“Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.” Salvador Allende, 11 de septiembre de 1973.

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Editorial. Preguntas inútiles

Equipo laventanaciudadana.cl

Periodismo ciudadano.

Curiosamente, una cuestión que en forma reiterada se ha ido planteando en reuniones familiares o de amigos es si el problema del cambio climático es más o menos grave que la pandemia del Covid -19. Los argumentos en pro de una u otra tesis son innumerables y, en verdad, las respuestas que se dan terminan siendo tan inútiles como las mismas preguntas. 

La pandemia planetaria que ya ha dejado cientos de miles de muertos en diversos países, ha constituido una catástrofe general, ya que además de su elevado número de víctimas ha afectado profundamente la vida de las comunidades tanto en lo sanitario como en lo económico, lo educacional, lo cultural y lo social en general. Si bien enfermedades de este tipo no hacen distinciones entre países desarrollados y subdesarrollados, entre ricos y pobres, nadie puede negar que son las naciones más atrasadas y los grupos humanos más carenciados y vulnerables los que han sufrido las peores consecuencias de la infección generalizada.

Si las cosas son miradas con la adecuada perspectiva, bien puede concluirse que nos encontramos frente a un suceso grave pero acotado en el tiempo, de tal forma que es perfectamente posible esperar que los avances científicos, la vacunación generalizada, las políticas públicas adoptadas en cada país, logren el control de la expansión del virus y, como ha sucedido en otras oportunidades a través de la historia, la plaga, incluso con sus mutaciones, se transforme en una endemia con la cual humanidad se acostumbre a vivir.

Sin embargo, el fenómeno del cambio climático tiene otras características insoslayables. Se trata de un evento que se ha producido y se sigue produciendo por la determinación deliberada de los propios seres humanos. 

A partir de los inicios de la llamada “revolución industrial” (1760-1840) que significó  en lo básico la introducción en el proceso productivo de los telares y de las máquinas a vapor, se dio comienzo a una fase de mecanización del trabajo y de cambio de las estructuras económicas de la sociedad con una creciente expansión de la producción. Desde ese entonces, la humanidad caminó por un sendero distinto en el cual ya no se producía para satisfacer necesidades de la gente sino simplemente para consumir y desechar en un sucesión interminable de actividad bajo la falaz utopía de que los bienes que la naturaleza nos proporcionaba eran infinitos.  

Desde los fines del siglo XX, las voces de alerta no dejaron de sonar pero los grandes señores del capitalismo hicieron caso omiso de lo que estaba sucediendo. Las guerras por el control y dominio de los combustibles fósiles se fueron repitiendo reiteradamente y mientras los científicos, las universidades y numerosos movimientos sociales denunciaban cómo los gases producidos por la combustión y las concentraciones de metano y óxido nitroso amenazaban la subsistencia misma del planeta, surgían liderazgos como los de Trump que negaban los hechos o como los de Bolsonaro siempre dispuestos a deforestar y destruir el mayor pulmón verde de la Tierra.

En estos días se han reunido 234 expertos procedentes de 66 naciones del mundo en el primer Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) Tras intercambiar experiencias y revisar 14.000 publicaciones sobre la materia, sus conclusiones son devastadoras. 

La videncia visible es clara: Inusitadas olas de calor, lluvias extremas, sequías intensas; hielos polares que se consumen; glaciares que desaparecen;  incendios forestales gigantescos; animales que mueren masivamente. En los últimos 50 años (1970-2020), las temperaturas globales han aumentado más que en ningún otro período similar de la historia. Las concentraciones de metano y óxido nitroso alcanzan niveles sin igual. El aumento de temperatura media del plaeta es de 1,1° en pocos años. El deshielo polar hará subir en 1 mero el nivel de los océanos para 80 años más.

El clima extremo seguirá aumentando llevando a nuestro planeta a estar cada vez más cerca de un punto de no retorno. Todo, sin duda, apunta a indicar que el gran responsable de esta tragedia es el propio género humano. Es indispensable reducir de forma inmediata, rápidamente y a gran escala, las emisiones que provocan el efecto invernadero causado por factores relevantes como son las centrales eléctricas y el automóvil. 

Mientras la Administración Oceánica y Atmosférica (NOAM) ha destacado que el reciente mes de Julio ha sido el más caluroso jamás registrado en la historia del mundo, António Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas, ha sido categórico: “La viabilidad de nuestras sociedades depende de los gobiernos, de las empresas y de los propios ciudadanos”. 

Nosotros, nuestras empresas y nuestro gobierno ¿tendremos una respuesta qué dar?      

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1 Comentario en Editorial. Preguntas inútiles

  1. Sin duda que el calentamiento global es muchísimo más grave que el COVID 19. No lo quieren entender, tanto en los gremios empresariales como en el gobierno. Se sigue deforestando, extendiendo monocultivos, expandiendo ciudades, destruyendo humedales, en fin, todo lo que NO se debe hacer. Debemos seguir insistiendo, de todas maneras.

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