«Enseñar, es enseñar a dudar» Eduardo Galeano

 

 

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DE LA ILUSIÓN DEL “CHILE CAMBIÓ” AL VOTO EN CONTRA

Hace cuatro años el pueblo se movilizó en forma masiva para exigir cambios que permitieran mejorar sus condiciones de vida y superar los graves problemas que los aquejaban. La gota que gatilló el conflicto fue un alza en los pasajes del metro. Los estudiantes reclamaron y como protesta iniciaron evasiones masivas. Señalaron que lo hacían por sus familias. Por aquellos que por distintos motivos no podían salir a protestar. No era sólo el aumento del pasaje, eran muchas otras razones que existían producto del sistema económico que provocaba enormes desigualdades, alta concentración de la riqueza y aumento de la pobreza. Las autoridades del gobierno sólo se preocuparon de descalificar el movimiento, señalando que era una maniobra injustificada de un grupo de extremistas, vándalos y delincuentes.

El día 18 de Octubre, la evasión fue tan masiva, que llevó al metro a suspender sus servicios a media tarde. Miles de personas tuvieron que volver a pie desde sus lugares de trabajo o estudio, recorriendo las calles de Santiago en interminables caminatas. El malestar ciudadano llegaba a su mayor momento. El caceroleo fue intenso en todas partes de la ciudad y grupos más exaltados cortan el tránsito levantando barricadas y queman algunos buses.

Al anochecer, en forma muy sospechosa, un grupo especializado destinado a descalificar y criminalizar el movimiento social, quema simultáneamente siete estaciones del metro y una escala exterior de un edificio ubicado en el sector céntrico.  Se provocan en distintos lugares de la ciudad, barricadas, asaltos a locales comerciales, estaciones del metro y quemas de dos fábricas. El gobierno decreta estado de emergencia y designa a un general a cargo de la seguridad pública. En forma posterior saca los militares a la calle y decreta toque de queda.

El pueblo responde volcándose en forma masiva a las calles tanto en Santiago como en las principales ciudades del país. En Santiago, es la emblemática plaza Baquedano el lugar donde se concentran las manifestaciones. Pese a la violenta represión ejercida por los carabineros, son miles de personas las que expresan su malestar. Carabineros y militares actúan violentamente dejando cientos de heridos, personas mutiladas en sus ojos y fallecidos. Un grupo se enfrenta a carabineros y asalta locales comerciales que deben cerrar. Pese a ello, cada día llegan más personas a concentraciones que copan todo el sector, llegando en un momento a más de dos millones de personas. Esto se replica a nivel de todo el país. Simultáneamente el grupo especializado dispuesto a descalificar y criminalizar la movilización, incendia iglesias, comercios, hotel, teatro y casa universitaria ubicados en el sector de las protestas.

Como ocurre en todo “estallido social”, queda poco clara la conducción del movimiento. Se trata más bien de la expresión masiva de un malestar y rabia contenida frente a las injusticias de un sistema económico que los ha sumido en la pobreza. De a poco se van expresando sus reivindicaciones: Terminar con los problemas de la mala atención en salud y largas esperas en la atención de hospitales. Terminar con el escandaloso sistema de la Isapres y el alto precio de los medicamentos. Solucionar la falta de viviendas dignas. Condonación a los deudores del CAE.  Decretar un salario mínimo de $ 500.000 y de las 40 horas laborales. Establecer un nuevo sistema de seguridad social que termine con el negociado de las AFP. Se reclama por el costo de la vida, con altos precios en los alimentos, en la luz, el agua, el transporte y las comunicaciones. Se plantea el término del impuesto del IVA a los alimentos de primera necesidad, la rebaja del TAG en las autopistas concesionadas, el fin de las zonas de sacrificio, el cuidado del medio ambiente, recuperación del agua y de las riquezas naturales del país, como el cobre y el  litio.

Junto a estas reivindicaciones de orden económico y social para mejorar las condiciones de vida, se expresan también las aspiraciones de una mayor participación ciudadana, el término de las injusticias y los privilegios, el fin a la violencia ejercida a las mujeres, la paridad de género, el reconocimiento de la diversidad, la defensa de los pueblos originarios y la exigencia de respeto y dignidad para todos. Como se está consciente que existen trabas a nivel de la actual constitución para poder solucionar alguna de estas peticiones, se levanta la exigencia de llamar a una Asamblea Constituyente para redactar una Nueva Constitución.

El pueblo había expresado de este modo en forma masiva su malestar y la exigencia de que las cosas cambiaran.  Pero las autoridades de gobierno, del parlamento y los dirigentes políticos hicieron oídos sordos. Sólo les preocupó los actos violentos y la mejor forma de reprimir las movilizaciones. Las medidas de solución para las peticiones en el ámbito económico y social nunca llegaron.

