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Nuestra (Nossa) “Torre de Babel”

Especial para laventanaciudadana.cl

desde Brasil.

Español

De origen hebreo, la palabra «Babel» significa confundir o mezclar. El mito de la Torre de Babel, descrito en el capítulo once del primer libro de la Biblia cristiana, el libro del Génesis, narra una época en la que, según este libro, cuando toda la humanidad hablaba el mismo idioma, había entendimiento entre los grupos humanos hasta el punto que acuerdan organizar la construcción de una ciudad y una torre que toque los cielos para que, a partir de entonces, no se esparzan por la Tierra, permaneciendo unidos.

Aún de acuerdo con ese mismo mito, Dios, al ver la ciudad y la torre que construyeron los humanos y, al darse cuenta de un gran potencial allí, habría dicho: “He aquí el pueblo es uno, y todos tienen el mismo idioma, y esto es lo que están comenzando a hacer; y ahora, no habrá restricciones en todo lo que intenten hacer” (GÉNESIS, 11-6). Entonces, Dios habría decidido confundir los lenguajes de esos muchos humanos para que no hubiera más entendimiento y, así, se dispersarían por la Tierra y dejarían de construir la ciudad y la torre, dejando ese lugar llamado Babel.

Más allá de los mitos y creencias, en nuestros días, en un mundo donde las distancias se hacen cada día más pequeñas, donde el idioma ya no es la barrera de antaño y podemos tener acceso, en tiempo real, a lo que sucede en prácticamente todas las partes del globo terrestre. Paradójicamente, nos hemos encontrado y, principalmente, contribuido a la “edificación” de otras innumerables “Babels”, en un proceso acelerado de aislamiento de personas y grupos humanos. No solo una retirada física, que por razones de mercado todavía no está tan acelerada, sino un aislamiento que nos lleva, incluso en medio de multitudes (reales o virtuales), a permanecer distantes e imparciales ante las dificultades que afrontan otros humanos y, por tanto, incapaces de colaborar como especie para construir “torres” y “puentes” que sean soluciones reales a problemas reales.

La lógica del mercado, presente desde hace mucho tiempo en las relaciones humanas, potencia esta tendencia de aislamiento y dispersión en la medida en que nos ayuda a considerar a las personas como “objetos” o “bienes” para un uso o fin específico. En esta condición, en la medida en que no percibimos como similares a la mayoría absoluta de los demás humanos, sus sufrimientos o dificultades no nos afectan de manera significativa hasta el punto de despertar en nosotros un sentimiento de empatía y hacernos movilizar a otras personas, a otros humanos. Esta distancia y separación se deben a la existencia de numerosas fronteras, físicas o no, que tienden a separarnos y mantenernos dispersos hasta el punto de que no somos capaces, incluso ante una amenaza común, como es el Covid-19, de ignorarlos para buscar soluciones para todos y no solo para algunos. Sin embargo, seguimos en una carrera loca, una competencia que, impregnada de la lógica del mercado, desprecia la vida y la humanidad de cada uno de nosotros, dándose cuenta de las diferencias que nos hacen humanos (sociales, políticos, económicos, étnicos, religiosos, etc.), como fronteras y barreras capaces de mantenernos dispersos y separados.  

En esto nuestra «Babel» no es el lenguaje que nos confunde y nos separa, ni Dios actúa para que no construyamos nuestras soluciones, «puentes» tan necesarios para unir a las personas. Somos los que construimos fronteras que nos confunden y nos separan por diferencias que son la esencia de una especie eminentemente social, como la nuestra. Diferencias que nos hacen complementarios y, como en Babel, son el factor principal que nos hace tan especiales y con potencial ilimitado para construir – maravillas o abominaciones – «torres», «puentes» o «muros».

Para los que creen y para los que no creen, el momento que vivimos hoy, marcado por una plaga que ha ido diezmando a miles de personas sin reconocer fronteras, puede y debe entenderse como una oportunidad para nosotros, actuando como especie, de romper fronteras y colaborar para construir juntos, no solo “torres y ciudades”, sino principalmente “puentes”. Que las personas y los estados se den cuenta de que lo que nos hace humanos son nuestras diferencias y la capacidad de construir, juntos. Nuestra capacidad para elegir no empujar desde el puente a los diferentes o los más vulnerables, sino ser instrumentos capaces de ayudarlos a cruzar este y muchos otros “puentes”.

Que nos demos cuenta de que no hay fronteras más allá de las que hemos construido.

Portugues (Portugués)

De origem hebraica, a palavra “Babel” significa confundir ou misturar. O mito da Torre de Babel, descrito no capítulo onze do primeiro livro da bíblia cristã, o livro de Gênesis, narra um momento em que, segundo esse livro, quando toda humanidade falava um mesmo idioma, havia entendimento entre os grupos humanos ao ponto de concordarem em organizar a edificação de uma cidade e de uma torre que tocasse os céus de modo que, a partir daí, não fossem espalhados por sobre a Terra, permanecendo unidos. Ainda segundo esse mesmo mito, Deus, vendo a cidade e a torre que os humanos edificavam e, percebendo ali um grande potencial, teria dito: “Eis que o povo é um, e todos têm uma mesma língua e isto é o que começam a fazer; e agora, não haverá restrição para tudo o que eles intentarem fazer” (GÊNESIS, 11-6). Então, Deus teria resolvido confundir os idiomas daqueles muitos humanos de maneira que não houvesse mais entendimento e, assim, se dispersassem por sobre a Terra e parassem de edificar a cidade e a torre, ficando então aquele local denominado Babel.    

