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¿LOS PROFESORES SOMOS MEDIADORES DE LA LECTURA?

Paola Tapia López

Profesora Educ. General Básica Mención lenguaje
Máster en Investigación de la didáctica de la lengua y la literatura
Doctora en Investigación de la didáctica de la lengua y la literatura

Después de años de ejercicio docente  en los diferentes niveles de enseñanza básica he podido observar que no es frecuente entre los alumnos leer por diversión, entretenimiento ni, mucho menos, como una manera usual o cotidiana de allegarse información y conocimiento.

Por tanto, considero que una buena parte del llamado fracaso escolar en la lectura podría evitarse o subsanarse, si los estudiantes se acostumbraran a leer cualquier tipo de escritos, desde los meramente recreativos como las revistas de deportes para los niños o las novelas románticas para las niñas, hasta libros verdaderamente serios y de importancia cultural.

Durante mi reflexión para escribir este artículo me surgen preguntas como ¿por qué mis alumnos no comprenden lo que leen? y ¿qué acciones puede emprender el docente para superar este problema?. La formación integral del niño se refiere a crear en él todas las capacidades, habilidades y destrezas necesarias para comunicarse y comprender lo que sucede alrededor mediante su interacción con los demás, su intercambio de experiencias, su comprensión, su capacidad de abstracción, reflexión y sentido crítico, así como su desarrollo cognoscitivo, afectivo y psicomotriz y su capacidad de transmitir lo que siente y piensa en forma oral y escrita.

Los  niños deben adquirir un verdadero amor por la lectura entre los siete y los catorce años, si se desea que desarrollen hábitos duraderos en este campo. Por tanto, creo firmemente que si mejoramos las capacidades lectoras de  nuestros alumnos  la lectura recreativa, aumentará su aprovechamiento, lo que será observable en mejores promedios y/o menos materias insuficientes. Así, se verían reforzados los objetivos de la escuela, aumentando la calidad de nuestra educación. No obstante, para motivar la lectura, debemos mostrar a los profesores y a los estudiantes  la utilidad que tiene en la vida práctica, así como el enriquecimiento espiritual que ofrece.

“El libro es más importante que lo audiovisual: el terreno en el que permite acceder a la ensoñación y en el que permite construirse a sí mismo. La lectura puede incluso resultar vital cuando tienen (los chicos), la impresión de que algo los singulariza: una dificultad afectiva, la soledad, una hipersensibilidad…”

El rol del docente como mediador y promotor de lectura es un punto de apoyo fundamental, durante el proceso de la enseñanza y adquisición de lectura como actividad que permita el goce y el conocimiento de mundo, pero no es la solución que permitirá erradicar totalmente lo que desde tiempos remotos la escuela ha promovido: leer para evaluar y no para disfrutar. Es largo el camino para llegar al uso de la lectura como acción que implica disfrute. Es decir, los docentes están al tanto de la falta de interés que demuestran los estudiantes para con la lectura, lo que muchos ignoran es que en la medida que ellos se formen, entonces serán parte de la solución, la formación docente es la puerta para que en la escuela se inicie el cambio de la concepción de la didáctica en materia de iniciación de la lectura.

Actualmente la educación formal está produciendo alumnos comunicacionalmente incompetentes, dicho de otra manera, analfabetas funcionales. Hay que tener siempre presente que no todos están llamados a ser letrados (Cassany, 2009), pero sí: usuarios adecuados en el uso de la lengua y sus dos formas oral y escrita.
El docente tiene que ser mediador, orientador que facilite de manera formal en la escuela, el proceso de aprendizaje de la lectura para mostrar caminos, y desde este rol no olvidar que el objetivo fundamental de la lectura es la comprensión de lo leído, teniendo en cuenta que este hecho requiere ejercicio permanente y atención esmerada por parte de los estudiantes inmersos en el proceso de escolaridad, amén del refuerzo en el hogar.

El profesor debe ser ejemplo, tener textos siempre accesibles en el aula, sin ningún tipo de discriminación, permitir que el alumno pregunte, se cuestione, educar desde el niño, su realidad, su edad, no perder de vista que cada alumno tiene un proceso de aprendizaje lector diferente y que por ello el cómo se va apropiando de las habilidades de lectura, no obedece a una cuestión colectiva. Acercar a los estudiantes desde el afecto, mostrar que la lectura es la vía para conocer y creer en un mundo posible.

