«La falta de humanidad, misericordia y solidaridad presente en las conductas de autoridades y las ciudadanías, en Chile y el mundo,frente a los migrantes,permite observar cierto nivel en la pérdida de humanidad e inteligencia colectiva en la sociedad contemporánea«

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NUESTRA RESPONSABILIDAD

Miguel Ángel San Martín

Periodista. Especial para La Ventana Ciudadana, desde Madrid, España.

Estamos viviendo acontecimientos lamentables, dramáticos y que nos involucran a todos. Incluso, con nuestra supervivencia como especie. No exagero cuando cito dos males angustiantes: el azote del Covid y la evidencia del cambio climático.

La pandemia con un virus que está mutando permanentemente y se convierte en más peligroso, ha sido capaz de matar ya a casi cuatro millones y medio de personas en el mundo. En Chile han fallecido más de 36 mil personas.

Sin duda que estamos enfrentados a una tragedia mayúscula, la más grande del último siglo, desconocida, sorpresiva. Nos pilló a todos por sorpresa y, por lo mismo, se expandió por la geografía terráquea con una rapidez increíble.  Y todos cometimos errores, una y otra vez, al momento de enfrentarla.

Los análisis, comentarios, intercambio de experiencias entre los expertos y los laboratorios de investigación, reaccionaron con rapidez y consiguieron una vacuna en tiempo récord. Fue un triunfo de la ciencia. Fue un descubrimiento entre todos, porque la solidaridad funcionó entre los laboratorios. Pero esa acción tan loable, se ha ido perdiendo en los entresijos del negocio, del comercio. Y la vacuna se ha convertido ahora en un elemento de enriquecimiento enorme de unos pocos, provocando el distanciamiento de los laboratorios, porque ahora son competidores. 

Salimos perdiendo todos, porque los propios expertos nos han dicho que si queda algún país, algún grupo humano sin la vacuna, la pandemia seguirá estando entre nosotros. Y resulta que si el fármaco ha subido de precio enormemente, hay muchísimos países pobres que no lo pueden adquirir…y la pandemia seguirá presente, con sus consecuencias de muerte.

Además, hay países ricos que han adquirido bastantes más dosis que las que necesitaban para cubrir las necesidades de su población. Y eso desabastece el mercado de la vacuna.

Por otra parte, ahora debemos enfrentarnos a una nueva forma de vida. Porque, estando la pandemia siempre presente, debemos adoptar como forma de vida, hábitos y costumbres diferentes. El hecho de estar vacunados no nos excluye de ser contagiados nuevamente, aunque el fármaco permite que la enfermedad nos afecte en forma menos violenta.

Por lo mismo, debemos aplicarnos las normas mínimas de conducta, como es el uso de la mascarilla, la distancia de seguridad entre personas, el lavado de manos con asiduidad, evitar las aglomeraciones. Aunque ahora se nos permita circular con libertad, salir de vacaciones, viajar y visitar a nuestros familiares y amigos, nuestras normas de conducta las debemos transformar en hábitos, en costumbres.

Es importante valorar lo que tenemos y cuidarlo. Pero, además, ya no debemos pensar en individualidad, sino en el conjunto de la sociedad. Debemos ser amplios de criterio y generosos en la acción. Debemos cuidarnos, pero también cuidar a nuestros vecinos. En esta nueva forma de vida debemos ir excluyendo los conceptos “mío o mía” y aplicar el “nuestro”. 

Si preservamos nuestra salud, estaremos también protegiendo a nuestros seres queridos y a nuestros vecinos.  Por eso, debemos aplicar con responsabilidad social una conducta común, convertir en hábito un gesto permanente de generosidad y tolerancia. 

En definitiva, es nuestra responsabilidad privilegiar la inteligencia humana por sobre lo que ayer fue sólo instinto personal. 

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