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MI VIDA EN ESPAÑA EN TIEMPOS DE FRANCO

Sigrid Mennickent Cid

Químico Farmacéutico, Magíster en Ciencias Farmacéuticas. Académico Facultad de Farmacia. Universidad de Concepción.

Entre 1971 y 1974 viví en Madrid junto a mis hermanos y a mis padres, ya que ellos fueron a doctorarse en esa ciudad: mamá en Ciencias Químicas y papá en Matemáticas. Yo tenía 9 años cuando partimos a España, un país del cual los tres niños sabíamos sólo que existía un tren subterráneo que transportaba personas, eso nos había dicho Any, hermana mayor de mi mamá, que había cursado en Madrid su especialidad médica. Yo me preguntaba cómo sería aquello de un tren circulando por debajo de la tierra, me imaginaba a los pasajeros entrando a una especie de cueva para tomar aquel tren. Era algo emocionante para mí irnos a vivir por unos años a otro país, pero principalmente me producía incertidumbre y una gran pena dejar en Chile a mi abuelita materna, mi mutti.

Un día de Agosto nos fuimos a España. Llegamos a un calurosisimo Madrid, a pesar de que ya habían pasado las temperaturas más altas. El departamento (piso) que mis padres habían arrendado desde Chile ya no estaba disponible. Nunca entendí por qué, pero quedamos sentados afuera de él seis personas (viajaba también con nosotros una señora que cuidaría de mí y de mis hermanos mientras mis padres estudiaban), con un montón de maletas y sacos marineros llenos de ropa. Acudió en nuestro auxilio un amigo de mi tía Any y nos llevó a un departamento de paso, en el cual estuvimos unos meses y luego nos trasladamos al que sería nuestro hogar durante esos casi cuatro años. Mi hermano y yo ingresamos a un colegio estatal relativamente cerca de casa, era laico, pero en la época de Franco, todo establecimiento debía seguir cánones católicos, por lo cual rezabamos al inicio de las clases de la mañana y las de la tarde. Además, en una pésima comprensión de ciertas normas, los niños no podían estar con las niñas, por lo cual los niños ocupaban un piso del edificio y las niñas ocupábamos otro. Salíamos a recreo en horarios diferentes y por pasillos distintos, de modo que no tuviésemos contacto cuando unos entraban desde el patio al edificio y las niñas hacíamos el recorrido inverso. Yo encontraba todo esto muy raro, especialmente ya que venía desde un colegio laico y mixto en Chile. Además, nos hicieron repetir un curso a mi hermano y a mí ya que encontraron que los contenidos de enseñanza que llevábamos eran inferiores a los que ellos exigían en los cursos a los que debíamos ingresar. La verdad es que eso era lo único en lo que les encontraba razón. Mis compañeras pronto se habituaron a mí y yo a ellas. En un principio me preguntaban dónde estaba Chile, si andábamos con plumas, cosas así que en parte me ofendían y en parte me divertían. Cuando ya nos hicimos amigas, ellas amaban las celebraciones de cumpleaños que hacíamos en casa, ya que era totalmente desconocido para ellas el tema de las sorpresas, la decoración y la celebración misma.

Cuando cursaba sexto básico, mi profesora se enfermó y la sustituyó una alumna en práctica docente y aquí empezó un verdadero tormento para mí, ya que a esta joven profesora se le ocurrió realizar una clase de Ciencias Naturales dedicada al tema de la concepción de los bebés, obviamente orientado al grupo etáreo al que iba dirigido. Esa clase era muy importante, desde mi punto de vista, ya que la mayoría de mis compañeras pensaba que a los bebés los traía la cigüeña, y las más revolucionarias (las que no creían aquello) pensaban cosas realmente sorprendentes.

