«La ciudadanía tiene el deber y el derecho de cuidar la democracia, salir al paso de cualquier posibilidad de extremos que pongan en peligro las libertades públicas. Digamos nó a la amenaza de fascismo en Chile , votar y votar bien, es nuestra responsabilidad.«

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Nomenclatura partidista

Ana María Pandolfi Burzio

Docente Inglés, Alemán. Traductora Inglés-Español. Magister en Arte c/ Mención en Lingüística.

¿Qué se hicieron los otrora tradicionales particos políticos que se identificaban por sus nombres transparentes e inequívocos? Consideremos, a modo de ejemplo, los apelativos de antaño: derecha, izquierda, centro derecha, centro izquierda o también “extrema” derecha o izquierda, de corte liberal o conservador.

               Estos términos caracterizaban perfectamente a los grupos ideológicos identificables por sus siglas establecidas: PC / PS / DC/ PL/PR/ y en los últimos años, partidos surgidos de la tradición conservadora del país, como RN y UDI. En otros tiempos se conocieron los partidos por su nombre instituido por la tradición política: liberal, conservador, radical, social-cristiano, demócrata-cristiano, socialista, comunista, términos acuñados por décadas en la historia política de cualquier país democrático, sin ambages ni interpretaciones de ningún tipo. Se era partidario o miembro de A, B o C y no existía una semántica dualista; se era simplemente militante de éste o aquél, sin mediar por ello la importancia de fracciones partidarias o grupúsculos políticos para salvaguardar su existencia. La fuerza de uno u otro radicaba en la ideología firme y transparente que no admitía personalismo alguno.

               ¿Qué panorama partidista tenemos en la actualidad? Un cúmulo de denominaciones que nos son enajenantes y, en veces, ininteligibles, no sólo por su nombre, sino también por su estructura interna.

               Analicemos pues algunas denominaciones de grupos políticos surgidas en estos últimos años de repetidas elecciones presidenciales, parlamentarias, consejeros regionales, alcaldes y todo lo demás. Éstas van de lo simple hasta lo más rebuscado en su formación lingüística. No pretendemos ahondar en las ideologías propias de cada grupo, sino intentamos meramente dedicarnos a su nomenclatura superficial.

               Han surgido grupos políticos, a los cuales no nos atrevemos a referirnos como partidos X o Z, porque – como ya lo hiciéramos notar – no poseen una tradición histórica y muchos de ellos sean asociado o han nacido al alero de personas que se dicen políticos. Un ejemplo patente sería el “Partido de la Gente” (PDG), cuyo líder es o era Franco Parisi, quien aduce” razones laborales” para radicarse actualmente en EE.UU. de Norteamérica, pero es de conocimiento público que estas razones parecen más bien una huida, por adeudar más de 200 millones en pensión alimenticia a su familia. Y preguntamos… ¿quién es la gente? ¿Acaso no todos somos gente, o hay alguno que se considere animal? Podría ser.

               El tan mentado partido llamado “Chile Podemos Más”, en el que se encuentran los partidarios del presidenciable Sebastián Sichel, nos lleva a preguntarnos por su forma: ¿es correcta? No, porque tendría que ser un vocativo en superficie, algo así como “Chile, podemos más” o un locativo “En Chile podemos más”, o algo similar, pero así como reza, nos parece una forma inadecuada desde un punto de vista morfosintáctico.

               Por otro lado, tenemos la agrupación de Gabriel Boric que se hace llamar “Apruebo Dignidad”. ¿Qué es esto? ¿Es posible “aprobar” la dignidad, la libertad, el extremismo, la demagogia, la belleza, la fealdad u otra abstracción? Imposible. No podemos aprobar lo que no podemos garantizar.

               Y la también candidata al sillón presidencial de Chile, Yasna Provoste, se abanderiza con la DC, pero se identifica como representante de la “Unidad Constituyente”. ¿Cuál es la implicancia de esto? Dejamos lanzada la inquietud para que alguien nos explique el subentendido que no logramos captar en superficie.

               Hay más en esta feria de variedades: el partido o grupo que apoya a Marcos Enríquez-Ominami, más conocido por la poco feliz sigla ME-O, se ha difundido como “Partido Progresista”. ¿Y qué sucede con los demás, o sólo este candidato es “progresista”, mientras el resto es “antediluviano”? No puede ser.

               Existe otro grupo conocido como “Unión Patriótica” con su líder, candidato presidenciable Eduardo Arlés. ¿Y el resto de los chilenos… qué? ¿Acaso no somos patriotas o no amamos lo suficiente a nuestra Patria como para ser considerados?

               José Antonio Kast, otro presidenciable, promueve sus ideas y proyectos de gobierno con el término “republicano”. ¿Y quienes creemos en la “res publica,” latinismo para “cosa pública”, qué somos?

               Otros “grupos”, ya que no nos atrevemos a llamarlos “partidos políticos”, aun cuando tengan fundamentos ideológicos de uno o varios, han acuñado denominaciones variopintas, como las que señalamos a continuación: “Partido Igualdad” (PI), “Chile Vamos”, “Unión Patriótica” (UPA),”Lista del Pueblo”(L d P),  y otras salsas como “Ecologista Verde”.¿ Podría éste último ser de otro color? No, debido a que los ecologistas privilegian salvaguardar la naturaleza, flora y fauna de un hábitat, y no cabe otro color , a no ser que se trate de una región desértica, en cuyo caso tendría que usarse el calificativo beige, café, marrón o arena. A ojos vista, su nombre es redundante.

               Pero la “guinda de la torta” es indudablemente el atributivo de “independiente”, término tan manoseado hoy en día, puesto que se antepone a cualquier tendencia política para evitar ser tachado en rigor de proselitismo partidario o, peor aún, de tránsfuga ideológico. Entonces, cualquier candidato o candidata, al emplear este calificativo con el nombre tradicional de un partido político existente, salva toda responsabilidad partidista, puesto que la “independencia” de su decisión prima y no se atribuye a ancestros políticos añejos, sino a una ideología moderna, ágil, cambiante y adaptable a los hechos que ocurren y que lo identifican como hombre o mujer renovados en las lides políticas. ¿Será así o se trata de inseguridad?

               Pero si no son capaces de elegir una denominación que los identifique plenamente en su quehacer político, qué más queda por decir acerca de su actuación en la vida pública, qué responsabilidad se puede esperar de alguien cambiante, cuya pertenencia a uno u otro grupo se cataloga como “independiente” y se pasean de aquí para allá.

               Citamos a William Shakespeare en su inmensa creatividad universal y compromiso con sus congéneres; Hamlet dijo en su monólogo inmortal: “To be or not to be, that is the question”. ¿Verdad que sí?                                                            

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