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EN LA RECTA FINAL DE LAS ELECCIONES

Al mirar las próximas elecciones no debemos olvidar el contexto que enmarca todo el proceso político chileno de estos años. Estamos frente a un escenario con enormes dificultades y limitaciones para el pueblo, la clase trabajadora y las posiciones de izquierda en general  en todo el mundo, por el creciente predominio del gran capital monopólico financiero internacional que campea a nivel global.

A partir de la caída de la dictadura cívico militar de la derecha, ésta ha intentado recuperar el manejo del gobierno en innumerables oportunidades en todos los procesos eleccionarios que se han realizado, teniendo como base ese 40 % de votación dura que permanece casi inalterable desde el tiempo del Plebiscito, cuando sus seguidores votaron por el “SI” a que Pinochet continuara gobernando el país por 8 años más.

Los sectores democráticos no han podido hasta el momento hacer reducir ese porcentaje, incluso perdieron en una ocasión las elecciones cuando Sebastián Piñera obtuvo el gobierno el 2009. La derecha sabe que cuenta con esos testarudos incondicionales, quienes a pesar de los errores, mentiras, escándalos y denuncias de robos y negociados, siempre al final terminarán votando por ellos.

La derecha gana en el terreno de las ideas

Es allí donde radica la mayor debilidad de los sectores progresistas y de izquierda. Han perdido en estos años, la batalla ideológica con la derecha. No han podido derrotar la lógica marcada a sangre y fuego durante la dictadura. La derecha es la que ha impuesto su pensamiento y sus valores que inundan hoy día toda la sociedad. Los sectores populares, los trabajadores y sus organizaciones navegan contra la corriente en un Chile donde la derecha pone las reglas del juego.

La derecha y los grandes grupos económicos han instituido el reino del capital y del mercado. Han establecido el individualismo, la competencia, el consumo y el dinero como norma de vida. Todo está permitido para lograr el éxito económico. No importa cómo y a costa de qué uno se puede enriquecer lo más rápido y fácil posible. Manteniendo bajos salarios e impidiendo la organización de los trabajadores. Haciendo negocio con los fondos de las cotizaciones de los trabajadores y entregándoles pensiones de miseria. Coludiéndose en los precios de productos de primera necesidad. Utilizando mecanismo para sacar recursos del estado e inventando licitaciones truchas. Pasándole generosamente plata para sus campañas a los que toman las decisiones políticas. Defraudando al Estado y no pagando impuestos.

Todos se sienten liberados para hacer lo mismo. Se verá como desviar los ingresos del cobre destinados a las fuerzas armadas.  Formas de fraude con los fondos de carabineros. Enriquecerse ilícitamente con los dineros del fútbol. Buscar fórmulas fraudulentas para financiar a los partidos. Financiar  ilícitamente a los amigos y hasta los Bomberos. Todo está permitido. Ahora todo vale. No existe la filantropía, el trabajo desinteresado por una causa, las acciones voluntarias. Ahora todo tiene su precio, primero se pregunta ¿cuánto cuesta? y ¿cómo vamos ahí?

Cambiaron al Chile que se había por años construido

La derecha con la veneración a su sistema económico imperante y la elevación a los altares de la ciencia económica como verdad absoluta e indiscutible,  ha trastocado los valores y la moral que antes existía en el país. La solidaridad, el compartir, el compañerismo son cosas del pasado. Se ha desprestigiado sistemáticamente la organización, descalificado la participación y demonizado a la política y a los partidos políticos, provocando un progresivo alejamiento de los trabajadores y el pueblo de sus organizaciones gremiales, sociales y políticas. El sentir de la gente se escucha ahora en base a “encuestas” y a las campañas mediáticas que la propia derecha orquesta desde su férreo control de los medios de comunicación.

Los partidos que representaban a los sectores populares, han sucumbido también frente a esta avalancha y peor aún han caído en el juego y las trampas que pone la derecha. En el último tiempo, las evidencias de la perversa relación entre la política y el dinero y la colusión de los grandes empresarios con los partidos de todos los signos, para defender sus intereses, generó un justificado malestar y desconfianza a nivel de toda la ciudadanía.

