“Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.” Salvador Allende, 11 de septiembre de 1973.

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Más flores y menos césped

María Gabriela Saldías Peñafiel

Ingeniero Agrónomo- Paisajista. Investigadora y docente, Escuela Arquitectura del Paisaje, Universidad Central de Chile.

Una proporción alta de los jardines de casas, edificios residenciales, de oficinas e industriales son destinados a césped, denominado más frecuentemente pasto. Consiste en una cubierta verde de hierbas, que requiere de una mantención periódica, lo que incluye eliminar malezas, cortes constantes para mantener bajo y estimular nuevo crecimiento y por cierto riegos habituales especialmente en climas áridos y semiáridos.

Por alguna o quizás varias razones existe una cierta devoción de un grupo amplio de la ciudadanía por el césped, y se visualiza una preferencia frente a otras alternativas de paisajismo más biodiverso, lo que es fácil de apreciar en las denominadas parcelas de agrado, algunas de 5.000 m2 que en ocasiones se siembra un 50% o más del terreno o bien se tapiza (césped en rollos) aceptando las personas involucradas todo el costo asociado en agua de riego y mantención periódica que esto conlleva. Situación que se repite en ambientes plenamente urbanos en que los jardines de los edificios están formados mayoritariamente por césped (incluidos el letrero No pisar el césped), lo que no cambia en gran medida en jardines medianos y pequeños de casas.

Al consultar a las personas por esta marcada preferencia se escuchan respuestas del tipo: ….porque permite que los niños, mascotas y familia jueguen, es posible descansar, tenderse encima, se ve ordenado y no se ve la tierra, la extensa alfombra verde invita a la relajación y además se escucha decir que es bonito.

Imposible desmentir lo que las personas piensan y sienten, no hay dudas sobre esto, más aún son opiniones que se repiten en diferentes localidades del territorio nacional en que las condiciones climáticas son muy contrastantes. En ciudades como Valdivia y Osorno el costo de mantención y sustentabilidad de extensas superficies de césped especialmente en relación al riego tienden a ser aceptables, producto de las altas precipitaciones distribuidas durante el año  (a excepción de los meses de verano en que se requiere riego) y la humedad alta que favorece el buen aspecto de la superficie cespitosa, lo que difiere fuertemente con la situación vivida en zonas cada vez más áridas en las Regiones Metropolitana, Valparaíso, Coquimbo, del L. B. O´Higgins y del Maule con un recurso hídrico escaso y además disputado.

Frente a esta realidad y sin desconocer las preferencias de las personas, es  necesario explicar que los aportes ambientales del césped son reducidos, lo que queda claro al observar la uniformidad del relieve, que no se los deja florecer y debido a la baja composición de especies integrantes de la mezcla. Una diversidad de formas, que comprenda árboles, arbustos y hierbas, con toda su composición floral además de aportar en belleza sirven de alimento, refugio y lugar de nidificación a muchas aves e insectos, por tanto incrementan la biodiversidad en ambientes urbanos como periurbanos y rurales.

Con algunos cambios, especialmente en la forma de percibir nuestro entorno, es posible generar grandes transformaciones y así, avanzar hacia áreas verdes más sustentables, cuyo costo de mantención se reduzca y aporten a crear ciudades ambiental y socialmente de mayor calidad. Y ¿cuáles podrían ser esos cambios o recomendaciones? A continuación les comparto propuestas desde mi experiencia como agrónomo y paisajista.

  1. Reduzca la superficie de césped. Con una pequeña superficie sus hijos y familia podrán jugar y recrearse.
  2. Elimine todos aquellos pequeños retazos de césped que solo dan trabajo, demandan agua y su aporte social y ambiental es muy menor.
  3. En parcelas de agrado, plante muchos árboles de preferencia nativos, los que le entregarán una gran riqueza de espacios, sol y sombra, movilidad de follajes, diversidad de texturas y colores y con ello estará contribuyendo a liberar mucho más oxígeno a la atmósfera, captando dióxido de carbono (uno de los principales gases de efecto invernadero) aportando en diversidad de hábitat para la fauna. En resumen cambie el pasto por un bosque.
  4. Desarrolle toda su creatividad y diseñe sectores con suculentas y piedras de diferentes tamaños. Son hermosas, resistentes, de bajo mantenimiento y no dejará de sorprenderse con sus formas, colores y floraciones.
  5. Cultive una huerta o bien integre plantas de hortalizas en su jardín. Plantas de orégano, salvia, romero, cedrón, matico, ruda, paico, melisa, menta, lavanda no deberían faltar, son medicinales y entregan aromas y flores durante todo el año.
  6. Preocúpese de tener siempre muchas flores, además de las mencionadas, agregar: caléndulas, aliso, espuela de galán, malvas, perritos entre otras.
  7. Incluir siempre una cantidad importante de árboles, arbustos y hierbas nativas. Algunas especies de amplia distribución son: quillay (Quillaja saponaria), espino (Acacia caven), boldo (Peumus boldus), corontillo (Escallonia pulveulenta), corcolenes (Azara celastrina, Azara dentata), romerillo (Baccharis linearis), vautro (Baccharis macraei), colliguay (Colliguaja odorifera), siete camisas (Escallonia rubra), pata de guanaco Cistanthe grandiflora), armeria, (Armeria maritima) escabiosa (Erigeron luxurians) entre otras.
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