Volviendo a la clase planeada por la joven docente, ella solicitó a las niñas que tuvieran material que pudiera servir, como por ejemplo libros, para llevar ese día. Mis padres me habían comprado un libro del tema en la Feria del libro del parque El Retiro, adecuado a mi edad, y yo lo llevé. Estábamos en aquella clase cuando sucedió algo que nunca sospechamos pudiera pasar; llegó la profesora de planta. Se horrorizó del tema del cual se trataba la clase, intercambió unas palabras con la profesora en práctica, la cual nunca volvió, y preguntó de quién era el libro que estaba sobre el pupitre de la profesora. Yo contesté que era mío, sin sospechar siquiera cómo funcionaba la mente y las trabas  impuestas por años a tantas personas como a aquella profesora. Ella requisó mi libro, un libro para niños y niñas de 8-12 años, me suspendió, lo llevó la Directora, y mandó a llamar a mis padres. Cuando mi madre fue conmigo a hablar con la Directora y a explicarle que ellos me habían comprado el libro y que no veía dónde estaba lo malo, la Directora lo esgrimió como algo feo, sucio y peligroso. El libro hablaba de que “la semillita del papá se unía a la semillita de la mamá”, pero eso ya era suficientemente horroroso para esas mentes y corazones tapiados, acostumbrados a no pensar coherentemente. Me echaron del colegio con once años.

Y entonces sucedió algo más que cambiaría mi vida y la de mi familia. En Chile se produjo el golpe de estado de 1973 y a mis padres dejó de llegarles la beca Conicyt y sus sueldos… nos quedamos sin dinero alguno. Recuerdo que mi madre me llamó a su habitación para hablar conmigo, ya que yo era la hija mayor y me explicó que ya no teníamos dinero, que la “tía”, como le llamábamos, que nos cuidaba y hacía las cosas de la casa, tendría que volverse a Chile, y que debíamos hacer entre todos lo que ella hacía. Me regaló un par de guantes domésticos, de los amarillos, para ejemplificar que tendría que lavar la loza y ayudar en varias cosas más, ya que yo estaba en casa sin ir al colegio. Empecé efectivamente a realizar algunas tareas domésticas y a ir a buscar a mi hermana a la guardería…y empecé a enfermarme…no por lo que tenía que hacer, sino por la incertidumbre del dinero y nuestro destino, y por la soledad. Pasaba los días sola, aunque mi padre se las arreglaba para ir al departamento a acompañarme a almorzar…un tarro de fabada que abríamos. Después dejé de comer. A pesar de ello me llevaba a mi velador todas las noches, un vaso de agua y un pedazo de pan, que nunca comía. Ahora puedo ver que eso lo hacía para sentirme segura del sustento diario.

Gracias a Dios mi abuelita materna viajó a acompañarme y se quedó con nosotros hasta que volvimos a Chile.

Tiempo después murió Franco y  España se desbocó buscando una libertad que le había sido negada por mucho tiempo. Cayó en excesos de todo tipo, pero que eran esperables después de tanta represión.

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2 Comentarios en MI VIDA EN ESPAÑA EN TIEMPOS DE FRANCO

  1. UNA HISTORIA REAL, QUE DESPUÉS DE UNOS TANTOS AÑOS, ASOMA TODA LA DUREZA E INCERTIDUMBRES VIVIDAS POR UNA NIÑA EN OTRO MUNDO DESCONOCIDO PARA ELLA Y PARA SUS PARES. ME EMOCIONE AL LEERLA PORQUE CONOZCO A LA PERSONA QUE DESCRIBE ESOS MOMENTOS ANGUSTIANTES. GRACIAS A DIOS, ESO ES PASADO, Y NO ME CABEN DUDAS QUE DE ALGUNA MANERA FORTALECIÓ SU CARÁCTER Y SEMBRÓ EN ELLA EL ESPÍRITU DE QUE TIENE PARA ENFRENTAR LA VIDA CONVIRTIÉNDOLA EN LA MARAVILLOSA PERSONA QUE ES HOY EN DÍA.

  2. Espectacular la calidad de Sigrid Mennickent, me conmovió y me transportó a su vivencia mediante la lectura. Excelente.

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