La sensatez debe generar cordura y la cordura solventar los avances logrados por la ciudadanía y no retroceder con acciones irracionales.
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De conflictos y democracia

Andrés Cruz Carrasco

Abogado Doctor en Derecho (Universidad de Salamanca) Magister en Filosofía moral Magister en Ciencias Políticas, Seguridad y defensa

En general, son los conflictos los que facilitan las transformaciones que conducen al establecimiento de una institucionalidad más inclusiva. Lamentablemente, la pura buena voluntad de quienes detentan el poder político y económico para abrirse a la consagración de un modelo pluralista ha demostrado ser insuficiente.

 Las élites se resisten a los cambios y es una constante que se criminalice a quienes se movilizan con este objetivo. Son los contextos históricos adversos los que debilitan a quienes centralizan el ejercicio de la autoridad. La paradoja es que las condiciones que han pavimentado la explosión de la violencia han surgido de ellos mismos y su actitud. Es su engendro y tienen que hacerse cargo de él. Estos fenómenos no son espontáneos, nacen como consecuencia de un proceso social. Lo importante es aprovecharlos para generar espacios por una sociedad más integrada.

 Pero el camino de la historia es circunstancial y el resultado de los conflictos políticos no son seguros. No sería la primera vez que la actitud condescendiente hacia sectores más radicalizados terminara sustituyendo una elite por otra de un color diferente, con los mismos vicios.

La candidez y la ingenuidad son grandes enemigas de la sensatez y la prudencia. Los enemigos de la democracia no tienen un solo signo y hay quienes están al asecho de los necios que alucinan con utopías, no vacilando en justificar todo tipo de conducta cruel sólo porque vienen de quienes, por ahora, están junto a ellos en su ficticia trinchera. Toda pretensión de excluir al otro por pensar diferente o tener un origen distinto, socava  las bases de una comunidad verdaderamente pluralista. Si uno se dice un demócrata, más allá del oportunismo retórico de quienes se dicen defenderla, cuando siempre han sido contrarios a ella, apoyando dictaduras, se debe tener la capacidad para resistirse a toda tentación totalitaria.

En un genuino Estado de Derecho deben construirse las condiciones para una mayor participación política en las mismas condiciones para todos, ya que la igualdad no sólo es ante la ley sino que también ante el sistema político. Esto implica eliminar las relaciones extractivas excluyentes, creando la oportunidad para una economía dinámica que no favorezca los monopolios u oligopolios que, hasta el día de hoy, ven como parte de los costos transgredir la débil legislación vigente, cuya infracción le sigue reportando enormes utilidades. Así, en lugar de limitarse sólo a reprimir la protesta social, se lograrán establecer, consolidar y hacer persistir los cimientos de una sociedad genuinamente democrática.  

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