La ciudadanía no puede permitir que lleguen al gobierno, los que se coluden contra sus intereses.
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El desamor

Como quien dice
la historia ha terminado.
El barco del amor se ha estrellado
contra la vida cotidiana
Y estamos a mano
tú y yo.
Vladimir Maiakovski

El desamor.

María y José se conocieron un día de sol. Se atrajeron casi al mismo tiempo de conocerse y de ahí a gustarse, hubo sólo un paso. Comenzaron a salir, a ir al cine, a caminar, a tomar un café. Se contaron del uno y del otro, quienes eran, sus vidas, su infancia, sus familias. Se miran a los ojos y se sonrojan; siguen conversando por inercia y alguien toma la mano ajena, que se siente viva y anhelante. Te quiero, se dicen y como en la canción, sellaron todo con un beso. A contar de ese día, el espacio íntimo es su hábitat, lugar al que nada más acceden ellos con su deseo, maravillados por este ser que se les presentó cuando menos lo esperaban. Piensan mutuamente en ellos mismos todo el día, en sus facciones, sus palabras, gestos, en el sexo. Se buscan hambrientos y una noche ella le dice, Por qué no te quedas, en lo que será el inicio de una vida en común.

Luego de un tiempo de conocerse en el vivir juntos, sabedores de que el enamoramiento ya había dado paso a un cariño más terrenal, deciden casarse, felices de lo que tienen. Van al registro civil y firman al pie de página con sendos testigos que se emocionan hasta las lágrimas.  Luego, hay fiesta   y arman la casa, mucho regalo y la vida por delante;  trabajo duro, pasarlo bien, viaje a lugares de ensueño y de pronto le dice María a José, Estoy embarazada. Se abrazan ilusionados y al tiempo nace Alondra, igual a su madre, sanita, que es lo principal. La vida de a tres es otra vida; ahora hay día del padre y de la madre, obligaciones escolares, los besos van sabiendo distintos, pero no tanto, ella es guapa y él varonil, se buscan cuando pueden, bajo las sábanas el cariño orgasmo da sus frutos. José, le dice María a su marido, Estoy embarazada otra vez; cuando Alondra aún no ha dejado los pañales.  Felicidad total, nueva vida, satisfacción en el resto de la familia -que no se mete- y a los nueve meses van todos a conocer a Almendra, que nace de término. Igual al papá.

Matrimonio con dos hijas.

José trabaja todo el día, María también. Las niñas van creciendo, el tiempo pasa demasiado rápido, el auto se les hace chico, la casa igual; cambian el auto, compran otra casa. Alguien comienza a cansarse, a sentirse solo, a extrañar otros momentos; Tenemos que conversar, le dice María a José y él no entiende a qué se refiere, si está todo bien. María lo deja pasar insatisfecha, va juntando un poquito de rabia por aquí, otro poquito por allá, José agobiado por el rechazo, no ve la necesidad que descorazona a su mujer, necesidad de compañero, de ese de antes pero ahora, cariñoso en el tráfago, no me entiendes, estoy ahogada. A decir de María, José tiene excelente voluntad  pero no sabe conversar y se encierra en su ceguera, que termina por exasperarla, meses de desencuentros, años quizás, todo frágil entre ellos, ha habido intentos, chispazos de complicidad, pero pareciera que cada cual quiere otra cosa y María lo tiene más claro, le dice un día mientras las niñas juegan en el patio: Me quiero separar.

Lo que viene después es agotador. Una serie de discusiones ciegas, sordas y mudas que se dirigen estériles casi a diario a una calle sin salida, que pese a tener un inconfundible cartel de CALLE SIN SALIDA, María y José insisten en tomar ese camino, que es desvío a ninguna parte. Quiero que te vayas, le dice ella a él; esta es mi casa, le dice él a ella. Y pueden estar en eso un buen rato, hasta que María no aguanta más y toma sus cosas,  a las niñas y se larga de ahí, dejando a José sin más argumento que un hoyo en el estómago.

María, como puede, busca un lugar para vivir con sus hijas, un lugar donde dé el sol y estén tranquilas las tres, sobretodo la mamá. María tiene claro que la cosa con José no va más, pero tiene muy claro también que José es el papá de Alondra y Almendra y en ese sentido, da todas las facilidades para que vea a las niñas, mal que mal, ellas no tienen ninguna culpa y de verdad que José es un gran papá. Entonces, se presenta José el sábado a mediodía a buscar a sus hijas. María las tiene listas, peinadas y con mochila: pórtense bien con el papá, les dice, besándolas en la frente.  José las lleva al parque, comen helado, ven una película; luego a la casa, jugar y pijama. En la noche les pregunta el papá a las niñas cómo están, cómo está la mamá, tiene algún amigo nuevo, que hace en el día, a qué hora llega a la casa, las deja mucho tiempo solas, las reta más que antes, las ha castigado; pregunta José desde el hoyo que le quedó en el estómago. Las niñas, responden como niñas y le cuentan a José del tío Pedro, que desde ellas no tiene nada de malo, pero desde José es una segunda traición; se le hincha una vena y aprieta los dientes, para seguir preguntando, salida tras salida, sábado tras sábado, lo mismo, hasta que las niñas confundidas y cansadas, empiezan a imaginar respuestas y a ver cosas donde no las hay. Como falsas memorias, se les conoce entre quienes han estudiado el fenómeno.

Ahora, José tiene un argumento para ir en contra de lo que nunca entendió, para castigar a María por haberlo abandonado, para hacerle pagar su deslealtad; el meterse con otro y preferir su felicidad en lugar de pensar en la familia. Las niñas se lo dijeron: la mamá nos deja solas para estar con el tío Pedro, el tío Pedro es mañoso, la mamá llora cuando está sola y nos reta. Sus hijas se lo contaron y los niños no mienten.

Pero los niños se angustian y se culpabilizan por la separación de los padres y son capaces de decir cosas que no son verdad, por ver contento a uno de ellos o a ambos, si es posible; por tenerlos juntos nuevamente, por sentir la presencia protectora de los dos y su incondicionalidad en el amor. Los niños son capaces de eso y más,  ante el miedo de que el papá los deje de querer o que la mamá esté triste por su culpa.

José ve sufrir a Alondra y Almendra y desde el hoyo en el estómago, se dirige al Tribunal a decir que sus hijas están siendo expuestas a modelos de crianza inadecuados, que la mamá es negligente, que antepone su felicidad al bienestar de las niñas y que lleva hombres a la casa; que sus hijas están gravemente vulneradas en sus derechos.

¡Ay, José!, ¿Qué hiciste?  Pregunta María, cuando lee la denuncia y  ya es demasiado tarde para dar pie atrás.

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Pregunta 1: ¿Qué le pasó a estos dos?
Pregunta 2: ¿Qué le pasa cada uno por separado?
Pregunta 3: ¿Qué le pasa a usted?
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Yerko Strika, psicólogo.

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1 Comentario en El desamor

  1. Hummm Profundas preguntas…
    A mí me pasa que creo, es el resultado del individualismo y de la falta de valores: sinceridad, honestidad, claridad.
    Presión social!!!!

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