El Neoliberalismo, ante tragedias medio ambientales, prefiere cerrar colegios y no las empresas que contaminan, en definitiva, el Neoliberalismo valora más al empresariado que los niños, los colegios y la ciudadanía… Y, nosotros qué hacemos?
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El cuento del tío

Desde los albores de nuestra independencia, ha estado presente en la vida de la República el permanente conflicto entre el centralismo absorbente representado por la ciudad-capital y el famélico desarrollo de las regiones del resto del territorio nacional.

Un vistazo a vuelo de pájaro permite constatar como el país ha hecho ingentes esfuerzos por alcanzar un crecimiento armónico, todos los cuales se han traducido en cambios lampedusianos que se han consagrado graciosamente en diversas iniciativas legales aprobadas con el propósito encubierto de que, en último término, todo siga igual que antes.

Los proyectos federalistas del siglo XIX, la ley de comuna autónoma, las asambleas provinciales establecidas en la Constitución de 1925 (y que una ley interpretativa sustituyó “transitoriamente” por la voluntad de los Intendentes provinciales, funcionarios de confianza del Presidente de la República), la creación de los Gobiernos Regionales con su corte de Secretarios Regionales Ministeriales, son algunos de los hitos más señeros de un proceso que en la línea gruesa de la historia no ha servido casi en nada para cambiar el rumbo del país.

En cada elección presidencial, los postulantes nos entregan una serie de propuestas regionalizadoras y hacen como que están profundamente comprometidos con ellas y los ciudadanos votan por los candidatos haciendo como que les creen. Sería interesante hacer una pequeña investigación para determinar cuántos documentos se han firmado en las diversas plazas del país tanto por los presidenciables como por los aspirantes a parlamentarios, para poder precisar cuánto nos han engañado. Paralelamente, se han ido creando más y más regiones en un proceso de pirquineo político-administrativo de nunca acabar.

Si se desea despejar las causas de esta realidad, es evidente que las regiones carecen de una sociedad civil organizada, empoderada y, consecuencialmente participativa. Una cifra significativa de sus representantes (parlamentarios) es de origen capitalino (con todo lo que ello significa) y los que son provincianos, tan pronto alcanzan el cargo se radican en la capital. Si a ello se suma la constatación de que prácticamente no hay en el país prensa regional autónoma sino que meras sucursales o agencias de los grandes medios de comunicación, las consecuencias son fácilmente deducibles.

Miradas las cosas desde el ángulo contrario, puede constarse que el “poder central” no está dispuesto a ceder espacios de autoridad y, por consiguiente, solo delegará funciones pero jamás cederá atribuciones que impliquen autonomía y poder de decisión. Para este efecto, mantendrá el control absoluto de los recursos financieros. El ejemplo de la asignación de recursos al FNDR de la Región del Bío Bío (con el silencio cómplice de la autoridad regional) lo dice todo.

En 2020, deberán elegirse democráticamente por primera vez los nuevos Gobernadores Regionales de acuerdo a lo establecido en la ley 21.073. Paralelamente, existirá el cargo de “delegado presidencial regional” de confianza exclusiva del Presidente, personero que, de hecho, mantendrá prácticamente la totalidad de las atribuciones con que cuentan los actuales Intendentes, transformando al Gobernador electo por la ciudadanía en una figura meramente decorativa como es fácil de prever.

El pasado 16 de febrero el Ejecutivo dio a conocer la lista de las competencias que serán transferidas a los Gobiernos Regionales en las áreas de Vivienda y Urbanismo; Transporte y Telecomunicaciones; Economía, Fomento y Turismo; y Desarrollo Social. La nómina es francamente risible. Elaboración de “anteproyectos” de planos reguladores, designación de comisiones, priorización de subsidios al transporte rural, restricciones de circulación vehicular, determinar número de plantas de revisión técnica, coordinar las tareas de tránsito, etc. La senadora y actual presidenta de la UDI Jacqueline van Rysselberghe, claramente crítica a la elección popular de los Gobernadores Regionales señaló que el rol de éstos será “dañino para las regiones” precisando que es bueno que se transfieran pocas atribuciones “para hacer menor el daño”. El senador Ossandón (RN) fue más categórico y calificó la propuesta como “bastante insignificante”. Ignacio IrarrázavaL, del Centro de Políticas Públicas de la PUC, plantel bastante afín a la actual coalición gobernante, señaló que las nuevas autoridades serán simples “voceros de las demandas regionales” ante el poder central.

El académico Mario Waissbluth, del Centro de Sistemas Públicos de la Universidad de Chile, recordó algunos de los puntos contemplados en el programa de Piñera II en esta materia:

  • El 100% de recursos del FNDR serán entregados a las regiones en la ley de presupuestos;
  • Se realizará catastro de competencias del Gobierno Central. El traspaso de competencias deberá ir acompañado de recursos y capital humano capacitado;
  • Se crearán áreas y gobiernos metropolitanos;
  • Se generarán incentivos para atraer, retener y desarrollar capital humano en las regiones;
  • Se implementará la Alta Dirección Pública a nivel regional y comunal lo que facilitará la selección de personal de excelencia;
  • Se establecerán incentivos tributarios para quienes realicen donativos para el desarrollo regional.

El académico cierra su análisis precisando que de las 1.000 personas más influyentes de Chile, el 90% vive en 5 comunas de la capital. Sobran los comentarios.

Como se puede ver, en materia de descentralización y regionalización todo queda reducido a palabras, palabras y palabras.

El anhelo de muchos, en cuanto a que Chile sea gobernado con una visión de país, por un estadista capaz de torcer el rumbo del proceso concentrador, está muy lejos de realizarse. Las elites capitalinas nos seguirán engañando y los provincianos nos dejaremos engañar.

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1 Comentario en El cuento del tío

  1. ¡Qué bueno el análisis! Promesas huecas de los capitalinos para engatusar a los ‘provincianos’, como nos denominan los santiaguinos. Resultados: regionalización y transferencia de decisiones en planificación y usos de los dinerillos igual .CERO. Para conocer desde cuándo se viene clamando porque dejen de robarnos desde los capital, pedía remontarnos a la época de los partidos regionalistas, de los que destacó el de Magallanes. Posteriormente, la notable visión de Claudio Lapostol M. y la creación de CORBIOBIO y CORCHILE generaron una ilusión y prendieron una luz de esperanza. Lamentablemente los estudios hechos y las estadísticas del daño de alto costo que le provoca el centralismo a Chile, han caído en saco roto.

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