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María Angélica Blanco: una narrativa del deseo

Tulio Mendoza Belio

Premio Municipal de Arte de la Ciudad de Concepción (2009).

María Angélica Blanco acaba de publicar una nueva novela: “Mil lunas en tus ojos” (Editorial Forja, Santiago, 252 páginas), beca de creación literaria otorgada por el Consejo Nacional del Libro y la Lectura (2018). Su primer libro data de 1986 y fue un ensayo periodístico-histórico: “Mujeres en el acontecer de Concepción”, investigación sobre la huella de la mujer en la historia penquista. Cómo se hace necesaria una nueva edición aumentada de este libro a la luz del tiempo transcurrido y del significativo aporte de las mujeres de nuestra ciudad a la región y al país. María Angélica Blanco es periodista, se tituló en la Pontificia Universidad Católica de Chile, y ha ejercido en diferentes medios e instituciones. Muchos son los periodistas que se han transformado en escritores, baste recordar a Gabriel García Márquez quien consideraba al periodismo escrito como un género literario y como el mejor oficio del mundo: Doy fe: a los diecinueve años –siendo el peor estudiante de derecho– empecé mi carrera como redactor de notas editoriales y fui subiendo poco a poco y con mucho trabajo por las escaleras de las diferentes secciones, hasta el máximo nivel de reportero raso. La misma práctica del oficio imponía la necesidad de formarse una base cultural, y el mismo ambiente de trabajo se encargaba de fomentarla. La lectura era una adicción laboral. Los autodidactos suelen ser ávidos y rápidos, y los de aquellos tiempos lo fuimos de sobra para seguir abriéndole paso en la vida al mejor oficio del mundo, como nosotros mismos lo llamábamos.” (Discurso ante la 52a. Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP, en Los Angeles, U.S.A., octubre 7 de 1996).

            María Angélica Blanco ha incursionado en la narrativa, tanto en novela y en cuento, así como también en el ensayo lírico y en la redacción periodística propiamente tal a través de artículos y entrevistas. Anteriormente publicó las novelas “La noche de las cuatro lunas” (Editora Aníbal Pinto, 1986); “Una burguesa rebelde” (Editorial Planeta, 2006); “La poetisa desnuda” (Ediciones Etcétera, 2008); “Los amantes del Tibet” (Editorial Marenostrum, 2009) y “El puente del Diávolo” (Editorial Marenostrum, 2014). Además, “Besos y besos” (Ediciones Etcétera, 2001, junto al escritor Eduardo Meissner) y la colección de cuentos “A doble faz”, también junto a Eduardo Meissner (Ediciones Etcétera, 2013). Respecto de su novela “La noche de las cuatro lunas” habría que señalar un hecho extraliterario, pero que afectó el acto mismo de la edición: un incendio en la Editora Aníbal Pinto quemó prácticamente toda la tirada del libro: aún conservo un ejemplar chamuscado con una amable dedicatoria de la autora. 

“Mil lunas en tus ojos” es una historia de amor y tragedia y como en sus anteriores novelas, subyace siempre una idea de disidencia, de rebeldía y de libertad frente a la injusticia. Podemos leer sus obras con un claro sentido político-existencial y con la gracia, el misterio y la belleza de una prosa entretenida que atrapa de inmediato al lector. De ahí que esta historia de amor no tenga nada que ver con la llamada novela rosa, subgénero literario cuya estructura es previsible y mecánica, denotativa y reiterativa. María Angélica Blanco maneja en forma muy adecuada los elementos que hacen de la obra artística una verdadera unidad: la continuidad, la progresión, la cohesión, la coherencia, la recurrencia, la tensión, la sorpresa, características que por sí solas no bastan, porque es necesario poner atención a cómo se utilizan y es aquí donde se diferencian el aprendiz del maestro.

La autora se inspira en la obra, vida y muerte del poeta Federico García Lorca (tema recurrente ya empleado en su primera novela), asesinado vilmente a comienzos de la dictadura de Francisco Franco, apenas iniciada la Guerra Civil Española. La autora nos dice que “Lorca gravita como un personaje más en la novela y su verde pluma anuncia, como los sones de un bordón, los clarines del amor y los presagios de la muerte.” Resulta interesante ir descubriendo cómo la autora construye su discurso en diferentes planos que se conectan y hacen atractiva la lectura logrando así ese lector cómplice que debe atar los cabos de la historia.

Estas páginas nos hablan de los caídos, de tantos soñadores que perdieron la vida bajo regímenes militares en países sudamericanos en las últimas cinco décadas. María Angélica Blanco sitúa su narración en un país ficticio como metáfora del dolor colectivo de pueblos hermanos y del nuestro propio donde a miles de hombres y mujeres se les negó todo derecho en tiempos de dictadura. Así, su novela está inmersa en la cultura, la historia, la microhistoria, la sicología, la sociología y el arte, todo traspasado por la poesía que subyace en su escritura y nos instala frente a una escritura-objeto que permite, según Heidegger, la vivencia estética.   

Leemos en la contraportada del libro: “A través de las andanzas de Elisa Olivos, una joven reportera impetuosa y soñadora, la autora narra la vida de una mujer y la de su familia, formada por su frágil madre, etérea y enfermiza; su reflexivo y juicioso padre; su marido, un apático arquitecto que reprime sus emociones; su fantasiosa abuela y su más íntima confidente, su vieja nana de la infancia. Un concurso literario llevará a Elisa Olivos hasta España. En una taberna madrileña, al amparo de la tibieza de un vino andaluz, conocerá al hombre que la hará saborear el vértigo de lo prohibido, el éxtasis y la agonía. Se trata de un temerario y aguerrido periodista que saborea la vida con deleite, un corresponsal de guerra que plasma sobrecogedores reportajes televisivos desde los más lejanos rincones del planeta.”

La novela de María Angélica Blanco tiene mucho “de película”, al menos en tres acepciones: como algo muy visual que puede ser llevado al cine, como una ficción bien lograda y como algo de excelencia. Es, en fin, un apasionante relato que entreteje historias paralelas en un turbulento período de pasiones políticas y de abismales odios incontrolables. El lector tiene la palabra.

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