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EL ARTE DE HABLAR SIN DECIR NADA

Qué terrible enfermedad! Hablar y hablar sin decir nada; como si el solo hecho de juntar palabras fuera suficiente para sentirse satisfecho. Y lo preocupante es que esto se está transformando en una epidemia que se extiende a una velocidad vertiginosa en nuestro Chile. Y cosa curiosa y digna de estudio para los epidemiólogos, está atacando especialmente a nuestra elite; y más llamativo aún, los afectados son de todos los colores políticos. Este mal no hace distinción de clase, religión o sexo; se observan síntomas avanzados de esta enfermedad en políticos, altos miembros de la curia, autoridades, académicos, opinólogos, etc… Y según los últimos estudios esta epidemia parece salirse totalmente de control en época de elecciones.

Me preocupé tanto del tema, que recurrí al internet y busque “hablar sin decir nada” y sorpresa! Encontré que sobre este mal hay mucho escrito: consejos para cómo hacerlo; técnicas para ser un experto en este arte; recomendaciones para intervenciones improvisadas y discursos; todas con el mismo objetivo, hablar sin decir nada.

Mi breve incursión por internet me dejó con la triste impresión de que muchos miembros de nuestra elite se han transformado en expertos en este arte y lo exhiben con orgullo. Un breve análisis de las declaraciones o entrevistas de estos últimos meses de algunos miembros de ella me ha permitido distinguir al menos tres categorías; sin perjuicio de los descubrimientos que pudiera hacer un estudio científico y con criterios académicos.

  1. Los que simplemente hablan sin decir nada; en esta categoría encontramos a aquellos que han hecho de este arte una profesión. El solo hecho de ver un cámara o un micrófono les despierta un reflejo compulsivo que los hace hablar; no importa el tema o la ocasión;  no importa que no sepan nada acerca de lo que van a hablar o que realmente no tengan nada que aportar; nada importa; tienen que hablar y nada ni nadie los detendrá; con una sonrisa cinematográfica y una mirada pseudo profunda, juntarán varias palabras, impostarán la voz y dejarán salir una catarata de frases sin contenido; y una vez terminado el esfuerzo partirán en busca de la próxima cámara o micrófono como si se tratara del santo grial. Son fáciles de identificar por ser muy básicos, simples y predecibles. Ejemplos de esto tenemos muchos en nuestra elite, pero quien no deja de sorprenderme por su gran capacidad y permanente espíritu de superación en este tema es nuestro pintoresco MEO.
  2. Los que pontifican; en esta categoría encontramos a aquellos que, como dice el diccionario, exponen opiniones o ideas como si fueran dogmas, y además lo hacen con alarde y suficiencia. Los que se encuentran en esta categoría no dialogan, pontifican; no buscan abrir un debate, pontifican; no comparten sus opiniones con la humildad de quien se sabe igual, pontifican. Esta categoría es más sofisticada y compleja a la vez ya que quienes en ella se encuentran son inteligentes, tienen un sentido de pertenencia a una casta superior, y nos hablan desde el Olimpo (como no pensar en Ignacio Walker como el clásico ejemplo?). Los que pontifican no andan burdamente buscando cámara o micrófonos; esperan la ocasión adecuada (como por ejemplo un tedeum) u otorgan una entrevista en un medio que esté a su altura para dar rienda suelta a su creatividad. A diferencia de la categoría anterior, en esta variante del arte de hablar sin decir nada, el exponente entrega un mensaje en cada intervención, el punto es que si examinamos este mensaje a la luz de su historia y de sus intervenciones pasadas, presentes y las que con seguridad hará en el futuro, observaremos una falta de congruencia, que los deja igualmente en la categoría de los que hablan sin decir nada. Ejemplos lamentables son el caso de aquellos que hoy dictan cátedra acerca de la defensa de la vida y que sin embargo callaron sin complejos cuando se necesitaba su voz para defender la vida de miles de chilenos y chilenas que la perdieron sólo por pensar distinto; y de algunos que desde el púlpito se levantan como grandes defensores del que está por nacer cuando durante años permitieron a través del silencio cómplice el abuso sexual de los ya nacidos al alero de sus instituciones.
  3. Los comediantes; en esta categoría encontramos a aquellos que se han afanado en seguir la tradición impuesta por el tristemente célebre Jose Toribio. Son de una simpleza que me hace mirarlos con cierta benevolencia; permanecen en estado inactivo la mayor parte del tiempo, y cuando salen de su letargo invernal lo hacen para regalarnos alguna frase o comentario para el bronce, digna de los humoristas del festival de Viña. Y lo hacen con pachorra, estoicos, como si estuvieran dictando una clase magistral. Con soltura nos hablan de la homosexualidad, el matrimonio igualitario o los nonatos de 70 años. Grande Jaqueline!

Y qué tienen en común los que se encuentran en estas tres categorías? Todos ellos subestiman nuestra inteligencia y por supuesto que sobrestiman la suya; y además actúan con una soberbia desmedida, como si el sitial en el que se encuentran, y al que muchas veces han llegado con votos de sus conciudadanos, les diera el derecho a hablarnos sin decir nada.

Y qué podemos hacer frente a esto? Como podemos detener esta epidemia? Por fortuna el remedio a esta enfermedad está en nuestras manos y especialmente ahora que se acercan las elecciones municipales.

Votemos y hagámoslo con responsabilidad. Informémonos con mentalidad crítica; analicemos la propuestas de los candidatos y elijamos al que nos represente mejor; identifiquemos los temas que nos interesan a nivel municipal, regional y nacional y escuchemos lo que los candidatos tienen que decir respecto de ellos; y si no dicen nada o lo que dicen son meras vaguedades, cuestionémoslos hasta obtener una respuesta satisfactoria o hasta dejar en evidencia que han sido atacados por esta epidemia y están hablando sin decir nada.

Es nuestra responsabilidad como ciudadanos el participar activamente del proceso eleccionario; es nuestro derecho el tener buenos representantes pero es un derecho que hay que ejercer con seriedad. Hay quienes dicen que los pueblos tienen los representantes que se merecen; si en las próximas elecciones no nos preocupamos por la capacidad de los candidatos, si dejamos que nos hablen sin decir nada, si permitimos que nos pontifiquen sin legitimidad ni fundamentos, si nos conformamos, qué podemos esperar? Sólo mediocridad. Apoyemos sólo a aquellos que tengan propuestas solidas y que tengan respuestas serias a nuestras preguntas.

Luchamos y sacrificamos mucho para recuperar la democracia y votar. Hagamos que nuestro voto cuente de verdad y que haga la diferencia.

 

Maroto, Canadá.

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1 Comentario en EL ARTE DE HABLAR SIN DECIR NADA

  1. Qué maravilla de Comentario, gran aporte!!!
    …nuestros parlamentarios deberían leer este artículo, claro, con el riesgo que no lo entiendan.
    Ahora, me temo que esta “epidemia”, se asocia también, a un generalizado deterioro intelectual que se pretende simular con palabrería.

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