La arremetida para impedir cualquier reforma

En las elecciones pasadas, la gastada fórmula de administración del gobierno por parte de los partidos de la Concertación, fue puesta en juego. Renovados y esperanzadores aires surgieron durante la campaña de Michelle Bachelet y con la incorporación de nuevos sectores que permitieron constituir la “Nueva Mayoría”.

La derecha fuertemente derrotada en las urnas, ante el peligro de los anuncios del programa del nuevo Gobierno se puso en campaña desde el primer día para recuperar el poder. El país  fue testigo de la prepotencia y las mayores descalificaciones contra el gobierno. La crítica desmedida y mal intencionada contra la Presidenta. El ataque inmisericorde contra las iniciativas de reformas que se pretendían impulsar, aunque estas fueran pequeñas y limitadas.

Desgraciadamente, hay que reconocer que la derecha contó también con el apoyo de varios aliados internos que se prestaron a su juego y cuestionaron, tramitaron o pusieron “palitos” a las Reformas propuestas. Muchos de esos sectores que se sentían más cómodos con el tranquilo pasar de la vieja Concertación que no le acarreaba mayores problemas y sobresaltos a la derecha. Es en estas condiciones que se llega a enfrentar las próximas elecciones.

La importancia de llamar a votar

El mayor problema es sin duda el de la abstención. Con el panorama ya descrito, se han creado las condiciones para que la gente no esté motivada a participar en las elecciones. La existencia legal ahora del voto voluntario ayuda a que las personas encuentren diversas escusas para no ir a votar.

Un padrón electoral que luego de la inscripción automática, no ha podido hasta ahora ser depurado, incluyendo votantes  que probablemente no existan (personas fallecidas, desaparecidas, residentes en el exterior o con edades que superan los 100 años, etc.), hace aumentar el universo de posibles votantes y por lo tanto, aumentar también artificialmente la cifras de abstención. Pero esto no invalida un hecho que es real: muchos sectores no tienen mayor interés por ir a votar. Y esto lo incentiva y promueve la derecha que entiende que entre menos personas voten, mayor es su posibilidad de triunfar.

Es por eso, que la primera tarea de los sectores de izquierda y democráticos es llamar a todos a ejercer su derecho ciudadano. A pronunciarse y comprometerse con su voto en los destinos del país.

Este fenómeno de la posible mayor abstención y la presentación finalmente de ocho diferentes candidatos a la presidencia, hacen muy difícil que alguno de ellos logre triunfar en una primera vuelta y todos consideran que será necesario resolver la designación en una segunda votación en el mes de diciembre. Allí es también muy importante que el pueblo se manifieste en forma masiva con su voto.

Los candidatos de la derecha

La derecha ha levantado a Sebastián Piñera como su potente candidato, a pesar de todas las críticas y problemas que éste tiene y de la mala experiencia de su gobierno anterior. Pero total, su gente le perdona todo. El otro candidato de ese sector, Kast es más bien de carácter testimonial de los principios más conservadores y no les representa mayor peligro.

La derecha, manipulando las encuestas que sus conocidos controlan, trata de dictar normas para el comportamiento ciudadano. Obviamente, en estos sondeos Piñera siempre gana. Mientras baja o sube el porcentaje de los otros candidatos de acuerdo a sus intereses para lograr tratar de influir en la decisión electoral de la gente.

Que no les pase lo mismo que en las últimas elecciones municipales. Según sus encuestas la Presidenta y la Nueva Mayoría no tenían más de un 12 % de apoyo y en las elecciones las cifras reales señalaron que los candidatos a concejales de la nueva mayoría sacaron el 47 %.

No obstante, el asunto de las encuestas con sus porcentajes más o porcentajes menos, se debe reconocer que la campaña de la derecha de permanente  desprestigio al gobierno y los “políticos” ha calado hondo en gran parte de la ciudadanía, quienes carentes de una adecuada formación cívica, son presas fáciles de caer en su campaña de “salvar a Chile”.

