«Si la justicia existe, tiene   que ser para todos; nadie puede quedar excluido. De lo contrario, ya no sería justicia»

Paul Auster

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La decadencia de la democracia.

Existe una cantinela permanente que es, por lo demás, muy sabia. La democracia va mucho más allá que el simple ritual de depositar periódicamente en una urna, un papel en que el elector marca su preferencia por un determinado nombre.

Pero la democracia tiene alcances más profundos y sustantivos. En teoría, deberíamos pensar que lo que se somete al juicio y preferencia ciudadanos es una propuesta de gestión, una plataforma de gobierno, ya sea a nivel local, regional o nacional. Los diversos partidos políticos constituyen los canales responsables de auscultar cuáles son los intereses y prioridades de la gente para dar debida respuesta a sus demandas.

Pero ¿sucede eso en la realidad?

En el próximo mes de octubre, el país será convocado a elegir alcaldes, concejales, gobernadores regionales, es decir un cúmulo de autoridades que, por la naturaleza de sus funciones y responsabilidades, son las que tienen una más directa relación con la comunidad.

Cuando se ha dado inicio al proceso, el vecino, el poblador, el habitante rural, ha visto casi sin sorpresa cómo se han desplegado a través del territorio miles y miles de nombres, candidatos surgidos de la noche a la mañana en el seno de las “maquinarias partidarias”. Hijos de parlamentarios que pretenden aprovechar el nombre  y los medios económicos y publicitarios de que disponen como representantes, hijas de fracasadas ex parlamentarias que pretenden constituirse en herederas de un impreciso capital político; sobrinos, hermanos, tíos, cónyuges, etc., todo un mundo que se mueve “a la sombra de alguien” y cuya verdadera representatividad es escasa.

Cabe preguntarse, el dirigente social de la junta de vecinos, el dirigente deportivo, el líder de entidades comunitarias y solidarias que ha estado siempre presente en los tiempos de desgracias y catástrofes ¿ha sido considerado por las organizaciones políticas al momento de definir nombres?

Si la democracia formal está atrapada por verdaderas castas que sueñan con perpetuarse  y granjearse los beneficios del poder, estamos sin duda socavando los valores fundamentales de una democracia vital.

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