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¿LA ESCUELA ABRAZA A LOS NIÑOS TRANSEXUALES?

Paola Tapia López
Profesora Educ. General Básica Mención lenguaje
Máster en Investigación de la didáctica de la lengua y la literatura
Doctora en Investigación de la didáctica de la lengua y la literatura

En las salas de clases y los patios de las escuelas pueden ser inseguros y abrumadores para los estudiantes transexuales y transgénero (también llamados trans) y los estudiantes que no siguen los estereotipos de género. También podrían ser un ambiente acogedor donde todos se sientan como parte de una comunidad con ánimos de aprender con éxito en el último estadio de la diversidad: la integración de alumnos transexuales en las aulas.

La transexualidad es una más entre las diversidades que afectan a los niños y niñas de nuestro país, y por lo tanto, también está en las escuelas. Otra cosa es cómo están respondiendo las escuelas ante esa realidad, y muchas veces no es de la forma adecuada. No existe ningún protocolo a nivel nacional que indique a las escuelas cómo actuar. Y eso hace que por el solo hecho de nacer en uno u otro lugar, un niño trans puede vivir y desarrollarse conforme a su identidad de género o no.

Chile es un país que aun vive en el limbo de no saber cómo tratar a sus niños transexuales. “El pediatra nos apoyó en comenzar a tratar a nuestro hijo según su sexo sentido, pero nos reconoció que no tenía ni idea de adónde derivarnos. No existe un protocolo en este país  para estos casos. Fue todo muy frustrante, hasta que buscando por internet y apoyo de profesionales idóneos comprendimos que nuestro hijo no es un enfermo sino que forma parte de la diversidad”,  recuerda el  padre de Andrés, un niño transexual de ocho años.

Después de hablar con los profesores y organizar una charla con los padres, Andrés pasó a ser tratado como un niño. Y así consta en las listas internas de la escuela y entre sus compañeros. “Hoy, Andrés es un niño feliz consigo mismo. Una vez inicias el tránsito social, todo son beneficios para la felicidad de nuestros hijos, todos los padres terminamos haciéndonos activistas. El ocultarlo, rechazarlo o corregirlo afecta a la autoestima del niño y todos sabemos cómo terminará eso: en secuelas para toda la vida, depresiones y, como por desgracia aún vemos, también en suicidios”.

No es que ahora haya transexuales y antes no. Siempre los ha habido, otra cosa es que la sociedad diera información a esos niños para detectar qué les estaba pasando. El género no tiene que ver con lo físico sino con lo psicológico, sabernos de  hombres o mujeres independientemente de nuestros genitales. Y eso todos lo identificamos cuando tenemos entre dos y cuatro años de edad.

Hoy existe mayor información sobre la diversidad y es algo que ya se enseña en los colegios. Este cambio en el entorno social nos va a permitir identificar y hacer visible el género a edades más tempranas.

“Ximena lo ha expresado desde que tenía dos años. En casa la dejábamos ser como ella quería, pero en la calle debía seguir siendo Roberto. Hasta que en una Semana Santa, con siete años, al regreso del colegio me dice que no se quiere poner el pantalón, que quiere una falda. Y pensé ‘ay, por qué’. Hablé con su profesora y le dije que no iba esperar más, que desde ahora mi hija iba a ir a la escuela como Ximena y que estuvieran atentas por si ella se apartaba o la marginaban. Los profesores se alarmaron un poco, pero todo fue mucho mejor de lo que esperaba. Hoy Ximena vive una etapa de euforia, tiene un montón de amigas, nunca en su vida había tenido tanta fuerza”, relata su madre. “Está tan cómoda que a veces no quiere verse como es, no quiere sentirse diferente al resto. Sé que cuando llegue a la pubertad, tendrá que enfrentar situaciones difíciles, pero haber hecho el tránsito ha sido un alivio para todos”, continúa la madre mientras la hija, que está al corriente de todo lo que atañe a su sexualidad, juega despreocupada con su mascota.

Los profesores deben tener la actitud de informarse, de enseñar ya desde la pre básica a que no hay un género masculino y otro femenino, sino que en la vida todo es diversidad, que un niño no debe ser encerrado en dos géneros en base a sus genitales, porque es entonces cuando estás creando las fobias. Si desde las escuelas se supiera detener la discriminación, reduciríamos mucho el acoso que sufren los niños transexuales, que no son sino niños obligados a gestionar una presión que les sobrepasa.

Espero que en un futuro no muy cercano, la gran lucha de las familias y de algunas asociaciones aprueben una ley que permita  el cambio de nombre y género en la cédula de identidad  de los menores de edad en Chile. Actualmente, una persona debe tener 18 años, llevar dos años hormonándose y ser diagnosticada por un psiquiatra con disforia de género (un trastorno mental, según la Organización Mundial de la Salud) para poder modificar el género en sus documentos de identidad. O lo que es lo mismo, pasar por el aro y aceptar que es un enfermo mental y no es justo si queremos vivir en una sociedad inclusiva.

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