El desarrollo de la nación debe estar presidido por el respeto al Medio Ambiente.
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LAS LECCIONES DEL CENSO

LAS LECCIONES DEL CENSO

Como lo señala el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), un censo sirve para contabilizar y caracterizar la población del país en un momento determinado. A través de responder preguntas relacionadas con cuántos somos, cómo somos, dónde y cómo vivimos, se pretende obtener información acerca de la edad, sexo, estado conyugal, nivel educacional, ocupación, actividad económica y otras características básicas de la población nacional, así como entender las condiciones de los asentamientos humanos, en áreas urbanas o rurales, y su relación con criterios de calidad de vida como la calidad de la vivienda, acceso al agua potable, hacinamiento, disponibilidad de bienes y servicios, y acceso a Internet, entre otros.

Para esta oportunidad se determinó utilizar una herramienta internacionalmente aceptada, llamada Censo abreviado, con 21 preguntas. Las respuestas a estas preguntas permitirán a los técnicos del INE trabajar con datos de primera fuente, con los que podrán construir un perfil numérico de nuestra nación, el que posteriormente servirá de base para el diseño y actualización de políticas y programas de gobierno.

La calidad de un censo está determinada por la calidad de la información que se recoge; y ésta,  a su vez,  está condicionada por la calidad técnica del cuestionario que se aplica, y de manera muy importante, por la preparación de quienes tienen la responsabilidad de recogerla, y el compromiso de la ciudadanía para entregarla.

El censo de población y vivienda del 2017 ya se realizó. El 19 de abril recién pasado, se cumplió con un exitoso ejercicio cívico a nivel nacional. Obviamente los desafíos logísticos propios de un actividad de esta envergadura no están exentos de errores y oportunidades de mejora, como aquellos lugares que quedaron sin censar y que serán regularizados en los próximos días. Sin embargo, una mirada objetiva, confirmada por los observadores internacionales invitados a monitorear la jornada, permite concluir que los esfuerzos de transparencia en el proceso de recolección de datos, supervisión logística, oportunidad en la constitución de locales censales, entrega de materiales y participación y coordinación de censistas, fue mayoritariamente satisfactorio.

Ya recibiremos en agosto y diciembre del 2017 los resultados de este trabajo; y podremos opinar entonces acerca de la consistencia y coherencia técnica de la información y la realidad-país arrojada por su análisis.

Como siempre, no faltan los que se quejan porque algo falló; las colaciones muy pequeñas, el censista que pasó muy tarde, la falta de voluntarios en su sector, etc… Esto no debiera sorprendernos, ya que nos hemos ido transformando en estos últimos años en un país quejumbroso. Tampoco faltan los que, en lugar de reconocer los indudables aspectos positivos de este ejercicio y aportar a través de la crítica constructiva, tratan de sacar algún provecho político electoral. Esto era esperable, ya que existe hoy un importante sector de nuestra clase política, que ha hecho de la obtención de ventajas mezquinas y de corto plazo, un oficio.

Sin embargo, dejando de lado este negativismo oportunista, es de sumo importante destacar lo que a mi parecer son las dos más grandes lecciones que dejó este censo: el ejemplar compromiso de los supervisores y censistas y la participación comprometida y generosa de la mayor parte de la ciudadanía. Ambos, claros ejemplos de civismo, que reafirman la esperanza en el futuro de nuestro país.

La preparación de este censo se inició con mucha anticipación. Desde hace ya más de un año, el INE realizaba un arduo trabajo de planificación, organización, capacitación y ensayos, para llegar a determinar al instrumento y metodología más apropiados. En las semanas previas al censo, miles de chilenos y chilenas, voluntarios y funcionarios, se dieron a la tarea de prepararse para esta jornada.

En el sector público, desde la Presidenta y personeros del gobierno, a las y los funcionarios que trabajan en los cientos de reparticiones públicas y municipalidades a lo largo de Chile, participaron de este esfuerzo como parte de su responsabilidad u obligación funcionaria.

Más de 500,000 personas participaron de esta iniciativa, que requirió destinar parte del tiempo personal para capacitarse y preparase de la mejor manera; fueron entre 4 a 8 horas de estudio, esfuerzos de coordinación, apoyo familiar y buena voluntad. El día del censo, estos 500.000 chilenos y chilenas partieron a primera hora de la mañana a sus locales censales, sortearon los problemas logísticos propios del inicio de la jornada y se dieron a la tarea censal; debieron enfrentar el nerviosismo característico de una experiencia nueva, las inclemencias del tiempo en algunos lugares, el desconocimiento de los sectores que les fueron asignados, la sensación de inseguridad en algunos barrios y el cansancio de una larga jornada. Sin embargo, pese a los contratiempos, cumplieron con su cometido y permitieron que el ejercicio censal concluyera con éxito.

Hoy, la mayor parte de las y los censistas, consideran su participación en esta jornada un motivo de orgullo y satisfacción personal.

El día del censo fue decretado por el gobierno como feriado nacional; feriado cuyo objetivo no era el jolgorio o la celebración de algún evento, sino que la participación en un acto cívico de importancia nacional. Ese día millones de chilenas y chilenos permanecieron en sus casas a la espera de ser censados. Algunos, lo fueron rápidamente, mientras que otros debieron esperar largas horas o incluso sufrir la decepción de no ser censados. Algunos vieron en este ejercicio una oportunidad de civismo familiar, en que los niños y niñas esperaban entusiasmados la llegada del censista. Muchos vivieron la acogida y amabilidad, de quienes desde la sencillez abrían las puertas de sus hogares para recibir al censista con atención y generosidad, ofreciéndole un té o un café, un pan con mortadela o secarle la ropa en la estufa mientras realizaban la encuesta. Y la gran mayoría, participó de manera ejemplar, respondiendo en forma seria y responsable las preguntas de la encuesta y facilitando y colaborando con la labor del censista.

Sin nuestros supervisores y censistas, y sin la participación responsable de la ciudadanía, el censo de población y vivienda del 2017 hubiera sido un fracaso. Más allá de la preparación y calidad técnica de la encuesta, y del profesionalismo de quienes analizarán sus resultados, es a los voluntarios, funcionarios públicos y la ciudadanía en general a quienes les debemos un, ¡Muchas Gracias!

Fue este un gran ejercicio cívico, que nos conectó con el País; con ese sentido colectivo hoy tan olvidado; con un compromiso de servicio que nos saca del individualismo y que nos hace bien como sociedad. Gracias por esta ejemplar muestra de civismo y gracias por renovar nuestras esperanzas en un Chile mejor.

 

Maroto, Canadá.

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