El Conocimiento implica dolor, Este tipo de Dolor...Fortalece el Espíritu !!!
(Comente, y razone nuestros artículos con sus autores...luego, comparta-los.)
Actualmente nos leen en:
Alemania, Francia, Italia, España, Canadá, E.E.U.U., Argentina, Brasil, Colombia, Perú, Ecuador, Uruguay, Bolivia y Chile.

La educación en Chile

Paola Tapia López
Profesora Educ. General Básica Mención lenguaje
Máster en Investigación de la didáctica de la lengua y la literatura
Doctora en Investigación de la didáctica de la lengua y la literatura

 Me habría gustado poner en un pizarrón los tres niveles del sistema – educación temprana, escolar y superior— y, por arriba, las cuatro principales dimensiones “macro” del sistema, esto es, institucionalidad, aseguramiento de la calidad, financiamiento y profesores, formando así un cuadro de múltiples entradas.  Tendría así esta matriz doce casillas o casilleros (tres niveles en las filas y para cada una de estos cuatro aspectos en las columnas), en cada uno de los cuales aparecerían, me parece a mí, problemas severos y complejos. No voy a hacer yo este ejercicio aquí porque sería muy largo y tedioso. Pero debería intentarse alguna vez. Permitiría formarse un cuadro de los principales problemas del sistema educacional chileno y, a partir de allí, organizar una agenda de propuestas de solución.

En cambio, me concentraré en lo principal en torno a una de las cuatro dimensiones enunciadas; la relativa a la institucionalidad del sistema educacional y sus problemas en los tres niveles. Complementariamente haré referencia a las otras tres dimensiones, en cuanto se relacionan con el tópico institucional y nos permiten especular sobre el futuro de la educación en nuestro país.

Para partir, yo diría que en la dimensión institucional hay avances parciales, particularmente en el sistema escolar –Ley General de Educación, agencia de calidad, superintendencia escolar, etc.– junto con grandes debilidades, especialmente la institucionalidad de la educación temprana y en el subsistema de la educación superior. Cabe subrayar además que en esta dimensión hay debates que van más allá de los aspectos puramente funcionales y operativos. Más bien, nos encontramos aquí con problemas fundacionales. O sea, de las fundaciones del sistema en algunos de sus niveles.

Efectivamente, hay una discusión de fondo una vez más, como la hubo antes de dictarse la Ley de Instrucción Primaria Obligatoria, con ocasión del primer Centenario. Una gran e intensa discusión sobre si el sistema debe seguir siendo de provisión mixta o no. Me parece a mí que este tema que está clara y abiertamente planteado, y que será un eje de la discusión que vamos a tener durante los próximos años.  Efectivamente tiene que ver con las bases mismas de organización del sistema: cómo se provee la educación y si ésta ha de quedar en manos de privados o combinadamente de privados y organismos y agencias públicas o si ha de pasar a ser un sistema puramente estatal público. Esto último no es algo que no exista en el mundo; existe en la mayor parte de los países del mundo. Lo que ocurre es que en Chile esta forma de provisión exclusivamente público-estatal no tiene ningún antecedente histórico.

Creo que esta es la discusión real, además de la otra discusión –que no se nombró acá— que tiene que ver con la gestión de los colegios hoy día en manos de los Municipios. El estimado ex Ministro (H. Beyer) conoce muy bien las enormes dificultades que ha habido para lograr mínimos consensos en torno a este último aspecto — en realidad esos consensos no existen—y por eso la llamada desmunicipalización se encuentra estancada y este tema continua estando totalmente abierto.