Para além dos mitos e crenças, em nossos dias, em um mundo onde a cada dia as distancias se tornam menores, onde o idioma não é mais a barreira de outrora e podemos ter acesso, em tempo real, ao que acontece em praticamente todas as partes do globo terrestre. Paradoxalmente, temos nos deparado e, principalmente, contribuído para a “edificação” de outras incontáveis “Babéis”, em um acelerado processo de isolamento de pessoas e grupos humanos. Não apenas um afastamento físico, que por razões mercadológicas ainda não se mostra tão acelerado, mas um isolamento que nos leva a, mesmo em meio a multidões (reais ou virtuais), nos mantermos distantes e imparciais às dificuldades que outros humanos enfrentam e, assim, incapazes de colaborar enquanto espécie para edificar “torres” e “pontes” que sejam soluções reais para problemas também reais.

A lógica de mercado, que há muito se faz presente nas relações humanas, potencializa essa tendência de isolamento e dispersão na medida em que concorre para que consideremos pessoas enquanto “objetos” ou “mercadorias” para um uso ou finalidade específicos. Nessa condição, na medida em que não percebemos a maioria absoluta dos outros humanos como semelhantes, seus sofrimentos ou as dificuldades não nos afetam de modo significativo a ponto de despertar em nós um sentimento de empatia e nos fazer mobilizar outras pessoas, outros humanos. Essa distância e esse afastamento se dá em razão da existência de inúmeras fronteiras, físicas ou não, que tendem a nos separar e a manter-nos dispersos ao ponto de não sermos capazes de, mesmo diante de uma ameaça comum, como a Covid-19, as desconsiderarmos a fim de buscar soluções para todos e não apenas para alguns. Entretanto, seguimos em uma corrida insana, uma concorrência que, permeada por uma lógica de mercado, despreza a vida e a humanidade de cada um de nós, percebendo as diferenças  que nos tornam humanos (sociais, políticas, econômicas, étnicas, religiosas, etc.), como fronteiras e barreiras capazes de nos manter dispersos e separados.

Nesta nossa “Babel” não é o idioma que nos confunde e separa, tampouco Deus age para que não edifiquemos nossas soluções, “pontes” tão necessárias para unirmos pessoas. Somos nós mesmos que construímos fronteiras que nos confundem e separam em razão de diferenças que são a essência de uma espécie eminentemente social, como a nossa. Diferenças que nos fazem complementares e que, como em Babel, se constituem enquanto principal fator que nos torna tão especiais e com um potencial ilimitado para edificar – maravilhas ou abominações – “torres”, “pontes” ou “muros”.

Aos que creem e aos que não creem, o momento que hoje atravessamos, marcado por uma peste que vem dizimando milhares de pessoas sem reconhecer quaisquer fronteiras, pode e deve ser compreendido como uma oportunidade para que possamos, agindo como espécie, derrubar fronteiras e colaborar para edificar juntos, não apenas “torres e cidades”, mas, principalmente, “pontes”. Que pessoas e Estados possam perceber que o que nos faz humanos são nossas diferenças e a capacidade de construir, juntos. Nossa capacidade de escolher não empurrar o diferente ou o mais vulnerável da ponte, mas de sermos instrumentos capazes de auxiliá-los a cruzar essa e muitas outras “pontes”.

Que possamos nos dar conta de que não há fronteiras além das que construímos.

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6 Comentarios en Nuestra (Nossa) “Torre de Babel”

  1. Gracias y felicitaciones Robert.
    Una muy buena columna la tuya.
    Cómo está hoy, desde el punto de vista sanitario nuestro «verde Brasil..»

    • Hola, Raul.

      Gracias por su comentario, hermano.

      Hoy, acá en Brasil, contamos con más de 153.000 muertos por Covid, en los numeros oficiales. Pero, creo que hay muchas muertes que no están en estos numeros del gobierno.

      En los ultimos meses hay una redución de los casos y de las muertes, pero enfrentamos una grave crisis social y econômica, que se intensifica en razón de nuestro escenário político. Aún enfrentamos una crisis histórica en la area ambiental.

      Siguiemos en lucha, amigo.

      Una vez más, gracias.

      Saludos desde Rio de Janeiro – Brasil

  2. que hermoso e ilustrador su artículo hermano brasilero.
    Gracias muchas gracias, hermoso y educativa su columna.

  3. Gracias por ilustrarnos de conocimientos, felicitaciones por su artículo y acompañarnos de ese querido país hermano que hoy padece los males de estar en manos de un loco como presidente.

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