El Conocimiento implica dolor, Este tipo de Dolor...Fortalece el Espíritu !!!
(Comente, y razone nuestros artículos con sus autores...luego, comparta-los.)
Actualmente nos leen en:
Alemania, Francia, Italia, España, Canadá, E.E.U.U., Argentina, Brasil, Colombia, Perú, Ecuador, Uruguay, Bolivia y Chile.

Jóvenes fuera del sistema.

Yerko Strika

Psicólogo Clínico, Psicoterapeuta.

Completar la educación escolar formal, es, sin duda, una etapa importante en la vida de cualquier adolescente. Luego de trece o más  años de escolarización, el individuo obtiene una licencia que certifica su paso por las aulas y que posee el conocimiento mínimo para desempeñarse en la sociedad.

Insertarse en la sociedad, para un joven de 16, 17, 18 o 19 años, en nuestro país, equivale, en la mayoría de los casos a continuar estudios superiores (centros formación técnica, instituto profesional, universidad), lo que supone tener claridad a esa edad de qué es lo quiere hacer el sujeto para el resto de su vida. Es una época de definiciones  importantes, para la cual no todos están preparados, ya sea por indefinición vocacional, por carencia de medios para acceder a más educación, por insatisfacción con el sistema, por inmadurez para la toma de decisiones, entre otros.

Sin perjuicio de lo anterior y al menos en la educación privada, la presión hacia  los alumnos por ingresar a la universidad, es parte del curriculum y se torna  contenido,  a contar de 2° medio, con charlas vocacionales y la preparación para la Prueba de Selección Universitaria (PSU), es decir, enseñar cómo contestar un cuadernillo tipo y familiarizarse con ese tipo de formato.

De más está decir que en Chile la educación es discriminadora a la base y profundamente desigual, por lo que la pretensión de estudio superiores, se limita a una elite intelectual-económica muy reducida. El año 2016, hubo 290.612 inscritos para rendir la PSU, que optaron a 84.470 vacantes para educación superior en el año 2017. Es decir, automáticamente quedan  206.142 sin acceso a educación superior universitaria. En el año 2015, hubo 82.752 individuos que obtuvieron menos de 450 puntos, sobre 261.070 inscritos (Dentro del Sistema Único de Admisión, conformado por las universidades del Cruch y otras adscritas de carácter privado, participan un total de 36 establecimientos).

Entonces,  ¿qué pasa con esos 206.142 jóvenes? ¿Optan por CFT- IP? ¿Buscan trabajo? ¿Tienen otras alternativas? ¿Se frustran?

Con lo anterior, se quiere ilustrar que encontrarse con jóvenes que no estudian o no trabajan, a veces tiene un trasfondo socio-familiar que explica dicha situación. Distinto es el adolescente que teniendo posibilidades materiales e intelectuales, para hacerlo, decida otro rumbo, como iniciar algún negocio, ser autodidacta, trabajos informales, etc.   Distinto es, también, el joven que no se motiva por trabajar o estudiar y permanece inactivo a costa de su familia. En mi opinión, la ausencia  de metas o propositividad vital es una situación desgastante tanto para el individuo como para su entorno, pudiendo ser crítica si se mantiene en los primeros años de la vida adulta, pues acrecienta la sensación de fracaso, entrando en un círculo vicioso, del cual es difícil salir.

Decía Freud, que el hombre feliz es aquel capaz de trabajar de y amar. A un siglo, ese tópico, me sigue pareciendo muy vigente. La realización del individuo es una tarea central en su desarrollo, independiente de la forma en que se logre (Ojo: aquí descarto por completo cualquier conducta antisocial o de daño a los demás,  para conseguir realización personal). Un individuo que  luego de terminar la enseñanza media no estudia ni trabaja, es probablemente una persona con bajo nivel de consciencia respecto  su potencial  o un  desencantado con la oferta tradicional. Un poco más allá, podemos estar frente a una anhedonia que enraíce en factores de personalidad más complejos o derechamente ausencia de dinero para costear una carrera. También, un porcentaje importante que no logró asimilar los contenidos básicos y necesarios para  proseguir estudios superiores, poniendo de manifiesto las falencias del sistema en su globalidad.

Sea como fuere, pareciera que el porcentaje de juventud inactiva, que suele calificarse peyorativamente como “vago” u “holgazán”, es una minoría en las aspiraciones de quienes finalizan sus estudios escolares. En general,  el adolescente está alerta ante su futuro y desea insertarse activamente en la sociedad, tal vez no necesariamente en la sociedad que hemos construido los adultos de hoy, sino en una que propongan ellos bajo sus necesidades y aspiraciones. En ese contexto, es válido encontrar a alguien que no comulgue con el modelo, pero a la vez me parece indispensable la propuesta constructiva en su lugar.

Hay algunos personajes notables que se jugaron por su sueño y realización, desarrollando caminos en base a esfuerzo y trabajo, sin pisar un aula universitaria. También los hay  absolutamente desconocidos, que emprendieron un día un negocio o se retrotrajeron a un comercio de subsistencia, aspirando a pasar por la vida lo más marginados posibles  del Sistema. Sea como fuere, la opción es válida. Sin embargo, a mi parecer,  lo que no debiera ocurrir, es que un joven carezca  de aspiraciones o posibilidades una vez finalizada su enseñanza media, pues es deber de la familia y los educadores motivar hacia la realización personal. Si eso  no ocurre, en algo estamos fallando con este modelo de sociedad.

En lo breve de este artículo, sólo expongo una situación. Probablemente el lector tendrá opinión  y puntos de vista distintos, los que invito a comentar en esta ventana ciudadana, que sí es un espacio de construcción participativo.

Recuerda que puedes seguirnos en facebook:

Déjanos tu comentario:

Su dirección de correo electrónico no será publicado.

*

Sé el primero en comentar

sertikex-servicios-informáticos www.serviciosinformaticos.cl