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Francia: un cartel reza “tenemos derecho a la vida antes de morir”

Rafael Luis Gumucio Rivas

Profesor de Historia. Ex director Instituto de historia Universidad Católica de Valparaíso.

Esta consigna resume mejor que mil análisis el impulso y razón de ser de las rebeliones populares en diversos países del mundo. El neoliberalismo, con su lógica de enriquecer, sin límites, a unos pocos y condenar a la mayoría a una vida miserable y a una muerte sin sentido, es tan tóxico como las cámaras de gas de los nazis.

Violeta Parra se preguntaría “¿…Qué diría el Santo Padre que vive en Roma, le están matando a sus palomas…”. El actual Papa ha condenado el neoliberalismo como anticristiano, pero se queda en palabras, pues está preso por cardenales, obispos y curas degenerados, que siguen convirtiendo la Iglesia en “ramera” de los ricos.

El Presidente de Francia, Emmanuel Macron, aunque rechazado por la mayoría de los ciudadanos, quiere mantenerse en el poder sobre la base del engaño a la opinión pública: en su propuesta de reforma de las pensiones se presenta, nada menos, que como un liberador igualitario, que quiere terminar con los privilegios de ciertos grupos, (SNCF, RATP).

La reforma a la ley de Pensiones está llena de trampas:

  1.  el sistema de puntos, es decir, los aportes de los trabajadores son computados sobre la base de “un euro, un punto”; la trampa consiste en que el euro, depositado hoy, en cuarenta años de trabajo se va a devaluar, alcanzando sólo a treinta centavos al momento de jubilar.
  2.  congela el gasto en pensiones al 17% del PIB. Si los adultos mayores son cada día más, la torta a repartirse se hace cada vez más pequeña.
  3.  el ideal del gobierno es reducir la jubilación a una pensión básica de mil euros.
  4.  para ganar apoyo, Macron pretende terminar con las pensiones especiales por riesgo a maquinistas y conductores de Metro.
  5.  propone aumentar la edad para pensionarse, alegando que con más años de cotización lograría mejores ahorros.
  6.  propone contabilizar para el cálculo de los puntos toda la vida laboral, no los últimos seis meses, (actualmente se considera este tiempo).
  7.  es evidente que la esperanza de vida entre pobres y ricos es de 10 años menos para los primeros, por consiguiente, quienes gozarían de la jubilación seguirían siendo los ricos.

Las trampas en la propuesta de reforma al sistema de Pensiones no es el único motivo que impulsa a los franceses a manifestarse: hay que agregar el sistema precario del sistema de Salud, el mal trato a los bomberos, el abuso de la policía, (gaseo y balines, represión que llega a un buen número de personas ciegas, así como de policías que, por estrés, han llegado al suicidio); la mayoría de la población, a causa de los bajos salarios y alto costo de la vida, no logra terminar el mes, (la anterior vida del burgués medio francés que, entre chocolates y queso de mil variedades lograba pasar el día a día, hoy se ha convertido en un infierno de privación).

La marcha realizada el 5 de diciembre de 2019 fue mucho más concurrida que la de 1995, y un poco más pequeña en número de manifestantes que la del mes de mayo de 1968.

La alianza entre los poderosos sindicatos franceses, (CGT, CFDT, FO, Chalecos amarillos), dio muy buen resultado, pero los grupos de protección y contención de los sindicatos, esta vez no lograron detener la acción violenta de los Black Block, que lograron hacer daño a la infraestructura comercial y pública francesa.

Según la CGT, marcharon en todo el país más de un millón trescientas mil personas, (es como para valorar la concentración chilena, con una población mucho menor). La huelga, iniciada ayer, sigue hasta el próximo lunes ininterrumpidamente, y de no lograr una respuesta favorable – sólo puede ser el retiro del proyecto de ley de reforma al Sistema de Pensiones – no es impensable que dure más tiempo y, a lo mejor, logre tumbar a Macron.

Francia, a diferencia de los demás países de Europa, tiene una larga historia de huelgas e insurrecciones: desde las Jacqueries, pasando por la Revolución Francesa y la de 1848, y en el siglo XX, la de las tomas de fábricas, de 1936, con el famoso Frente Popular francés, en que el presidente del Partido Comunista francés, Maurice Thorez, pronunció su famoso discurso y resaltó la frase “…hay que saber terminar una huelga…”, ocasión en la cual se logró las vacaciones pagadas, (por primera vez en su vida los obreros y sus familias pudieron ver el mar).

El Presidente Macron no tiene ni la calidad moral, ni el peso político del general Charles de Gaulle, por consiguiente, sería muy raro que convocara a un referéndum para consultar a los ciudadanos, en este caso, sobre su jubilación y, de perderlo, jamás tendría la grandeza del general De Gaulle de renunciar.

El neoliberalismo en su fase terminal sólo nos muestra a Presidentes miserables, quienes sólo les importa vivir a costa de su pueblo, (Duque, Moreno, Piñera, Lacalle, Hernández, en Latinoamérica). A lo mejor asistimos a una nueva revolución francesa, esta vez sin guillotina, pero con el pueblo en la calle en demanda de su renuncia.

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