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Fotografiar el cielo nocturno

Ronald Mennickent Cid

Astrónomo, Doctor en Física. Ex Director Departamento Astronomía Universidad de Concepción. Director de Investigación y Creación Artística de esta misma casa de estudios.

Astrónomo, Doctor en Física.
Ex Director Departamento Astronomía Universidad de Concepción.
Director de Investigación y Creación Artística de esta misma casa de estudios.

La observación del cielo nocturno nos permite acercarnos a las maravillas del cosmos. El cielo estrellado es muy parecido al que vieron nuestros ancestros. Al contrario de ellos, nosotros podemos no solo observarlo, sino también fotografiarlo.

Las cámaras digitales DSLR están hoy al alcance de muchas personas y permiten fotografiar estrellas, constelaciones, nebulosas, planetas, meteoros y lluvias de estrellas. La luna sigue siendo una diva cambiante digna de admirar y fotografiar, en sus diferentes fases. 

Existen, sin embargo, desafíos para realizar una buena fotografía astronómica. Como toda fotografía que pretenda ser nítida y clara, necesita un sujeto fijo y suficientemente luminoso. El problema es que el cielo, con todo lo que tiene, parece girar sobre nuestras cabezas 15 grados por hora, producto de la rotación terrestre. Además, salvo de la luna, recibimos muy poca luz de los objetos celestes y la fotografía se trata de capturar luz. Estamos entonces ante una encrucijada. Necesitamos un tiempo corto de exposición para minimizar el movimiento del sujeto y uno largo para capturar tanta luz como sea posible. Un problema extra es la contaminación lumínica de las ciudades, que ilumina el cielo ocultando a las estrellas. Afortunadamente, se han encontrado soluciones para estos problemas.

Necesitamos una cámara firmemente sostenida por un trípode. Ojalá sobre una montura de seguimiento que permita la rotación de la cámara junto con el cielo. Sin esta rotación un lente objetivo de distancia focal 50 mm, por ejemplo, permitirá exposiciones nítidas de no más de 10 segundos de duración en una cámara de fotógrafa completo. Con cámara fija necesitaremos tomar muchas imágenes de corta duración durante un largo intervalo de tiempo, para luego sumarlas con programas computacionales como RegiStax y lograr así aumentar la débil señal luminosa. Además, es necesario tomar imágenes de calibración que remuevan la señal artificial producida por la electrónica de la cámara. 

Para ayudar a remover la contaminación lumínica se agrega entre cámara y lente un filtro que bloquee las luces de la ciudad. Los filtros de banda angosta que dejan pasar la emisión del hidrógeno neutro son ideales para fotografiar nebulosas de emisión como la Gran Nebulosa de Orión. 

Por otra parte, un gran angular luminoso de 28 mm o menos, permite capturar la Vía Láctea como una franja de luz difusa en el firmamento y las Nubes de Magallanes como pequeñas concentraciones de luz. Teleobjetivos de 200 o 300 mm permiten fotografiar la luna, sus mares y cráteres. Es muy entretenido buscar los nombres de los cráteres en internet después de identificarlos en las imágenes. 

Hoy, astrofotografías de altísima calidad tomadas por aficionados a la astronomía adornan oficinas y auditorios. Son una ventana al mundo astronómico, que siempre despierta nuestra curiosidad y nos invita a conocer más del cosmos en que vivimos.

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