Desde el Congreso surge un acuerdo para confeccionar una Nueva Constitución. En un Plebiscito de entrada, el pueblo se expresó mayoritariamente por el SI a una Nueva Constitución y que ésta fuera redactada íntegramente por personas elegidas especialmente para ello, rechazando la posibilidad que participaran miembros del Congreso.

Fue así como en una elección libre, democrática, paritaria, con escaños reservados para los pueblos originarios y permitiendo la presentación de listas de independientes como una forma de evitar que fueran elegidos sólo los representantes de los mismos desprestigiados partidos políticos de siempre, se procedió a elegir a los 155 miembros que conformarían el Consejo Constituyente.

Frente al resultado de la elección de concejales y la presencia mayoritaria de independientes, nuevos rostros, profesionales jóvenes, académicos, pueblos indígenas  y representantes de organizaciones sociales, la derecha – incluso antes de que se iniciara la discusión – comenzó a desprestigiar a los Concejales y a descalificar el texto que de allí saliera.  A pesar del constante ataque de la derecha y grupos interesados en defender sus privilegios, el Consejo Constitucional, aprobó un texto donde quedaron plasmadas en su gran mayoría las inquietudes y aspiraciones más sentidas por el pueblo y expresadas en las movilizaciones del estallido.

La derecha utilizó mañosamente todos sus recursos, medios de comunicación y redes sociales para una campaña del terror llena de mentiras, noticias falsas y amenazas que evitaran que dicho texto fuera aprobado. Obtuvo que grupos de centro  de la antigua concertación, como “Amarillos” y “Demócratas”, encabezaran una cruzada de “rechazar para mejorar”, logrando finalmente su objetivo con el triunfo de la opción Rechazo en el Plebiscito de salida.

Con el triunfo del rechazo la derecha se apropia del proceso constituyente y en el seno  del  desprestigiado Congreso condicionan a su amaño las normas y procedimientos para redactar el nuevo texto, sepultando definitivamente los importantes y consensuados aportes de la primera redacción presentada por los convencionales. Ahora se establecen márgenes y límites a la discusión, se crea una comisión de expertos para que realicen la redacción del texto y un comité que analizará la pertinencia  de las propuestas presentadas respecto a los bordes y límites previamente establecidos. Se termina con los escaños reservados para los pueblos originarios y se prohíbe la presentación de listas de independientes.    

Bajo estas limitaciones se convoca a la elección de 50 concejeros para que analicen el texto preparado por los expertos. Todo está amarrado y ordenado, para que ahora no existan sorpresas con el resultado. Pero no contentos con eso la derecha levanta una campaña para elegir a estos concejeros nuevamente en una acción llena de mentiras y descalificaciones destinada a crear temor en la población. Logran el triunfo y los partidos de la derecha obtienen la mayoría del Consejo Constituyente. Está finalmente todo dado para que la derecha pase la aplanadora e imponga un texto funcional a sus intereses.

Como era de esperar, el texto que finalmente se entrega para que la ciudadanía se pronuncie en el Plebiscito de salida del próximo 17 de Diciembre, no recoge para nada las aspiraciones e inquietudes del pueblo. Peor aún el nuevo texto es más restrictivo y conservador que la Constitución actual creada en 1980 por la dictadura civil y militar.

El actual proceso constituyente ha sido desvirtuado totalmente. Aquella iniciativa que surgiera como una respuesta al clamor ciudadano expresado en las inmensas movilizaciones del año 2019 y que aspiraba a poder avanzar en mayor democracia, ha sido abortado por la derecha y sus amigos, que no escatimaron recursos con tal de defender sus privilegios. El esfuerzo y sacrificio de un pueblo para obtener mayor libertad y dignidad, ha sido en vano. A cuatro años de las movilizaciones a lo largo de todo el país, el pueblo hasta el momento no ha obtenido nada. Sus reivindicaciones sociales, económicas y políticas chocaron una vez más con la indiferencia de las autoridades, parlamentarios y dirigentes políticos. Los sectores de derecha y empresariales establecieron sus reglas y ganaron.

El pueblo, los estudiantes, las mujeres, jóvenes, profesionales, trabajadores, campesinos deberán seguir esperando. Ahora, sólo queda optar por el rechazo, votando EN CONTRA de este engendro de la derecha y ver más adelante algún mejor momento para abordar nuevamente un proceso constituyente. Los sectores populares tendrán que luchar por sus derechos en una cancha desnivelada. La caldera continuará acumulando presión. Que no se diga después, “que no se le vio venir”.

Luis Enrique Salinas C.

7 de Noviembre de 2023

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