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Nueva Constitución y un país en “marshall”

Estos son  días indecisos.  Se termina el relajo estival y se nos viene encima el mes de marzo con el reinicio de las clases y la normalización de las actividades económicas. Se pasa del gasto desenfrenado de vacaciones (para que no se note la pobreza) al crédito de consumo tan oneroso que permite salir del paso. Se va la Presidenta,  llega el nuevo Presidente y, desgraciadamente, aflora el viejo refrán que dice que segundas partes nunca fueron buenas, aplicable a una y otro, por supuesto.

En el proceloso mar de la política, uno de los mayores riesgos que amenaza a las autoridades es el  de los “asesores”. Personas de confianza que, imperceptiblemente, se van transformando en incondicionales. Es frecuente que al “jefe” o a la “jefa” no se le diga lo que realmente sucede sino lo que éste o ésta desean  escuchar. El ejemplo más típico lo constituyó el “caso Caval”. Una situación ética y políticamente muy grave, que pena hasta el día de hoy a Bachelet, y que no le fue informada por su equipo para no afectarle sus vacaciones según se dice.

Tres años más tarde, al concluir este  mandato,  los cortesanos están empeñados en construir una imagen que  han bautizado con el pomposo nombre de “el legado”. Si bien todo gobierno tiene derecho a destacar lo que ha hecho y a cerrar temas que se consideran importantes para el país, la carencia de autocrítica le resta credibilidad y diluye la confianza personal  que la mayoría de  la población tenía en ella. La gestión misma, en cuanto implica la forma práctica de hacer las cosas, ha sido deficiente, confusa, enredada, a tal extremo que políticas públicas sustentadas en criterios plenamente valederos para el progreso de una sociedad más democrática y más inclusiva, han dejado una secuela de problemas que no pueden ignorarse.

A lo dicho,  se suma la adopción de una serie de iniciativas que más parecen estar orientadas a aparecer cumpliendo ciertas líneas programáticas que a avanzar en la implementación de soluciones reales. La publicitada presentación  de un proyecto de Nueva Constitución,  a horas de la entrega del mando, con prescindencia total de información incluso  a las colectividades que han sustentado su Gobierno, constituye un mal paso que pretende crear la sensación de que la Presidenta se comunica directamente con la ciudadanía sin la intermediación de los bastantes desprestigiados partidos políticos.

Por el lado del nuevo Presidente que, para su satisfacción, prácticamente carece hasta ahora de una oposición orgánica, poco a poco se han ido sumando una serie de “errores no forzados”.

En una oportunidad anterior, se hizo presente que en la designación de su gabinete, más allá de su orientación que era previsible, acechan los conflictos de interés. Cuando hay ministros que hasta ayer eran directores de 12 o 15 sociedades anónimas de los más variados sectores económicos, la contraposición entre el interés público y el apetito privado puede explotar en cualquier momento. La falta de experticia de los nuevos ministros  de Relaciones Exteriores y de Educación ni siquiera se discute,  a tal extremo que la vocera del  equipo sólo atinó a decir en su defensa que hay que esperar a que ejerzan los cargos para criticarlos. Sylvia Eyzaguirre, la  principal experta e investigadora en materia de Educación  del empresarial  Centro de Estudios Públicos,  ha sido categórica al señalar que por ningún motivo se iría a trabajar con el ministro y el subsecretario designados ya que piensa de manera sustancialmente distinta a ellos. Mientras tanto, los partidos de Chile Vamos al tiempo que condenan y rechazan el “cuoteo” reclaman violentamente porque Piñera  no  estarían respetando los “equilibrios”.

La sorpresa de la semana la dio el nuevo mandatario en entrevista a la red de TV estadounidense Univisión. Interrogado acerca del conflicto mapuche afirmó categóricamente que en la zona se vivía un clima de terrorismo, enumeró hechos del más diverso calibre y señaló, contra toda evidencia,  que se habían quemado iglesias “con mujeres y niños en su interior”. Curiosamente, al preguntársele acerca de la forma en que su Gobierno abordaría el tema, tiró un lugar común: “Aplicaremos a la región un Plan Marshall”. Lo dicho revela un desconocimiento absoluto tanto del referido Plan como de la naturaleza esencial del problema. En efecto, la concreción de esta iniciativa  del Secretario de Estado estadounidense George Marshall,  buscaba ayudar a la reconstrucción de una Europa devastada “por la guerra”, eliminar barreras comerciales, modernizar las industrias, mejorar la productividad e, incluso, fomentar la afiliación sindical. Se trataba de un programa de asistencia económica del cual fueron excluidos los sectores estratégicos de la economía europea  precisamente para facilitar el acceso al mercado del  Viejo Continente de las grandes empresas estadounidenses. Si ya la designación como nuevo  intendente de la Araucanía de un gran empresario agrícola constituyó una señal  bastante desacertada, entender que el problema de la región es un problema de naturaleza meramente económica, desconociendo toda la gama de circunstancias históricas, étnicas, culturales, sociales y políticas, puede ser de consecuencias imprevisibles.

Por ahora, habrá que darle tiempo al tiempo.

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