En la dimensión de los profesores que yo mencioné antes, me parece a mí que tenemos el principal problema. Eso lo sabemos bien.  Y a  esta altura sabemos también que es un problema de muy lenta resolución, porque no es un puro problema de la calidad formativa de nuestros maestros sino que hay que entrar a modificar todos los aspectos de la profesión docente: desde la formación inicial, la manera cómo los docentes se incorporan al trabajo, su carrera y evaluación, el reconocimiento social que ellos recibe, sus remuneraciones e incentivos, las jubilaciones. Todo está en discusión y es muy difícil pensar que uno pueda resolverlo todo esto de una vez; será un proceso lento y engorroso. Por eso mismo puede anticiparse que  la calidad de la educación va a estar en permanente cuestionamiento y con progresos relativamente lentos.

En el caso del aseguramiento de la calidad, el problema más grave está sin duda en la educación superior. A esta altura decir que tenemos nada más que un problema técnico o un problema de la ley que establece y regula la acreditación, no nos pone a la altura del real problema. En efecto, creo que el sistema de educación superior entero está cuestionado en Chile y la gente reacciona ante esto retirándole su confianza que es un elemento esencial para el funcionamiento del sistema de crédito estudiantil,  para endeudarse de por vida, para el sistema de reconocimiento del valor de los títulos y grados en el mercado laboral.  A final todo depende de ese elemento intangible, sutil, que es la confianza. Yo creo que la confianza en el sistema y las instituciones de la educación superior está hoy profundamente erosionada y veo por delante un muy lento y largo período de intentos para recuperar la legitimidad de las instituciones, tanto públicas como privadas, pero particularmente de las privadas.

Por último, el financiamiento –me parece a mí que si uno toma como base lo que el país gasta en educación primaria— es de común conocimiento que resulta insuficiente a pesar de los aumentos o incrementos que ha experimentado últimamente. Más grave aún es el hecho que en relación a ese gasto en enseñanza primaria, de suyo bajo, el gasto por alumno en educación secundario resulta todavía más precario. Y, en contraste, el gasto en educación superior es relativamente alto respecto del gasto en educación primaria, sobre todo si esa relación (gasto en primaria y superior) se compara a nivel internacional. De hecho, somos el único país de la OCDE y uno de los pocos en el mundo que gasta menos por alumno en la secundaria que en la educación primaria. En el estadio preprimario el gasto por alumno es insuficiente pero ha empezando a mejorar. Habrá que ver si ahora que hay que aumentar no solo la cobertura sino también la calidad, el incremento del gasto será suficiente para este doble desafío. En la educación superior es donde nuestro gasto por alumno más se acerca (aunque aun bastante por debajo) al gasto de los países de la OCDE.

Paradojalmente,  es en este último nivel, el de la educación superior, donde nuestro debate es más intenso y se habla de la necesidad de aumentar sustancialmente el gasto para financiar la gratuidad universal, lo cual impondría al país un gasto  extraordinariamente grande de dinero. Así, habría que posponer el aumento del gasto por alumno preprimario, primario y secundario –donde es absolutamente prioritario– para financiar, entre otras cosas, a los alumnos que provienen de los hogares de mayores recursos de la sociedad. Realmente, a mi entender esto no hace sentido por ningún lado. Sería una manera de fugarse hacia atrás… Con todo, no hay que descartar que pudiéramos llegar a tener durante los próximos años, efectivamente, educación superior gratuita.

Dicho todo esto que resulta en un panorama relativamente escéptico, habría que ver cuáles podrían ser los escenarios de futuro. Yo creo que por delante surgen cuatro escenarios básicos alternativos.

Primero, uno que vería imponerse una revisión drástica del sistema en todos sus niveles; una auténtica refundación del mismo; un partir con nuevos fundamentos, con una nueva forma de organizar la provisión educacional. Yo creo que esto no es posible. Es decir, hay demasiada inercia en el sistema como para hacer una revisión completa y pasar, por ejemplo, de un sistema mixto a un sistema puramente público y de gasto únicamente estatal.

