“Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.” Salvador Allende, 11 de septiembre de 1973.

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Ética del cosmos

Sofía Valenzuela Aguila

Doctora en Bio-química. Investigadora Centro de Biotecnología. Universidad de Concepción.

En las últimas semanas han ocurrido algunos hitos científicos y tecnológicos, a los cuales, en tiempos de pandemia y primarias en Chile, quizás no le hemos puesto tanta atención. Un grupo español, liderado por el Dr. Juan Carlos Ispizúa, en colaboración con un equipo en China, realizaron un experimento con el que obtuvieron una quimera de humano con mono, en estado embrionario, el que para fines de investigación se permite hoy en día emplear hasta los 14 días de gestación, antes que se desarrolle el sistema nervioso central. En este caso, la experimentación se llevó a cabo en China, dado que es posible trabajar con primates no humanos y llevar adelante esta investigación, no siendo tan simple ni clara la legislación en España. La fundamentación es avanzar en el conocimiento, quizás con miras a obtener en un futuro órganos para trasplantes en humanos. Hace poco Japón, ha cambiado su legislación y apunta a poder experimentar con embriones de células quiméricas más allá de los 14 días de gestación e implantarlas en animales modelos. 

Por otra parte, y en un área muy diferente, el multimillonario Richard Branson fue el primero en realizar un viaje suborbital llegando a 90 km de altura sobre el planeta, iniciando así la era del turismo espacial. Próximamente lo hará Jeff Bezos y Elon Musk, y otros tantos seguirán. 

Si bien los ámbitos de acción difieren, hay preguntas transversales que cruzan estas iniciativas ¿hasta dónde llega la libertad de investigar, o llevar adelante la tecnología? ¿Quiénes son los llamados a poner los límites en la ética? Y más importante aún, ¿cómo podremos legislar y velar por el buen uso de la ciencia y tecnología? ¿Será válido iniciar colaboraciones o investigaciones en áreas que pudiesen ser cuestionadas éticamente por algunos, en países donde la legislación así lo permita? Es posible que muchos/as de los/as lectores concuerden que en el avance con células quiméricas y uso de embriones hay claramente dilemas éticos. Desde definir el inicio de la vida, hasta la validez de usar modelos animales para subsanar la falta de donantes de órganos humanos. Llama la atención que, respecto a la carrera espacial, sean menos las personas que se cuestionan, más bien se celebran estos hitos. Pero, desde mi punto de vista, hay varios dilemas, ¿Qué pasará con la basura espacial generada? ¿en época de crisis climática, cuál es la huella que dejará cada uno de estos viajes? ¿Hasta dónde llega la curiosidad versus la necesidad de “ganar una carrera” económica y geopolítica? y finalmente ¿Quiénes se podrían beneficiar de estos avances sino -hasta ahora- solo una elite capaz de acceder a ellos? 

Si hasta hace unos años nos preguntábamos si el avance de la ciencia nos permitiría llegar a este punto, donde el descifrar nuestra biología y hacer uso del espacio exterior están a la vuelta de la esquina, la gran pregunta ronda en cómo haremos que tanto estos como otros desarrollos científico-tecnológicos y sus beneficios serán accesibles para todos y todas. Hoy, en plena carrera presidencial en Chile, será interesante escuchar candidatos y candidatas que observen las tendencias globales en los avances científicos-tecnológicos y nos propongan un camino de diálogo abierto para abordar los desafíos del conocimiento y su conexión con las necesidades de nuestra sociedad. Por ahora, solo somos observadores y receptores de las consecuencias. Quizás sea hora de ser protagonistas.

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1 Comentario en Ética del cosmos

  1. Gracias Sofía por poner estos temas en el tapete. Por un lado creo que ese experimento genético con participación de científicos españoles y chinos es anti ético, y por tanto, no se debería continuar con ellos. Por otro, esas inversiones en viajes orbitales “de placer” y en tonterías como intentar colonizar el planeta Marte constituyen una insensatez mayúscula, sobre todo en la delicada situación en que está la Tierra y la humanidad.

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