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Explosión en Beirut: una experiencia de vida

Carolina Ortiz Jerez

Profesora de Historia y Geografía y Documentalista.

Cuando conté que, por el trabajo de mi marido, nos vendríamos a vivir a Beirut, la capital del Líbano, muchas personas nos dijeron que nos íbamos a un lugar complicado, inseguro, que tuviéramos cuidado, entre otras advertencias.

Si bien sabíamos que había problemas con la electricidad, que la economía andaba mal y que la inflación estaba haciendo sus efectos, decidimos probar cómo es vivir en una ciudad que por varios años se presentó a sí misma como la “París del Medio Oriente”.

 Llevábamos menos de una semana en Beirut, cuando el día martes 4 de agosto, a eso de las 18:00 horas, el sector de la ciudad aledaño al puerto quedó completamente destruido en una fracción de segundos.

Estaba en mi dormitorio, cuando de repente sentí que nuestro edificio se movió de un gran golpe. En un primer momento, pensé que se trataba de un terremoto pero como el movimiento se detuvo de manera brusca, entendí que no era eso. A los pocos segundos se abrió la puerta y sentí una gran corriente de aire seguida de un silbido.

Un poco desorientada, bajé a la cocina (nuestro departamento es un dúplex) pensando que había estallado el balón de gas. Cuando vi que la cocina estaba intacta, supe que se había tratado de una explosión en algún lugar de la ciudad.

Salí al balcón a mirar y vi la enorme columna de humo de color rojo. En un acto “reflejo”, empecé a filmar con mi teléfono. Como se cortó la luz, no tenía posibilidades de saber qué había ocurrido, lo sabría recién a las 21:30 horas cuando el conserje de mi edificio me mostró en su teléfono un video de lo ocurrido.

Tiritaba, mientras pensaba en mi familia que había salido a dar una vuelta. Esperaba que no les hubiese ocurrido nada. Un poco desorientada todavía, intentaba pensar en las causas de la explosión: un coche bomba, la caída de algún avión o el resultado de un misil.

Las imágenes de la explosión dieron la vuelta al mundo, por lo que mi familia y amigos estaban muy angustiados al no tener noticias nuestras. Solamente a las 00:30, momento en el que tuvimos internet nuevamente, pude contactarme con todos ellos.

La destrucción causada por la explosión afectó muchos edificios y comercios, con diferentes grados de daño. Algunos vecinos y negocios de nuestro barrio perdieron ventanales completos dejando las calles llenas de vidrios, los que se siguen recogiendo hasta el día de hoy. Por pudor no he querido ir hasta la zona devastada. No la alcanzamos a conocer en su esplendor y me angustia un poco verla destruida.

Las secuelas de la explosión se sienten en el estado de ánimo de todos quienes la vivenciamos. Mi marido se siente cansado, mis hijos no quieren estar solos y han tenido pesadillas y yo no he logrado dormir bien.

Es de esperar que con el tiempo, el recuerdo de la explosión se vaya borrando. Si bien seguiremos siendo testigos de la devastación que ésta provocó, espero de todo corazón que Beirut vuelva a levantarse, como ya lo hecho en el pasado.

Beirut, 10 de agosto de 2020.

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