«Nuestro país requiere sumar voluntades tras el logro de cambios significativos en la sociedad. Todos los estamentos públicos y sociales, deben cambiar: egoísmo por solidaridad,  crecimiento por desarrollo, Compromiso por la displicencia y la apatía,…  Sumando a ello una visión integral de ciudadanía , la sabiduría por la ignorancia,  unidad por sobre dispersión«

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LAS TRAUMÁTICAS REINVENCIONES URBANAS (Y EL ESTADO SUBSIDIARIO)

J. Antonio Zelada Espinosa

Arquitecto Premio Regional de Arquitectura y Diseño Consejo de la Cultura y las Artes 2012

Leyendo un artículo escrito por un colega en una columna del diario El Sur a propósito del aniversario número 471 de Concepción, recordé haber leído en la memoria del Plan Metropolitano de Barcelona (regalo de mi exalumno que allí trabaja) que la ciudad ha evolucionado ligada a grandes eventos sucedidos en ella antes que por un plan de largo plazo. Y es claro, retrayéndonos al caso del Concepción metropolitano o Gran Concepción, en nuestro caso hemos tenido o sufrido grandes eventos y han sido varios, y ellos han redundado con ‘grande fuerza’ en una evolución o reinvención urbana (como dice mi colega); cambios que, si vamos a las redes sociales ahora en uso, los graficaríamos con una mano empuñada con el dedo hacia arriba o bien con el dedo hacia abajo.

Eventos tenemos hartos en nuestra historia, siendo los principales los terremotos, en 1939, en 1960, y en 2010, y ellos han sido y son los grandes “marcadores” de la evolución urbana. Pero también hubo otros muy impactantes, como el golpe de Estado de los militares en 1973 y la Recuperación de la Democracia después de 17 años en 1990. Y luego, más cerca de nuestro actual estado vivencial, el estallido social nacional, pero también local, en 2019. Siguiendo en un juego secuencial y temporal analítico, si estos eventos –tanto los terráqueos como los sociales– los tomamos como “marcadores”, tenemos 21 años entre el gran terremoto del 39 y el de 1960; después de eso, 13 años desde el terremoto del 60 y el golpe de Estado militar de 1973; desde ese evento bastante trágico a mi entender, 17 años para recuperar el estado ciudadano normal en 1990, y casi 30 años desde el retorno democrático al estallido social. Es decir, la ciudad ha tenido periodos de vida marcados cada 20 años, 13 años, 17 años, y 30 años. Cada tanto se nos ha producido, querámoslo o no, un cambio eventual y fuerte, en casi todos los casos violentos, excepto (y con orgullo lo digo) cuando recuperamos, mediante una elección presidencial, la anhelada democracia que nos quitaron por 17 largos y trágicos años.

Cualquiera diría, como lo hace mi colega en su artículo, que los cambios físicos han sido como los más importantes, me refiero a la destrucción y a la reconstrucción de la ciudad, como obviamente aconteció entre 1939 y 1960, entre terremotos. Yo pienso que hay otros cambios tan o más importantes que los físicos. Después entre los de1960 y 2010, pasaron 50 años, que es bastante en la vida de una urbe. Pero en el intermedio está el golpe de Estado que vaya si ha influido, en algunas cosas para bien, en otras para mal: en el desarrollo o la reinvención física de la ciudad; pero también en el cambio del régimen político y económico, y principalmente en el cambio de la sociedad urbana, es decir el factor social o medio humano, que es lo que principalmente ocupa o mueve esta urbe (y más allá obviamente). Si después llegamos al estallido social de hace más de dos años ya, nadie diría que eso no ha impactado en lo que la ciudad es ahora, pero principalmente en lo que podrá nuevamente ser en un futuro, ojalá próximo. Las ciudades son entes vivos, tanto como los que la crearon, y se juegan su vida en paralelo con sus habitantes.

El columnista de El Sur hace notar la reconstrucción casi increíble que tuvo lugar en Concepción en periodos cortos, de 20 años y menos.  Pues en efecto entre 1940 y 1960 se hicieron cosas grandes en urbanismo y arquitectura, que le cambiaron la cara al menos al área central de la ciudad, como la Diagonal Pedro Aguirre Cerda y la Plaza Perú con sus conjuntos arquitectónicos, asociados a una tipología singular. Edificaciones como la Estación Central de Ferrocarriles, los grandes conjuntos habitacionales de Lorenzo Arenas, el Barrio Universitario de la Universidad de Concepción, el término del primer puente carretero sobre el Biobío. Y en 1960, los sismos (21 y 22 de mayo) con su destrucción (menor que en 1939) trajo las políticas habitacionales y la construcción del urbanismo verdaderamente contemporáneo como la Villa San Pedro, la Remodelación Paicaví, más buenos edificios de arquitectura racional y nueva, realizados por una pléyade de arquitectos de alta vocación y calidad profesional que se asentaron en la ciudad, como lo habían hecho los pioneros y pioneras arquitectos y arquitectas que llegaron en los 40.  