La necesidad de la continuidad de las reformas iniciadas

La Nueva Mayoría enfrenta ahora dividida las elecciones, dado la aventura de Carolina Goic, levantada en un obscuro manejo del ala más de derecha de la Democracia Cristiana, que sacó a relucir en estos últimos años sus anhelos del “camino propio” y el anti comunismo. Así, la candidata es forzada a llevar una campaña que ni ella misma se la cree.  Entregarle su apoyo no tiene mayor relevancia y es sin duda un traspié para los sectores progresistas, quienes deberían haber estado juntos en esta batalla electoral.

Los otros partidos y sectores de la Nueva Mayoría, tienen su apuesta en Alejandro Guiller, quien representa la mejor alternativa para enfrentar a la derecha en sus deseos de volver al Gobierno. Para algunos no es el candidato con mayor fuerza y que a pesar de su carácter de independiente, trae como mochila a ciertos partidos y dirigentes que no han estado a la altura de las circunstancias en estos años. Muchos recuerdan y temen al viejo apelativo del “cucharón” radical y en este último tiempo los personeros del PS y el PPD que lo han hecho bien parecido. En ese contexto el apoyo del PC e independientes pueden significar importantes aportes y garantías al proceso.

Pero Alejandro Guiller tiene un pasado impecable. Como actual senador ha demostrado su capacidad de trabajo, seriedad, honestidad y es de los que tienen sus manos limpias de negocios y “aportes” de los grandes empresarios. Mostró un leal comportamiento de respaldo y apoyo a las iniciativas presentadas por el actual Gobierno y tiene por lo tanto, la autoridad moral para plantearse en la perspectiva de continuar y mejorar el proceso transformador iniciado por la Presidenta Bachelet.

Por eso ahora el próximo 19 de Noviembre, el pueblo no puede equivocarse. La opción es sólo una. El voto debe ser para Alejandro Guiller.

Como se han dado las cosas, su campaña deberá pasar probablemente por una decisión en segunda vuelta. Allí es muy importante recomponer la alianza de centro izquierda y sumar al máximo de voluntades para enfrentar de la mejor forma al candidato de la derecha.

La apuesta del Frente Amplio

El conglomerado de mini grupos de izquierda agrupados en el Frente Amplio, lleva de candidata a Beatriz Sanchez, cumpliendo como en oportunidades anteriores, el rol más cuestionador y principista respecto a la situación del país y asumiendo el viejo discurso del “duopolio”, que poco ayuda a la comprensión de la real situación del país y a diferenciar a los sectores progresistas y democráticos del enemigo principal que es la derecha.

Las propias particularidades de cada uno de los grupos presentes en el Frente Amplio, la diversidad de intereses y egos personales, impiden por el momento a su candidata plantearse como una real alternativa con capacidad de gobierno. Si bien es interesante el que pudiesen lograr asumir el déficit demostrado por la izquierda de la Nueva Mayoría, de organizar y apoyarse desde la base en el movimiento de los sectores populares, al levantarse como alternativa y competencia con el candidato de la Nueva Mayoría, finalmente terminan en la práctica ayudando al candidato de la derecha.  Por ello, sin duda sus  adherentes juegan un rol importante en la segunda vuelta electoral.

Los otros candidatos

Como en todas las elecciones no faltan los sectores personalistas y disidentes, que se permiten aventuras con poco futuro, pero que hacen desperdiciar votos al estilo “cura de Catapilco”. Tal es el caso del reincidente MEO, demagogo, oportunista y que hace oídos sordos a los escándalos y fraudes de dineros que lo afecta. El otro, es el senador Navarro, especialista en armar y desarmar grupos de acuerdo a sus propias necesidades e intereses. Caso especial es Artés, quien sólo se representa a si mismo en una cruzada de ideales y utopías.

Preparar una gran alianza

EL consolidar un amplio grupo de apoyo a Alejandro Guiller para la segunda vuelta, es determinante para el futuro y el éxito de un próximo gobierno. No se puede repetir la triste experiencia de la actual Presidenta.  Hay que tener muy presente que la derecha, como lo hizo con la Presidenta Bachelet, no se va a quedar tranquila ante la amenaza de nuevas reformas, y para poder enfrentarla con posibilidades de éxito se tendrá que dar una dura y unitaria pelea que involucre a todos los sectores que estén por los cambios. En esa lucha nadie sobra y todos son importantes.

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