«Si la justicia existe, tiene   que ser para todos; nadie puede quedar excluido. De lo contrario, ya no sería justicia»

Paul Auster

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La actualidad de las Humanidades

Rodrigo Pulgar Castro

Doctor en Filosofía. Académico U. De Concepción.

Parte I

En un artículo publicado el año 2013 por Adela Cortina, se recupera la propuesta de Charles Percy Snow (año 1959) de que existen dos culturas. La tesis central que ambas se originan producto de una incomunicación entre las humanidades (los humanistas) y la ciencia (los científicos tecnólogos); incomunicación que, según se entiende, es resultado de una imagen distorsionada de unos respecto de los  otros, lo cual tiene por efecto dejar de considerar oportunidades creativas. Hay que aceptar el hecho de que no se ha superado del todo esa idea de imagen distorsionada. Una forma de superar tal situación es enfrentarlo. Y el texto de Cortina nos da una pista, al menos una desde la cual partir. La filósofa nos habla en su texto de “Las dos culturas: científicos responsables, intelectuales luditas”. Pensando en positivo, entendemos que usa el término luditas no para sostener la negación a la tecnología (en su sentido primario a las máquinas que, dicho sea de paso, hoy recupera fuerzas en algunos sectores sociales, en particular en el primer mundo), sino para hacer notar lo inviable de la cuestión de la negación, y en ello poder identificar qué de común y diferente hay entre estas dos formas. 

Tengamos presente la indicación  y señalemos que se trata de  dos realidades encontradas en un fondo de preocupaciones compartido como es el bien humano. En ello algo se aclara, pero se nos pide mayor entendimiento sobre el bien mismo que es un tema de interés general para las humanidades y en particular para la filosofía.  Además, es ya lugar común reconocer que el bien no es un simple concepto, puesto que recrea realidades concretas de carencia (de ahí el afán por tenerlo) y de cierta satisfacción espiritual asociado al cuidado de sí que correspondería al campo de preocupación humanista. De esta forma, se asume que, al ser un concepto dinámico, no acaba de cerrarse en su sentido final, y es precisamente esta situación lo que permite sostener la propuesta del bien como un valor que se encarna según variables relativas a sujetos, culturas, historias. Así se da, por ejemplo, en la modernidad en donde el bien depende de esa relación positiva entre ciencia y técnica, superando la concepción del bien identificable en la idea de providencia, pasando ahora a ser identificado con bienestar material. Todo esto gracias al progreso científico técnico, capaz de ofrecer bienes y servicios tangibles en el caso de tener la capacidad de adquirirlos para su goce como la capacidad de producirlos. En fin: lo que el desarrollo científico técnico trae como producto, poco a poco logra cambiar en gran parte la inteligencia respecto de qué significa bien humano. Mas, es sabido, este bien tangible si bien se expone para todos, solo un porcentaje de la población lo tiene. Súmese el carácter transitorio de aquel bien, por lo tanto, la condición de caducidad como su sello de sentido, lo cual deja espacio para una esfera de sentido respecto del bien que escapa a lo medible.  

Nota 2.-  

No es error plantearse cada cierto tiempo la pregunta sobre el significado de las Humanidades, especialmente  si la pregunta es  sobre el sentido del postulado Cuidarse de sí que sería lo que mejor identifica las humanidades, ya que teniendo su sentido, se tiene claridad sobre los fines perseguidos a fin de no traicionar, precisamente este cuidarse de sí, que viene a ser una suerte de  movimiento de orden moral que no disocia a la persona del habitar común que es la ciudad, al contrario, la fortalece, diríamos para ser más precisos, ambas realidades se fortalecen: persona y comunidad.

Pero, ¿qué resguardo filosófico hay ahí? Sabida la respuesta y darla por definitiva como si en ello se tuviese efectivamente su sentido final, puede dar con cierta complacencia olvidando el significado propio de las humanidades que tiene relación a su carácter dinámico. Frente a esta realidad, entonces, ¿Cómo se logra captar su sentido? Para responder hay que reconocer que existe en ellas un comportamiento dialéctico que permite avanzar sin dejar de lado la tradición a la cual están atadas, de hecho, es inevitable, por ejemplo, verlo en obras como las de Ciceron quien, entendía humanitas como el ideal al cual todos los estudios o la educación aspira. De suyo, se entiende que es desde ese lugar de tradición, que el peso de la historia se hace notar, y no resulta posible dejar de considerarla, ya que todo pensar sobre realidades se realiza desde referencias que se han ido conquistando,  a veces, a contrapelo de la misma tradición heredada, lo cual no significa una traición a ésta. Y es precisamente ahí, en ese vínculo con la tradición donde se encuentra su sentido principal.

Ahora, y más allá de lo declarado del vínculo, persiste la pregunta qué pasa con las humanidades en el tiempo presente. Señalar que las humanidades siguen una tradición marcada por la pauta del renacimiento, nos informa de algo pero no de todo. La historia avanza y los circuitos de interpretación se van amplificando por un deseo de mayor saber sobre lo que se pregunta, léase historia, filosofía, literatura, música etc. Así, resulta inevitable tener que interpretar para sumar sentidos sobre su significante. En todo esto,  además, debo confesar que  la primera sensación, cuando se plantea la interrogante, es que es inoficioso hacerla, pues damos por reconocido y aceptado lo que el concepto humanidades trae en su seno, incluso lo que el concepto transporta en su lomo, vale decir, un dilema y sus distintas soluciones que cambian de tiempo en tiempo de redacción. Pero superada la sorpresa del tener que interrogar, se constata que la pregunta no es baladí, pues pone en actualidad lo que lleva siglos caminando, hasta lograr posicionar perspectivas abiertas como son aceptar que estamos instalados en una coreografía que da pie a la interdisciplinariedad, la multidisciplinariedad o la trans disciplina. Frente a este hecho de realidad, las aproximaciones conceptuales son más fenomenológicas, por tanto, abiertas a interpretaciones que alimentan su universo conceptual como si de un circuito de carácter ascendente se tratase. Puestos en este escenario, las humanidades siguen creciendo en dilemas. Además, se suma a este punto, la dinámica singular de la disciplina madre como es la filosofía que, a lo largo del tiempo, por su trabajo en fronteras (literatura, física, biología, teología, y un largo etc. de materias que son reflexionadas por ésta) ha engendrado otras y nuevas áreas de estudio. 

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