El desarrollo de la nación debe estar presidido por el respeto al Medio Ambiente.
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¿Es Donald J. Trump Un Fascista O Un Plutócrata?

Guilmo Barrio Salazar, desde Georgia, E.U.A..

Verdaderamente, es muy fuerte el intento de llamar al nuevo presidente de los EE.UU. un fascista.  Su forma de mostrarse como un matón, su mirada ceñuda, y su quijada sobresaliente, nos traen  a la memoria la forma teatral absurda que tenía Benito Mussolini.  Sus dramáticas llegadas en los aviones en que viaja, que es una táctica de relaciones públicas aprendida de Adolfo Hitler, y sus diálogos excitantes con la gente que comienzan a gritar cuando lo ven: “¡U.S.A.!  ¡U.S.A.!”, es  lo que realmente se asemeja mucho a las reuniones nazis de los años 1930’s.  En la mayoría de sus estampidos discursivos, Trump tiene la costumbre de deplorar la declinación nacional, culpando a los extranjeros y hablando pestes de los grupos minoritarios en este país, despreciando las normas legales, consintiendo la violencia contra los disidentes, y rechazando todo lo que tenga que ver con internacionalismo, ya sean tratados de comercio, o instituciones u organismos con los que se tengan acuerdos.  Todo esto, eran procederes  fascistas.

Pero, a pesar de todo, debemos tener cuidado antes de aplicar esta etiqueta política tan tóxica a Donald J. Trump.  Este término se justifica solamente si engrandece o clarifica su comprensión.  Los movimientos fascistas originales, debemos recordar, estaban respondiendo a las emergencias de aquel entonces, que eran diferentes a las que estamos viviendo en la actualidad.  En aquella época, se trataba de gente que había sido vencida o de alguna forma humillada en la Primera Guerra Mundial.  Los primeros fascistas prometieron superar la debilidad nacional fortaleciendo el Estado,  y  subordinando los intereses individuales.  De hecho, los fascistas reclamaban ser la única fuerza capaz de bloquear la revolución bolchevique, y recuperar aquellos territorios que habían sido rendidos durante la guerra.

En un paso fatal, los líderes moderados y conservadores en Italia y en Alemania, decidieron optar por el fascismo en vez de reprimirlo.  Ellos pensaron que podrían apropiarse de la energía y la disciplina de las masas fascistas, mientras ellos se mantuvieran en el poder.  Y, con sus habilidades políticas superiores y la experiencia, ellos podrían controlarlos.

Como ya lo sabemos, las cosas se dieron de forma  muy diferente. Lo que es menos obvio es que una vez que los conservadores tomaron el poder, los fascistas actuaron de una manera muy contraria a lo que estamos viendo en la actualidad con Trump y sus aliados republicanos en el Congreso.  Mussolini y Hitler no tenían la intención de dejar los campos económicos, sociales, o los medio ambientales, a unas fuerzas fuera de su control. Tampoco pensaron que la población debería estar unificada sin una fuerza estatal que la controlara.  El símbolo de Mussolini, las fasces, (de donde se origina la palabra fascista), fue una selección muy elocuente: un hacha atada dentro de un grupo de varillas, representando a ambas, la fuerza del Estado y la unidad de la nación.

Los regímenes fascistas trabajaban a través de una organización rígida, con uniformes para los militantes del partido, camisas negras en Italia, camisas de color café en Alemania.  Organizaron economías corporativas que estimularon la producción para la guerra, y enrolaron trabajadores en una forma de un estado de bienestar, excluyendo, por supuesto, a judíos y otros enemigos nacionales.  Además, comenzaron a reglamentar el tiempo libre de los trabajadores, a través de organizaciones propias.  La idea fue atacar el socialismo por medio de un “socialismo nacional”.  El nombre oficial del partido de Hitler fue: “El Partido Socialista Nacional de Los Trabajadores Alemanes”.

Los empresarios alemanes e italianos inicialmente resistieron los impulsos reglamentados por el fascismo.  Ellos también creyeron que nada más estaría entre ellos y la ola del comunismo, y cedieron.  Fueron premiados económicamente para que destruyeran los sindicatos laborales, también que se prohibieran las huelgas, y les dieron contratos lucrativos para que realizaran trabajos públicos gubernamentales y de armamento militar.

Aquí es donde el partido republicano estadounidense y Donald J. Trump comparten las ideas con sus antecesores putativos.  El presidente actual de esta nación y sus consejeros, nunca considerarían el establecimiento de una economía corporativa.  Ellos desean toda la libertad en la mercadotecnia que reúna sus propias agendas.  También desean subordinar los intereses comunitarios y transformarlos en intereses individuales, por lo menos aquellos que sean individuos millonarios.

Talvez sea de ayuda, imaginarse que el régimen de Trump, está compuesto de sólo tres cabos.

El primero, con la mayoría republicana en ambas c{amaras  del Congreso.  Desde que Donald es un exitoso, pero no excesivamente escrupuloso empresario de bienes raíces, él acepta su agenda libertaria y a favor de los negocios;  este cabo es el más satisfactorio para él.  La desregulación ya está en camino.  Jubilosamente Trump anuló los reglamentos puestos por Barack Obama prohibiéndole a las empresas mineras del carbón, tirar los desechos a los ríos y cualquier otro medio acuático en el país.  También intentó eliminar el programa del cuidado de la salud propuesto por Obama, beneficiando a más de 20 millones de personas, aunque los legisladores republicanos aún continúan modificando el plan de seguro de salud para cancelarlo, aunque no se conozca cual será, en términos y condiciones, el nuevo plan.

