más hemos practicado con ese instrumento, más nos deleitamos porque ese conocimiento nos ayuda a disfrutar aún más de lo que nos gusta.

Mover la voluntad de tu hijo hacia la lectura requiere, como todo en educación, que estas técnicas y otras que tú te puedes inventar, las apliques con sentido común y con amor. Sentido común para elegir el momento más adecuado para llevarlas a cabo, respetando sus derechos como lector, y amor para comprender sus intereses, y solidarizarse con sus dificultades.

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3 Comentarios en ¿CÓMO ACERCO A MIS HIJOS A LA LECTURA?

  1. Excelente reflexión, el aprendizaje modelado es fundamental en el desarrollo por el gusto de la lectura en los niños.
    Saludos!

  2. Excelente artículo, me encantó. El proceso de lectura es muy complejo para nuestros hijos. Lo realmente importante es el apoyo que podemos brindarle cada vez que se enfrentar a una lectura. Generalmente pensamos que sólo pueden leer letras, respetar signos de puntuación, etc. Que es importante obviamente pero a su vez y para iniciar el proceso de lectura, es muy importante inculcar en ellos la lectura de imágenes para que así puedan echar a volar su imaginación y de la mano la motivación intrínseca para continuar en este bello proceso de iniciación a la lectura sobre todo ennsis primeros añitos de edad.

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