«La paz es hija de la convivencia, de la educación, del diálogo. El respeto a las culturas milenarias es hacer nacer la paz en el presente». Rigoberta Menchú, activista por los derechos indígenas.

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“ME ATREVÍ A IR MÁS ALLÁ DE MI VENTANA”

Sigrid Mennickent Cid

Químico Farmacéutico, Magíster en Ciencias Farmacéuticas. Académico Facultad de Farmacia. Universidad de Concepción.

Y aquí estamos. Hace quince meses. Quince meses en que nuestras vidas cambiaron. No sabemos si para siempre. Algunos seguimos estando, otros partieron a causa de esta pandemia. Esta pandemia nos pilló desprevenidos, estábamos preparados o , mejor dicho, habíamos integrado en nuestros cerebros y corazones, que podían producirse terremotos (“Chile es un país sísmico” lo escuchamos desde la niñez  y muchos experimentamos el terremoto del 2010), inundaciones, aluviones, pero una pandemia…..eso solo lo habíamos considerado para películas de ciencia ficción.

Esta pandemia nos encontró indefensos, desprevenidos, sin saber qué hacer, qué pensar, qué sentir. En este tiempo, más de un año ya, hemos aprendido a convivir con este nuevo virus, hemos aprendido a incorporar a nuestro día a día diversas acciones preventivas, entre ellas a conservar distancia física de las demás personas. A muchos los hemos visto solo a través de los medios de comunicación tecnológicos, a otros los hemos visitado, pero ahora con una mezcla de alegría y temor. Temor por ellos, temor por nosotros, temor por nuestros demás seres queridos ¿los infectaré?, ¿me infectarán?, ¿infectaré después a otros? Un abrazo de alguien externo a con quienes vivimos nos hace ponernos tiesos, quizás hasta retroceder un poco, voltear la cabeza (no vaya a ser que me respiren en la cara) ¿Sacarnos la mascarilla con ellos, con ellas? ¡Uy! Quizás, no sé, no debiéramos.

Después de quince meses, me atrevo a ir más allá de mi ventana. Pero sólo un poco. Con muchas medidas preventivas, que son necesarias, por supuesto, pero que han marcado un antes y un después en nuestra manera de vivir, de relacionarnos, de ser. Sabemos que debemos actuar así, sino la situación sería peor, pero no tuvimos elección. Este nuevo virus no nos dejó elección. La humanidad entera quedó a su merced, impotente, sensible, y quedó dañada, herida, sufriente.

Pienso que los sociólogos tendrán mucho que decir en unos años más, cuando esto haya pasado, porque pasará, nos aferramos a eso, así como pasó la gripe española, la peste negra y tantas otras epidemias que afectaron a gran parte de la humanidad y que no alcanzaron a ser pandemias porque no existía el desplazamiento de personas entre un país y otro que vemos (o veíamos) en la actualidad. Los sociólogos tendrán mucho que decir en relación con nuestra convivencia y relacionamiento antes y después de la pandemia ¿Volveremos a ser los mismos? A abrazarnos espontáneamente y no esquivar o temer ese abrazo, a compartir un café o una conversación juntos, cerca, sin mascarillas, sin miedos ¿Y los niños de la pandemia? Los que nacieron en la pandemia y los que empezaban a descubrir el mundo y a sus pares en este tiempo, y que integraron rápidamente la distancia física, la mascarilla, el alcohol gel, el lavado pulcro de manos. “No me puedo acercar más ni te acerques tú, no me toques, no me abraces, llevo mi alcohol gel, debo lavarme y desinfectarme porque toqué algo” ¿Cómo serán esos niños en unos años más? Cuando aún sean niños, cuando sean adolescentes, cuando sean adultos ¿Serán “de piel” como lo fuimos nosotros?, ¿elegirán compartir con los demás o serán más solitarios, retraídos? ¿serán obsesivos?

Creo que también los psicólogos y psiquiatras tendrán mucho que decir de este tiempo ¿Cuántas personas con crisis de pánico, con depresión, con angustia, con soledad? La incertidumbre ha sido enorme y aún lo es. Incertidumbre del día a día ¿estaré mañana, pasado, el próximo mes? ¿estarán los que amo? ¿habrá trabajo, comida, vivienda? ¿tendremos lo básico? ¿desaparecerá la humanidad? ¿se eliminará la pandemia? ¿cuándo?

Nos aferramos a sobrevivir cada día. A sobrevivir a la pandemia, a nuestros miedos, a las carencias, a la soledad. Los creyentes nos aferramos a Dios también. Y seguimos hacia adelante, aunque no sabemos qué pasará. Pero debemos seguir dando pasos. E integrando un montón de cosas nuevas. Para prevenir, para comunicarnos, para trabajar. Caminar e integrar. Días mejores que otros. Pararse y seguir caminando. Paso a paso, al igual que la frase que define las fases de prevención de contagios. Esa frase que quedará en nuestra conciencia y después pasará a ser parte de nuestro inconsciente, allí donde quedan muchos temores, heridas, sufrimientos, y que afloran cada vez que estamos en situaciones de stress. Como ésta.

Confiemos en que sí va a pasar. En que volveremos a ser nosotros mismos, libres, confiados, serenos. Y en que este tiempo permita que abramos los ojos a lo hermoso que no nos detuvimos antes a valorar, o que estábamos tan ocupados que no le dimos el valor que tenía. Pongamos las cosas en la balanza y pensemos que solo se vive una vez y que el tiempo pasado no volverá.

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