«Cuántos te han robado la vida sin que tú te percataras de lo que perdías, cuánto se han llevado el dolor inútil, la alegría necia, la codicia ansiosa, la conversación huera, que poco te han dejado de lo tuyo: comprenderás que mueres prematuramente»

Séneca

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COSTURERAS Y COCINERAS

Por Fernando Arriagada Cortés.
Investigador y escritor.

Es lugar común escuchar a las mujeres que, parte de su llamada liberación, consiste en estudiar para obtener un título profesional, emplearse en su especialidad y así ayudar al sustento de su hogar. De paso señalan que “los tiempos han cambiado y ahora no es como antes, en donde se les relegaba a la casa y la crianza de los hijos”.

Al hacer una sencilla revisión de nuestro pasado inmediato, advertimos múltiples formas de cómo las mujeres de antaño, trabajaron para allegar algún dinero a su familia, mediante oficios tradicionales, como los que dan título a esta crónica y a los que podemos agregar otros como lavanderas, amasanderas, parteras, rezadoras, etc.

Las costureras fueron las antepasadas de las ya casi extinguidas modistas y su trabajo consistía en confeccionar ropa sencilla o reparar la usada, como poner botones o cierres, zurcir o hacer el doblez a los pantalones, dar vuelta cuellos de camisa y otras actividades, labores que eran todas pagadas y muy solicitadas, muchas veces trabajando desde su casa  y dando cuenta de su quehacer con un sencillo aviso en la ventana de su domicilio. Otras también trabajaron fabricando ropa con telas rústicas y sencilla confección para trabajadores que se denominaba “pacotilla”.

Las cocineras, trabajo actualmente despreciado por muchas mujeres “modernas y profesionales”, pero que resulta importante como vital, consiste en preparar diversas comidas, especialmente tradicionales, que se aprendían viendo y ayudando a su madre u otra persona que fuera “buena para la cocina” o empleándose desde niña como ayudante de una “maestra”. Este trabajo superó la especialidad y dio surgimiento a las picadas en donde se comía bueno, bonito, barato y abundante. Este trabajo era pagado en dinero y comida. Muchos miran en menos este trabajo, pero basta sacar sencillas cuentas para advertir cuanto pueden ganar con un plato abundante, sabroso y “bien regado”, especialmente cuando la venta es buena y tiene cierta fama.

Al abandonar las mujeres esta profesión y otras parecidas, los hombres han ido asumiendo estos espacios laborales, profesionalizando su trabajo y egresando como modistos o cheff, muy solicitados en sus especialidades. Salir a comer a un buen local es una actividad social preferida por muchos para ocasiones especiales como cumpleaños, aniversarios, fiestas, etc.

Las costureras y cocineras, dos oficios tradicionales, son una clara demostración que muchas mujeres siempre buscaron interesantes maneras de trabajar dignamente y allegar el siempre importante dinero al presupuesto familiar, muchas veces para costear el estudio de sus hijos u otras necesidades personales o de su familia. Varios orgullosos profesionales actuales deberían de reconocer en estos dignos empleos, el dinero conseguido  por su madre o abuela de manera honesta y esforzada. Sería una forma más de asumir nuestras tradiciones e identidad.

1 Comentario en COSTURERAS Y COCINERAS

  1. La historia a través del relato y el recuerdo.
    Lindos relatos grandes recuerdos,

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