«Enseñar, es enseñar a dudar» Eduardo Galeano

 

 

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LA ENADE Y LOS APLAUSOS DEL GRAN EMPRESARIADO

Enrique Fernández Darraz

Dr. en Sociología, académico

Como sabemos, los aplausos hablan. No lo hacen en lenguaje verbal, pero ellos expresan satisfacción o aprobación. Por lo mismo, a veces son “cerrados”. Otros culminan en ovaciones. Y, en muchos casos, son tímidos o acordes a la circunspección que el evento amerita.

El jueves 20 de abril se llevó a cabo el encuentro anual de ENADE, que organiza el gran empresariado para conversar públicamente con autoridades y especialistas. En esta oportunidad la actividad llevó por título “Concordia Discors. La conexión de la divergencia”.

La sesión inaugural contó con tres presentaciones. La primera, a cargo de Karen Thal, Presidenta del Directorio de ICARE. Luego, Ricardo Mewes, Presidente de la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC). Para culminar con el Presidente de la República, quien se refirió a diversos temas durante casi 50 minutos.

Considerando el aplauso de cierre, el empresariado batió sus palmas trece veces durante el discurso de Gabriel Boric.

El primero se lo dedicó a los siete minutos, cincuenta y tres segundos (07:53), cuando refrendó “el sueño” de Karen Thal. Igual acogida tuvo su compromiso de asumir el “desafío” de Karen, de ser el Presidente que una y no que divida a los chilenos (26:11). Tiendo a pensar que en ambas ocasiones la celebrada era ella más que él.

También merecieron un reconocimiento el Ministro Mario Marcel y su equipo, al ser resaltados por evitar la crisis económica que tanto agorero había profetizado (09:00).

Con mucho entusiasmo batieron sus palmas cuando el Presidente abordó su nueva política de protección de fronteras, alabando el rol de las Fuerzas Armadas, Carabineros y las autoridades locales (11:11). También al mencionar a la viuda del carabinero Alex Salazar y la desgarradora carta que le escribió, para luego expresar su compromiso con ella, la institución y el país, y de que veremos “hechos y no palabras” (43:37).

Dos momentos en que se aplaudió con gran sonoridad se produjeron al anunciar que se reuniría con Ricardo Mewes y el Consejo de Modernización del Estado para hablar acerca de cómo hacer más eficiente el gasto público (34:52) y al señalar que se ingresaría una reforma al sistema de tramitación de los permisos sectoriales, “porque estamos comprometidos en construir un Estado más ágil y más moderno que entregue certezas para la inversión” (35:35).

Hubo, además, dos aplausos que podrían ser calificados de tímidos. Uno al aludir a las “tremendas oportunidades” que nuestra patria tiene (24:40) y otro aún más escuálido mientras hablaba sobre seguridad y señaló que “nuestra unidad es el arma más poderosa que tenemos frente al crimen. Si actuamos en conjunto, sus días están contados” (44:33).

En un instante se generó también un pequeño rumor de malestar: cuando les dijo que el gobierno ya había escuchado qué partes de la reforma tributaria no les gustaban. Pero que ahora quisiera saber qué partes sí les gustaban (36:37). Al parecer esta interpelación no agradó nada a la concurrencia.

Por supuesto, para muchos temas no hubo ningún aplauso: Estado de Bienestar, reconocimiento del pueblo mapuche y de la deuda histórica con él, reducción de la jornada laboral, distribución más justa de la riqueza, recuperación de los espacios públicos a través de iniciativas culturales como las de la alcaldesa de La Pintana, royalty, medio ambiente. En fin.

Tampoco lo hubo al pedirles generar, en conjunto, certezas para construir un futuro mejor: “El sector privado demanda certidumbres para invertir. El pueblo certidumbres para vivir.” (47:52).

El lector o lectora aguda ya se habrá percatado que faltan dos aplausos. Los dejé para el final, porque creo que ellos sí fueron, indudablemente, dedicados al Presidente.

Uno cuando hizo un chiste alusivo a una conversación que se estaba dando en la primera fila y que, como dijo, tal vez podría contribuir a agilizar la reforma tributaria (33:36). El otro al señalar que el liderazgo es el arte de escuchar y aprender de quien piensa distinto. Al momento de afirmar que la inflexibilidad es la vocación del fanático, del profeta y del mesías, y reconocer que “yo no soy ninguno de ellos”, el auditorio le dedicó un sentido reconocimiento (13:33).

En síntesis, pese al presuntuoso título del evento, no hubo aplausos del gran empresariado para la divergencia.

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