«Enseñar, es enseñar a dudar» Eduardo Galeano

 

 

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La onda expansiva.

No sé si este comentario debiera corresponder a “economía” o a una “crónica policial”. En consecuencia, cada lector debe asumir la responsabilidad de clasificarlo adecuadamente.

En términos muy simples, la llamada “onda expansiva” corresponde a una onda de choque que se genera a partir de una explosión y que se desplaza a mayor velocidad que el sonido provocando un fuerte incremento en las temperaturas y notorias diferencias de presión. En buenas cuentas, cuando se lanza una bomba, además de sus efectos inmediatos y directos, se generan graves consecuencias más allá del punto de destino del artefacto. Se trata de efectos un poco retardados pero de resultados finales graves.

El escándalo del mes (¿o del año?) es, por ahora, el “caso Hermosilla”.

CIPER hizo pública la sorprendente grabación de una reunión en la que el abogado de la elite Luis Hermosilla, su colega Leonarda Villalobos y el empresario financiero Daniel Sauer planean, en lenguaje bastante liberal y coprolálico, el soborno a funcionarios del Servicio de Impuestos Internos y de la Comisión para el Mercado Financiero para frenar las investigaciones en contra de las empresas de Sauer ya sancionadas por la CMF.  Se habla con todo desparpajo de los “precios de mercado” de los sobornos, de las sumas adeudadas por gestiones pasadas y de la necesidad de armar una caja negra abundante en recursos para exigir a los empleados públicos lo máximo, intervenir equipos computacionales y, si es preciso, incendiar las correspondientes oficinas fiscales.

El primer efecto directo e inmediato de la bomba periodística de CIPER, afecta a Hermosilla. Queda claro que el prestigioso profesional litiga y defiende a sus clientes no con las armas del Derecho sino con las herramientas de la corrupción y del delito. Su publicitada fama se deshace de golpe y, de ahora en adelante, todo el mundo entenderá que quienes contraten sus servicios no solo son culpables sino que son personas que están dispuestas a todo con tal de salvar su pellejo y su fortuna.

Otra víctima directa de la explosión es Villalobos. Ella grabó la reunión, con fines aún no determinados, y creó las condiciones para que el registro se hiciera público. También ella recibió de alguien, desde el interior del SII, la nómina de los 44 RUT que estaban siendo investigados.

Sauer, por supuesto, ya que mostró su total disposición a poner los recursos necesarios para financiar la operación, trasluciendo en sus palabras que muchas de sus gestiones hechas a través de la empresa de factoring Factop se habían  efectuado mediante facturas ideológicamente falsas que también habrían sido operadas por el poderoso consorcio Larraín Vial.

Precisamente, el citado grupo Larraín Vial aparece como una de las “víctimas” de la onda expansiva del escándalo. Si las cosas se hacen como se debieran hacer, una investigación exhaustiva a ellos es indispensable.

En la grabación hecha con el celular de Villalobos, se menciona entre los sujetos que han operado torcidamente a un tal Munir. Indagaciones posteriores han determinado que el referido es el empresario Munir Hasbún Rezuc, de quien se conocen pocos antecedentes pero que algunos han indicado como arquitecto penquista. Hasbún habría incursionado en el lucrativo negocio de la educación haciéndose socio y luego controlador de la Universidad Bolivariana (plantel en el cual cursó sus estudios de Derecho Villalobos) para hacerse posteriormente de la Universidad de Aconcagua y del Instituto Profesional Valle Central, establecimientos ambos que son gestionados por la Sociedad Educacional del Maule. Las reiteradas referencias en la reunión de autos al tal Munir, implicarían que este habría participado en operaciones ilícitas o que estaba en pleno conocimiento de lo que estaba sucediendo. La onda expansiva llega hasta él y hasta los planteles citados.

La fiesta está recién comenzando. Es posible que, si el Ministerio Público y los servicios cuestionados (SI y CMF) están dispuestos a llegar a fondo en esta investigación, aparezcan más heridos especialmente en el área de las empresas de factoring y en otros campos de emprendimientos de importantes hombres de negocios.

Al comentar lo que está sucediendo, alguien recordó que el literato francés Honorato de Balzac dijo alguna vez: “Detrás de cada gran fortuna hay un delito”. Por supuesto, no es para tanto. Tampoco hay que exagerar.

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