Segundo, en el polo opuesto, está el escenario donde todo se mantiene inamovible por los próximos años, reproduciéndose por lo mismo un conflicto permanente: los estudiantes seguirían en las calles, harían mensualmente sus protestas, y esto podría durar varios años, igual como la discusión de la ley de instrucción primaria obligatoria tomó más de veinte años entre el primer proyecto que se presentó al Congreso Nacional y el proyecto que finalmente se aprobó en 1920. Entre medio  hubo 10 o 15 intentos, 20 años de disputas, manifestaciones, querellas, debates en los diarios y en el Parlamento, ministros de educación que iban y venían. Es cierto, ahora las cosas ocurren un poco más rápido. Pero no veo por qué uno no podría imaginar que todo el próximo gobierno, por ejemplo, estuviese bajo el signo de intensos conflictos en el campo educacional, sin que necesariamente se avance ni se produzca un resolución a favor de alguna de las posiciones en pugna.

El tercero de mis escenarios es el escenario del gran acuerdo; es decir,  que pudiéramos tener a la Presidenta o al Presidente elegido en diciembre próximo reunido un día –como ocurrió antes— con sus ministros principales y los jefes de partido y representantes de los movimientos sociales, todos alegremente levantando las manos en un  gesto de satisfacción con la solución encontrada y pactada. Pero, ¿es posible acaso imaginar una imagen así?

No parece. Pues ustedes ven cómo de rápido cambia la opinión pública en estos asuntos. Hace unos pocos años el acuerdo educacional presidido por la Presidente de la República fue saludado y aplaudido como un gran avance para el país. Hoy día es motivo de risa, escarnio y de vergüenza. Anoche todos los precandidatos de la concertación pidieron disculpas por haber participado en este acto ignominioso, el de haber logrado un gran acuerdo en educación… Efectivamente ha cambiado el clima de opinión muy radicalmente y por eso no creo que se pueda producir mañana un gran acuerdo.

Por último, el cuarto escenario posible es que se vaya encontrando parcialmente –por medio de avances y retrocesos, gradual y conflictivamente, a través de un proceso frustrante y desgastador—acuerdos concretos pero de desigual valor en los diferentes doce casilleros de la matriz con que inicié mi intervención. Un día algo, al otro día algo más. Un paso adelante o dos, y medio paso al costado o atrás. Tal como por lo demás transcurre casi siempre la política: dentro de los márgenes de lo posible, mediante ajustes mutuos.  Ya sé: este es un escenario que a nadie deja satisfecho, especialmente ahora que se ha creado tal grado de expectativas en torno a la educación y su importancia para las sociedades.

Vivimos en efecto en un entorno donde todo parece depender de la educación: la productividad y competitividad de la economía, la cohesión social, nuestro sentido como nación, la identidad frente a las fuerzas globales, la reducción del crimen y la pobreza, la convivencia democrática, la deliberación pública y no sé cuántas cosas más. A mí todo esto me parece una exageración, una verdadera inflación retórica. Que todo se soluciona con la educación es una panacea; una ilusión que se vende bien en el mercado de las esperanzas. Pienso que no nos damos cuenta de que no es así; que el papel de la educación es mucho más limitado; que ella nunca puede compensar, por sí sola, las desigualdades de la cuna; que no sustituye a la familia ni a la sociedad civil; que junto con crear oportunidades a la vez ella cierra otras, selecciona, marca fronteras y genera estratificaciones y conflictos de status y poder.

Sobre todo en estos tiempos, cuando los desacuerdos respecto a los fundamentos de la organización educacional parecen primar entre nosotros, convendría ser más sobrios y prepararse para unos escenarios de relativo estancamiento y conflictividad o bien de avances lentos, contradictorios y muy desxitantes de  las expectativas que proclamamos para la educación.

(Fuente: José Joaquín  Brunner Ried)

 

Recuerda que puedes seguirnos en facebook:

Déjanos tu comentario:

Su dirección de correo electrónico no será publicado.

*

Sé el primero en comentar

sertikex-servicios-informáticos www.serviciosinformaticos.cl