Uno espera que,  bajo la administración de Trump, vayamos  a tener un despertar radical, o la desaparición de agencias federales que han estado supervisando el uso del agua, el mantenimiento del aire limpio, y la sobrevivencia de especies en peligro de extinción en los EE.UU.  Además, se espera que los millonarios se beneficien en forma desproporcionada de un código sobre los impuestos  locales, estatales y federales.  Los regímenes fascistas, por el contrario, tuvieron impuestos progresivos altos.

El segundo cabo del régimen de Trump, trata de los estadounidenses que fueron rechazados por los experimentos culturales de los años de 1960’s.  Los habitantes que están ofendidos por el feminismo, el aborto, los derechos de las personas homosexuales, y la integración racial en este país.

Aquí hay un argumento sobre la existencia que se superpone entre Donald J. Trump y los fascistas.  Los nazis también denuncian los experimentos sociales y culturales de Weimar.  El resurgimiento racista durante la administración de Barack Obama, también se asemeja a las fuerzas antirrepublicanas francesas del año 1936.  Mucho de esta oposición fue puesta en práctica en el Frente Popular de León Blum, que fue el primer socialista, y el primer judío en llegar a ser un Primer Ministro francés.  En un sentido, Obama fue un León Blum estadounidense, electo con gran euforia, y luego fue cortado por una oposición doméstica.

Los norteamericanos reaccionarios que votaron por Trump, no serán premiados como la comunidad empresarial millonaria.  Habiendo cumplido sus funciones en la elección presidencial del 2016, ahora pueden ser ignorados.  Ellos serán gratificados por medio de algunas nuevas limitaciones con relación a los abortos y los derechos de las personas homosexuales, pero no recibirán más empleos ni trabajos a través de proyectos de estímulo, debido a que esto requiere una serie de impuestos más altos para los millonarios empresarios.

El  tercer cabo, trata con el propio Donald J. Trump, que debe tener todo el sistema de gobierno en la cima.  Este presidente es un oportunista preocupado única y exclusívamente de su propia celebridad y su riqueza.  Siempre actúa en cualquier impulso momentáneo que parece favorable para esos fines.  Tiene una personalidad autoritaria desprovista de todo compromiso con los reglamentos de la ley, de la tradición política, e incluso de una ideología.  Les ha dado a sus oficiales una implícita luz verde para actuar arbitrariamente, como lo aprendió directamente el eminente historiador francés Henry Rousso, quien fué detenido en el aeropuerto de la ciudad de Houston, del Estado de Texas, el pasado mes de Febrero, y casi fue deportado del país, sin ninguna razón justificable, excepto que era un extranjero y no era blanco, de acuerdo a los oficiales de Aduana e Inmigración de los Estados Unidos de Norteamérica.

Con relación a sus puntos de vista con el resto del mundo, Trump tiene como su logo personal que indica: “Primero está América” (America First), una frase que no se escuchaba en esta nación desde los años 1930’s.  Sus prioridades relacionadas con la Ley de Relaciones Exteriores son un enigma.  Posiblemente incluyen el apaciguamiento de los misteriosos acreedores rusos.  Pero,  contrario a los fascistas, Trump no busca la obtención territorial, enfocándose en su lugar, en excluir inmigrantes, y el sello simbólico de la frontera con México.  Ya tomó una acción belicosa, sin una votación a favor por parte del Congreso, alertando mediante el uso de un bombardeo, a su enemigo actual: Corea del Norte, aunque en la crisis internacional que se está viviendo, sin embargo, él responde emocionalmente y sin el consejo de expertos.  En el evento de un acto terrorista en los EE.UU., él podría imponer una Ley Marcial, paralizando las funciones de instituciones democráticas en esta nación.

El círculo gubernamental de Trump es mucho más reaccionario de lo que cualquiera se puede imaginar, debido a su victoria como presidente, no por los votos populares, sino por los votos electorales, donde solamente ganó por la mitad, más 1 voto.  Al seleccionar a su Gabinete y al personal de La Casa Blanca, él demostró más interés en una lealtad a nivel personal, en vez de que fueran competentes para sus funciones.  Los más cercanos a su persona, parecen ser su hija Ivanka, quien aprovechando la visita del Presidente de China en la Casa Blanca,  obtuvo 3 contratos empresariales de sus productos para ser distribuídos en China, lo que significa que ahora la Casa Blanca es un centro comercial para la familia Trump, violando completamente la Constitución del país.  La otra persona muy cercana a Donald J. Trump, es el yerno, esposo de Ivanka, Jared Kushner.  Pero, lo más sorprendente, conociendo la vida juvenil de Trump, que era un “Playboy” en Manhattan, centro de la ciudad de Nueva York, está en  sus conexiones personales que pertenecen a la extrema derecha: Steve Bannon, que es su Jefe en Estrategias, y su Diputado Stephen Miller.  Ambos apoyan completamente  que Trump firme los controversiales Poderes Ejecutivos que ha presentado al Congreso, y consideran que las críticas presentadas en los medios de comunicación, son una traición a la patria, eliminando con ello la libertad de expresión protegida por la Constitución de esta nación.

Estos son los hechos alarmantes en este país.  Pero no menos alarmante es que Trump tendrá la oportunidad de colocar en las vacantes federales a personas con un historial muy negativo en esta sociedad, como lo está demostrando hasta la fecha.  ¿Estamos frente a un fascista?  Realmente no es así.  Pero sí  podemos llamar al régimen de Donald J. Trump con el nombre apropiado:  es una PLUTOCRACIA.-

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