Pero además el sismo implementó los planes habitacionales con leyes y sistemas especiales, como el DFL2 (hay que decir que había surgido el 59) que aún es famoso y no ha sido superado, y el sistema de financiamiento con ahorro y préstamo para la vivienda, originando las Asociaciones de Ahorro y Préstamo, asociaciones público-privadas, también famosas y nunca aún superadas. Se construyeron muchos conjuntos de viviendas, edificios y casas unifamiliares de excelente calidad y de buena arquitectura. Además, ya estaban en funciones las Cajas de Previsión, orientadas a lo que ahora está en crisis: la previsión de los trabajadores, públicos y privados. Las cajas de previsión de entonces (que nunca fallaron en su objetivo principal), además de financiar las jubilaciones de sus imponentes, se dieron en lujo de construir edificios y conjuntos habitacionales que aún son ejemplares (conjunto residencial del Barrio Roosevelt, los edificios EMPART del centro, sus propios y emblemáticos edificios sedes regionales).

Si estamos analizando el periodo del 60 al 90, es principal la fuerza constructiva que tuvo el Ministerio de La Vivienda con sus Corporaciones, grandes instituciones que dieron ejemplo no solo interno en Chile, sino en el mundo, y que funcionaron entre los años 60 hasta el golpe militar: la Corporación de la Vivienda, CORVI; la Corporación de Mejoramiento Urbano, CORMU; la Corporación de Obras Urbanas, COU; y la Corporación de Servicios Habitacionales, CORHABIT. En la ciudad y su área metropolitana hay muchos ejemplos de su acción en urbanizaciones, edificaciones residenciales y de equipamiento de pequeña y gran escala, obras físicas de ingeniería y arquitectura que, aunque parezca que exagero, aún no han sido superadas.

En los 60 se resolvió la costanera norte del Biobío, cuando el MOP y su entonces existente Dirección de Obras Fluviales (borrada por la dictadura) solucionaron la antigua y mal sentida “costanera”, mediante los mismos piedraplenes que funcionan allí hoy, definiendo el borde del río, donde se creaba una situación caótica todos los inviernos por los entonces grandes desbordes del Biobío y los perjuicios a las poblaciones espontáneas que allí se generaron por mucho tiempo. 

Desde el año 1973 en adelante comienza el cambio de rol del Estado que pasa de ser un Estado planificador y ejecutor a un Estado subsidiario, sumándose a la economía de mercado y al liberalismo a ultranza, orientaciones que ya en los 80 pasan a ser predominantes y se van acentuando cada vez más.

Así, a 50 años del ‘terremoteado’ año 1960, nos pilló “no confesados” el terremoto del 27/F de 2010. Y, en estos 11 años transcurridos desde entonces, vemos que, a diferencia de las reconstrucciones antiguas en breves 10 años, ahora no sucedió nada como aquello. Basta como ejemplo (mal ejemplo) el puente que debía reemplazar al Puente Viejo de los años 50 (que se nos fue en 2010), el Puente Bicentenario, aún no se termina en sus conexiones principales con la ciudad ni funciona como corresponde. Que decir nada de los antes emblemáticos Mercados Municipales, como los hace ya tanto tiempo, destruidos en Concepción y Talcahuano.

Las reflexiones tras este relato nos permiten concluir que el rol del Estado imperante hasta 1973 fue el que permitió el resurgimiento rápido, y en muchos casos brillante, de la ciudad después de los eventos que siempre (casi siempre) la han llevado a un cambio finalmente positivo. Pero nos permite concluir que el Estado Subsidiario del actual sistema económico-político no ha sido tan eficaz como lo fue el Estado antiguo que muchos políticos denigran en sus discursos. ¿Por qué ellos lo ven así y nosotros lo vemos de otro modo?

Si uno piensa en el rol urbanístico y de infraestructura, en planificación, diseño y ejecución que cumplieron los ministerios de Obras Publicas y de Vivienda y Urbanismo y sus diferentes Direcciones, o Corporaciones, con maneras de actuar que no se han replicado en la alta calidad con que lo hacían. Y más allá, estuvieron las sociedades constructoras estatales como la de Establecimientos Educacionales, de Establecimientos Hospitalarios, (que dieron un ejemplo al mundo en cómo hacer las cosas y, no obstante, fueron suprimidas por la dictadura); las cajas de previsión que construyeron viviendas para sus afiliados con arquitectura y edificaciones ejemplares y premiadas, en fin. No es lo que se ha hecho desde 1973 en adelante: fue en el pasado, con un estado activo, planificador y ejecutante. Un esplendor del pasado. ¿Lo sabrán y lo valorizarán las nuevas generaciones?

Fuentes de imágenes:

https://www.facebook.com/arqconce/photos/remodelaci%C3%B3n-paicav%C3%AD-originalmente-remodelaci%C3%B3n-concepci%C3%B3ngrupo-tau-pedro-iribar/1400818563336166/

https://www.researchgate.net/figure/Figura-22-CORVI-Raul-Farru-Roberto-Merino-Enrique-Porte-Villa-San-Pedro-1961_fig12_262586133

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