La pandemia que hoy sufre la humanidad, deja en evidencia la vulnerabilidad y debilidades de la raza humana, esto a pesar de la arrogancia con que los "poderosos" y "dueños del mundo", de la economía y del rumbo al que nos lleva el Neo-liberalismo.
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Editorial: Entre el Sino y la Tragedia Griega

Equipo laventanaciudadana.cl

Periodismo ciudadano.

Don Ángel de Saavedra, Duque de Rivas, escribió, en pleno siglo XIX, su inolvidable obra dramática “Don Álvaro o la fuerza del sino”. En ella relata las vicisitudes de un hombre enamorado cuya vida se ve constantemente afectada por una secuencia de fatalidades que le impiden concretar su relación. Es el destino inexorable, el sino, lo que lo persigue sin que él pueda escapar a un camino que le han impuesto los dioses.

Por otro lado, el clásico teatro griego nos ha entregado gran cantidad de dramas en los que se presentan situaciones en las cuales los personajes de la obra vislumbran y anticipan un final fatal de sus vidas pero siguen caminando hacia allá, porfiadamente, sin ser capaces de cambiar su camino. La misma naturaleza nos presenta el caso, por ejemplo, de animales marinos, como las tortugas, que afectados por diversos factores, abandonan el agua y luego avanzan por la arena sin tomar conciencia de que cada paso que dan los aleja de la vida y los acerca a la muerte. 

Entre ambos casos hay diferencias profundas. En el primero, son factores ajenos a la voluntad del individuo los que lo conducen inexorablemente a un final desgraciado, ya que su existencia la manejan las divinidades como si él fuese una simple marioneta. En el otro, el sujeto puede ver lo que lo espera al final de la senda pero, a pesar de ello, sigue marchando tozudamente hacia allá.

Lamentablemente, la vida en las comunidades humanas no es una pasajera obra de teatro.

El “caso Chile” que estamos viviendo, se asemeja mucho más a la tragedia griega que a una realidad que nos haya sido impuesta.

La llamada “explosión social” que reventó hace ciento veinte días, no es un fenómeno ineludible de la naturaleza sino que es la respuesta de una sociedad hartada de abusos, inequidades e injusticias.

Claramente nos han estado engañando cuando han pretendido convencernos de que todo lo sucedido fue algo imprevisto, absolutamente inesperado. Innumerables documentos, estudios, cartas pastorales, etc. que se han conocido durante tres décadas, han coincidido en precisar cada uno de los factores que se acumularon para desencadenar una crisis que, en sus amplios niveles de participación social y también en sus rangos de violencia, sí que fue sorpresiva.

Ciudades fragmentadas; educación de calidad inaccesible para los que no tienen plata; la salud humana considerada como un mercado en el cual se puede lucrar ad eternum; colusiones de precios en perjuicio de millones de consumidores; el hábito desvergonzado de hacer ostentación del lujo; un mundo campesino abandonado y despreciado; castas económicas que se apoderan inicuamente de lo que por definición constituyen bienes nacionales de uso público y que por tanto deben estar al alcance de todos los habitantes; misérrimas pensiones para los adultos mayores; constituyen algunas de las principales llagas que hacen visible las graves enfermedades subsumidas que aquejan un cuerpo enfermo.

Por el momento, todo anticipa que a partir del 8 de marzo las demandas sociales volverán a ocupar el centro del escenario activadas sin duda por la inacción de un Gobierno que se debate entre la incompetencia y la inconciencia.

La crisis generalizada ha ido permeando todas las capas y sectores, en mundo que se mueve entre la protesta y el reclamo popular pacíficos y el temor delas clases dominantes a perder sus privilegios.

El Presidente, increíblemente, ha escogido una opción absolutamente errónea al creer que el encaramiento del problema va por la senda del control del orden público. Si bien es posible que una gran mayoría de los habitantes privilegie la tranquilidad en las calles, la continuidad de sus vidas familiares habituales y rutinarias, el deseo de poder desplazarse a sus lugares de trabajo o a sus locales barriales de compras sin temores ni amenazas, ello será absolutamente imposible de lograr si no se genera al menos una convicción generalizada de que existe la voluntad real y no meramente comunicacional de avanzar hacia una sociedad con rangos básicos de  equidad.

El descrédito que azota a la policía uniformada nos preanuncia su incapacidad de alcanzar un mínimo de autoridad con su presencia en los espacios públicos y privados sin tener que recurrir a la represión y a su secuela de atropello a los derechos de las personas. Su carencia de capacidades operativas propias de una sociedad democrática, ha pasado a constituir un elemento que, en lugar de contribuir a recuperar pisos mínimos de paz social, provoca y exacerba.

Nadie puede negar que el Gobierno definitivamente no tiene voluntad de tocar los intereses de los grupos dominantes. Su último eslogan (“nos queda mucho Chile juntos”) más parece una amenaza que una invitación a la población a integrarse al proceso de construcción de una sociedad más equitativa y solidaria. Una mayoría dentro de las fuerzas políticas que lo respaldan, busca frenar los cambios que el país reclama. Su actitud negativa sin vuelta que traerá consecuencias. Y graves.

Cuando se escriba la historia de nuestra época, todos apuntarán a un gran responsable que, teniendo en sus manos la oportunidad de avanzar hacia una sociedad democrática de derechos,  optó por la defensa de los intereses de los privilegiados.      

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2 Comentarios en Editorial: Entre el Sino y la Tragedia Griega

  1. Una divina Editorial, sí, con letras mayúscula una forma inteligente de razonar y exponer.

  2. Esta tragedia chilena, tan bien expresada en este editorial, se venía desarrollando desde los años 80 y 90. Recuerdo una conversación que mantuve en Lima (en 1996 o 1997), con cinco colegas amigos participantes en HIDRORED (La Red Latinoamericana de Micro Hidroenergía), después de almorzar y camino de regreso a las oficinas de ITDG -una ONG de orígen británico- a nuestro trabajo de análisis anual. Me preguntaron (estábamos en pleno período de jolgorio de los «jaguares»), ¿cómo han hecho en Chile para alcanzar tan notable nivel de desarrollo? y mi respuesta fue la siguiente: No crean lo que leen en la prensa, todo lo que se dice es solo «marketing», son mentiras, un engaño internacionalizado, el modelo neoliberal implantado en dictadura y mantenido en (pseudo)democracia es falaz y no puede funcionar porque va en contra de toda lógica racional y tarde o temprano colapsará. No se olviden de lo que les he dicho, se los recordaré en su momento. Y ese momento ha llegado. Les enviaré un mensaje para recordarles aquella conversación.

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