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Fumando opio

Rafael Luis Gumucio Rivas

Profesor de Historia. Ex director Instituto de historia Universidad Católica de Valparaíso.

Camilo Escalona, un socialista “converso” en momio, se reía cuando sus  camaradas, más progresistas que él, anunciaban una Asamblea Constituyente. Él, muy prepotente, los trataba de fumadores de opio.

Desde 1989 los antes revolucionarios seguidores de Marmaduque Grove, que les faltaba solamente postes para “colgar burgueses”, se convirtieron en derechistas de tanto compartir con la derecha y los militares: la gente comenzó a llamarlos “socios listos”y la característica bandera roja se fue destiñendo hasta alcanzar un tinte rosado, tendiendo al blanco, de la monarquía. El mapa de América con el martillo, cada día se parecía más a un signo masón y no revolucionario latinoamericanista.

El caso del Partido Socialista chileno no es el único en el Socialdemocracia: el PS francés, por ejemplo, desde François Mitterrand, rompió la alianza con los comunistas y viró a la derecha (en parte, forzado por la convivencia con la derecha, de Jacques Chirac), y hoy los socialistas franceses representan la nada misma en política.

En América Latina, el APRA, Partido fundado por Víctor Raúl Haya de la Torre (un hombre que paulatinamente fue derechizándose y que terminó pobre, pero honrado) y su sucesor, que Alán García eligió el camino del suicidio, ante la inminencia de la cárcel para pagar sus múltiples robos al Estado, hoy es poco menos que una asociación ilícita para delinquir.

Quizás, hasta ahora, los socialistas españoles y portugueses se están salvado gracias a la omisión – en el caso de Portugal – y la alianza con Podemos, sumado a la abstención de independentistas vascos y catalanes haciendo posible la investidura de Pedro Sánchez. Los socialdemócratas alemanes sobreviven por convenios con la Democracia Cristiana de ese país.

En Chile, las renuncias a la militancia socialista están a la orden del día: viene de hacerlo el diputado Marcelo Díaz, hastiado por los zig-zag de la directiva, liderada por Álvaro Elizalde, (es más honorable renunciar a un partido político que seguir en su seno en condiciones lamentables).

En el mundo, los partidos políticos no son más que reproductores de plutocracia, y la “ley de hierro de las oligarquías” reseñadas por Robert Michels, (1911), sigue tan vigente como a comienzos del siglo XX, sin embargo, por muy corruptos que sean los partidos políticos, se hacen necesarios para asegurar la representación política, y en su defecto, el único camino que resta es el de la democracia plebiscitaria, o bien, la dictadura pretoriana, (ya la conocimos y jamás avivaremos la cueca de la anti-política, apoyada por pinochetistas que aún algunos no se dan cuenta de serlo, y masas de  izquierdistas que se vanaglorian de ser revolucionarios, pero no son otra cosa que fachos, repitiendo el eslogan de ultraizquierda. Desde comienzos del gobierno de Aylwin, (post dictadura) y hasta hoy, la llamada transición a la chilena le ha sido muy cómoda a la derecha que para salvaguardar sus propios intereses, quiere mantener la Constitución de Pinochet.

La derecha no tiene ningún problema con gobernar con una parte significativa de la Concertación: los Martínez Alvear, los Walker, los Ravinet, los Zaldívar, los Burgos, los Tironi, los Óscar Garrtón y su cáfila de mapucistas, entre ellos Enrique Correa y otros monaguillos…, todos ellos siúticos y adoradores del dios dinero. Los muy hipócritas y oportunistas sólo son derechistas que, algún día, creyeron en la revolución como una forma rápida y eficaz para enriquecerse. (Recordemos la frase de George Danton, famoso por su conducta inmoral frente al dinero,  la justificaba diciendo que había llegado la hora de acumular dinero para quienes no habían podido hacerlo durante la monarquía).

El 18-0 sorprendió a todos estos personajes que usaron la política para subir de clase social: de la noche a la mañana el “fumar opio” se convirtió en una costumbre popular, pues la mayoría de los ciudadanos es partidaria de una Asamblea Constituyente y una nueva Constitución, que ya dejó de ser una utopía.

Sería buena idea el recordar a los votantes, (por si acaso un frescolín se cuela entre los miembros de la Asamblea Constituyente) los nombres de quienes han pasado desapercibidos a pesar de sus abusos y poco interés en defender el dinero de todos los chilenos. Aunque esté muerto, ahora recordamos a Edgardo Boeninger, que salvó a todos aquellos que durante el gobierno de Aylwin compraron, a precio de huevo, las empresas del Estado.

No parece aleccionador el que distintos ministros de Defensa, desde la transición hasta ahora, no hayan defendido las arcas fiscales, más bien las hicieron propias, permitiendo el Milicogate, sumado a los presuntos delitos de los generales Fuente-Alba y Oviedo.

(Me permito incluir algunos nombres de políticos que tendrían la ambición de hacer parte de la Asamblea Constituyente, a fin de que los ignoren si se presentan en la papeleta: Edmundo Pérez Yoma, ´el rey del agua´, Jaime Ravinet, Michelle Bachelet, Mario Fernández, José Goñi, Alfonso Vargas, Andrés Allamand, Rodrigo Hinzpeter, José Antonio, Jorge Burgos, entre otros; a ninguno acuso de ningún delito y, a lo mejor, cumplían órdenes superiores o bien honraron un pacto con Pinochet, sin embargo, hubiese sido loable que hubieran defendido el dinero de los chilenos, y posiblemente un cura los absolvería por un pecado de omisión.

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