«Cuántos te han robado la vida sin que tú te percataras de lo que perdías, cuánto se han llevado el dolor inútil, la alegría necia, la codicia ansiosa, la conversación huera, que poco te han dejado de lo tuyo: comprenderás que mueres prematuramente»

Séneca

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El kiosco y una época que se resiste a morir

Danny Gonzalo Monsálvez Araneda

Doctor en Historia. Universidad de Concepción.

En otros momentos hemos señalado que el neoliberalismo, ya sea como sistema económico o modelo cultural ha intervenido, atomizado y desarticulado varios de los tradicionales espacios de sociabilidad que existían. Los cines han desaparecido o más bien han sido centralizados en los Mall, las plazas y plazoleta sobreviven como pueden, de las galerías casi nadie se acuerda. El Mall, ese templo del consumo, ha terminado por asestar un duro golpe a todos estos espacios de encuentro, recreo y ocio. Sin embargo, aún quedan algunas expresiones de esa cultura del encuentro y el diálogo, en el cual el celular o tablet no es lo principal o las redes sociales la razón de ser. Nos estamos refiriendo a los kioscos de diarios y revistas.

En otros países, recuerdo Buenos Aires y Barcelona, por ejemplo los kioscos son una de las mejores tribunas y vitrinas para observar el acontecer de los países, no solo por la variopinta cantidad de revistas y diarios que existen, algo de lo cual carecemos en Chile, es decir, de pluralidad de voces, sino también por el nivel de información que domina el dueño del kiosco o los que circulan a su alrededor y se acercan para intercambiar opiniones.

Acá en Chile, y por supuesto en Concepción, son cada día menos los kioscos que existen. La irrupción del Internet ha mermado la circulación de la prensa escrita y con ello su venta. Lo anterior no va necesariamente de la mano con un mayor nivel cultural, conocimiento o dominio de los temas, por el contrario, parece que ha mayor acceso a la información a través de internet y redes sociales, se acrecienta el analfabetismo entre la población. Es que una cosa es leer con la respectiva y necesaria crítica y otra leer sin saber lo que se lee, peor aún, no entender nada; de ahí entonces la masificación o reproducción de los analfabetos funcionales (al sistema).

Por eso el kiosco era o es tan importante, ya que en ese lugar, que va más allá de lo físico se da toda una cultura que representa una época marcada por el diálogo y el encuentro entre personas, el intercambio de opiniones entre los allí presentes. Al kiosco no se iba solamente a comprar diarios o revistas, también se aprovechaba de conversar e intercambiar experiencia de vida, recuerdos, añoranzas o simplemente aprovechar para encontrarse con los amigos o los viejos conocidos de infancia, trabajo, pueblo/ciudad.

De esta forma los  kioscos se han convertido en los últimos refugios o bastiones de resistencia ante la hegemonía neoliberal. Algunos permanecen el tiempo a muy mal traer y malolientes, otros vendiendo lo justo y necesario para sobrevivir y no faltan los que se han reinventado para hacer frente a las “bondades” de un sistema en el cual los mejor sería que los kioscos fueran despareciendo o convertidos a su mínima expresión.

En consecuencia, lo cierto es que más allá de las dificultades, penurias y sobresaltos, los kioscos de revistas y diarios, vienen a constituir ese espacio imaginado y simbólico que busca concatenar lo mejor de una época que se resiste a morir, en la cual los ciudadanos se encuentran para dialogan personalmente, se miran a la cara, se estrechan en un abrazo, se dan la mano, evocan, se emocionar, ríen y sobre todo dan vida a una sociabilidad la cual se convierte en el mejor escudo o resistencia ante la cultura del neoliberalismo.

2 Comentarios en El kiosco y una época que se resiste a morir

  1. A veces la estupidez no tiene límites, es el capitalismo el que le dio vida a toda la industria editorial para los kioskos, hoy es reemplazada por estos mismos medios. Culpar al neoliberalismo de los cabios del progreso, es querer seguir con la carreta a bueyes porque me gustaba más.

  2. Último refugio de una sociedad rica en comunicaciones y relaciones humanas, hoy ya es una sola «Rememoraza»

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