La actividad lectora debe ser totalmente gratuita para que sea placentera para los estudiantes, ya que si se convierte en otro elemento de evaluación y control, pierde sentido para ellos. Se debe leer por leer, leer porque sí, leer porque me gusta, y por eso propongo la lectura recreativa en la enseñanza básica y media porque es el momento en que la maduración de los niños puede permitirles adquirir o no este gusto de por vida.

Emilia Ferreiro lo menciona con claridad: “El famoso objetivo: despertar el placer por la lectura: ¿cómo lo logras? Supuestamente, leyéndoles cosas bellas, pero el maestro también tiene que demostrar que él siente placer; tiene que sentirlo y no sólo decirlo. Un maestro que se puede divertir con el texto que está leyendo, muestra que eso es posible, que puede reír como puede llorar y no por ello está loco. Haciendo eso transmite una información fundamental a los chicos”

Muchos docentes estamos obsesionados con cultivar en nuestros alumnos el “amor” por la lectura; seguramente, desde que éramos pequeños, a unos cuantos nos gustaba leer. Si tenemos hijos, podemos asegurar que, con toda probabilidad, al menos intentamos inculcar ese gusto en ellos (y es posible que a medio o largo plazo, acabemos consiguiéndolo)… El tema se complica cuando hablamos de los alumnos. He aquí unos consejos.

Leer: es un primer paso muy obvio y sencillo. No podemos animar a nadie a leer si nosotros no leemos, sea por placer, información o  auto-formación

Compartir nuestras experiencias con la lectura, con los estudiantes, pero también con colegas y amigos. Cuenta a tu alumno qué has estado leyendo, qué has aprendido de esos textos, si los recomiendas o no

Leer socializando: hay páginas, donde podemos compartir y obtener recomendaciones sobre todo tipo de libros.

De paseo: una manera más de hacer la lectura algo social. Visita una biblioteca o una buena librería: no se trata de sacar o comprar libros, sino de rodearte de ellos y ojearlos incansablemente.

Escuchar a los libros: hay audiolibros, y en las aulas son útiles incluso para alumnos invidentes. Igualmente, se adquiere vocabulario, aunque no desarrollemos la decodificación de los textos o la fluidez en la lectura; favorece, por otro lado, desatar la imaginación y visualizar las escenas.

Coloquios con los autores: si es posible invitar a la autora o autor de algún libro que incluyamos en la programación didáctica o que sepamos que a nuestras alumnos les gusta, deberíamos intentarlo.

-Conectar con otros temas: los libros, la lectura, siempre ha sido un tema en diferentes escenarios.

Necesidades específicas para poblaciones específicas: no podemos animar a  los alumnos a la lectura sin más, sin tener en cuenta su pertenencia o no a grupos vulnerables, su origen cultural, su género, su origen socioeconómico, su diversidad funcional. Hemos de cubrir las necesidades de todos los educandos.

Enseñar estrategias de lectura: no tanto para degustar literatura, pero sí será útil para su futuro académico en la Educación Básica y superior, conocer algunos trucos de lectura rápida.

Como docentes en nuestro rol de mediador de la lectura debemos estimular el aprendizaje significativo a fin de que los alumnos participen activamente en la construcción de su propio conocimiento, es decir,  deben abandonarse las prácticas autoritarias y paternalistas en los recintos escolares.

El gusto por la lectura se adquiere leyendo por propia voluntad y haciendo personalmente descubrimientos espontáneos.

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2 Comentarios en ¿LOS PROFESORES SOMOS MEDIADORES DE LA LECTURA?

  1. Es hermoso ver en mi hija hoy una profesional, el amor por la lectura. Pero fueron largos años cuyos Domingos eran el día de lectura obligada en el Diario El Sur de Concepción que editaba la “Ronda de los Sapos” para sus pequeñas lectoras.

    Se logró adquirir el hábito de la lectura dando como resultado una relación de más conversación que se mantiene hasta hoy sobre libros, diarios, revistas y otros.

    Abrir la mente al conocimiento del mundo es leer y saber leer enseñándolo siempre desde la mas tierna edad.

  2. Ojalá muchos profesores lean este importante artículo y se interesen en analizarlo colectivamente…
    Si usted profesor lee este artículo, le sugiero, respetuosamente, someta lo a análisis con sus colegas.

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