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El Principito

NUEVOS LECTORES

El principito, Una metáfora sobre la amistad, el amor y la vida misma.

Paola Tapia López
Profesora Educ. General Básica Mención lenguaje
Máster en Investigación de la didáctica de la lengua y la literatura
Doctora en Investigación de la didáctica de la lengua y la literatura

Hace más de una década cuando hice mi mención en la asignatura de lenguaje y comunicación en la  Universidad de Concepción tuve un módulo,  ya no recuerdo el nombre, pero sí al profesor Mauricio Ostia, que en aquellos años tenía su pelo cano producto de la experiencia de la vida, su caminata encorvada y junto a él su maletín.

Lo importante de su legado fue la hermosa interpretación de El principito, el Dr Ostia relataba cada capítulo como si hubiera sido el amigo del aviador o tal vez de de ese  niño de 8 años. Cada uno de mis compañeros   escuchaba atentamente, tomando notas y encantándose de la literatura, que quizás nunca había sido descubierta antes de no ser por esa lectura reflexiva que realizó este académico. Desde ese día comencé a tener una mirada más crítica y reflexiva acerca de la literatura y busca el significado que hay detrás de cada libro.

El principito es de esos libros (Mal llamado infantiles) que están destinados para todo lector, sin importar su edad. Incluso creo que se aprecia más este libro durante la adolescencia y la adultez que en la niñez donde resulta ser lectura obligada en muchos colegios (muchas veces la lectura obligada de un libro resulta ser el comienzo de la No-lectura). Sucede entonces algo que no me gusta; se lee este libro a los 13 años y después nunca más, a pesar de que este libro gracias a su lenguaje sencillo y su corta extensión este claramente destinado a no ser leído solo una vez en la vida. Y es aquí donde entra en juego la magia del libro: Cada vez que se lee y se reflexiona en torno a este aprendemos cosas nuevas.

El libro comprende una serie de metáforas que deben ser interpretadas para entender plenamente el significado de la obra, lo cual no excluye que una misma imagen sea interpretada por distintas personas de formas diferentes. Cada opinión es una verdad, desde su punto de vista, no habiendo una única forma de ver e interpretar las “insinuaciones” que hace el autor, ni nadie que pueda decir qué es lo correcto o cómo se tiene que interpretar tal o cual cosa.

Trataré de hacer una interpretación, quizás no tan exitosa como la de mi mentor, pero intentaré encantar los mensajes que nos quiere decir transmitir este libro a través de sus personajes.

El principito desde su dedicatoria plantea como temática principal la pugna entre la niñez y la adultez. Cuando se es mayor y se lee este libro es imposible no añorar esa época lejana donde éramos felices con pequeñas cosas e inocentes ante la vida. Nos damos cuenta que a medida que crecemos inexorablemente nos volvemos incapaces de ver más allá de lo limitada que se vuelve nuestra visión de las cosas, y así lo que realmente es una boa digiriendo una serpiente, para los adultos solo puede ser un sombrero.

El libro nos habla incluso como se abandonan los sueños en la medida que se crece y lo único que se vuelve importante son la ciencia y los números, ya no vale la pena dibujar, sino, que debemos esforzarnos por ser los mejores en la aritmética, la gramática o la geografía, como si de eso dependiera la vida, como si eso fuera vivir de verdad.

La historia comienza con una crítica sarcástica a las cosas importantes de la vida y a los adultos, a cómo se condiciona a los niños y se los conduce por el camino “correcto”. Estas críticas a las cosas “importantes” y al mundo de los adultos van salpicando el libro a lo largo de la narración.

Además el protagonista, un niño, se permita dar lecciones a los adultos y sobre todo en una materia tan importante como el verdadero sentido de la vida. El Principito tiene a nuestro entender una concepción más cerca de la realidad que los demás, debido fundamentalmente, a que en el lugar donde vive todo está enormemente simplificado. El pequeño príncipe ama lo que hace. Ama la vida. Considera que el amor está en la base de todo. Así, su particular manera de entender la vida, dista mucho del comportamiento adulto de los humanos. Amistad y amor se entrelazan, no distinguiéndose en muchos casos donde empieza uno o acaba el otro.

Una vez que el principito comienza su viaje por el universo, se encuentra con aquello que no puede comprender dada su condición pura e inocente de niño: La vida adulta y sus vicios que tarde o temprano se apoderan de nuestras vidas, un rey (representación del deseo de poder de los hombres) que creía reinar sobre todo sin darse cuenta que nadie le obedecía, un vanidoso, un borracho que paradójicamente debe para olvidar la vergüenza que le causa beber, un hombre que se cree dueño de las estrellas y pasa toda su vida contándolas un geógrafo y el farolero. Y en este ultimo me detengo porque es justamente quien resulta ser menos absurdo a los ojos del Principito por la labor que desarrolla:

Posiblemente este hombre es absurdo. Sin embargo es menos absurdo que el rey, que el vanidoso, que el hombre de negocios y que el bebedor. Al menos, su trabajo tiene un sentido. Cuando enciende su farol, es como si hiciera nacer una estrella más, o una flor. Cuando apaga su farol, se duermen la flor o la estrella. Es una ocupación muy linda.

Cada capítulo anterior presenta una instancia de reflexión ¿Somos como el vanidoso? ¿Somos como el bebedor? ¿A veces creemos tener el control de todo sin saber que no poseemos nada como el rey?

Cuando El principito llega a la tierra se encuentra con la serpiente que termina por enseñarle una verdad que resulta siempre presente en nuestros días.

– ¿Dónde están los hombres ? -prosiguió finalmente el principito. – Se está un poco solo en el desierto…

– Se está solo también con los hombres – dijo la serpiente.

En este capítulo además, el principito se pregunta si acaso las estrellas se iluminan con el fin de que algún día cada uno pueda encontrar la suya.

El zorro y la amistad….

Es aquí donde el libro se vuelve estremecedor y donde además se revela la mayor enseñanza de todas. El principito descubre desilusionado al llegar a la tierra que existen cientos de rosas aparentemente iguales a la suya y se tiende a llorar. Nos encontramos en presencia de la pérdida del idealismo infantil.

Pero conocer al zorro lo hace volver a ser feliz. el zorro le dice que no puede jugar con él porque no está domesticado. ¿Qué significa domesticar? pregunta El principito – Es crear lazos responde el zorro. Y estamos frente a un hábito olvidado en nuestros tiempos donde las relaciones humanas verdaderas casi ya no existen.

…Todavía no eres para mí más que un niño parecido a otros cien mil niños. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro parecido a otros cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo. Yo seré para ti único en el mundo.

Sólo se conoce lo que uno domestica -dijo el zorro-. Los hombres ya no tienen más tiempo de conocer nada. Compran cosas ya hechas a los comerciantes. Pero como no existen comerciantes de amigos, los hombres no tienen más amigos. Si quieres un amigo, domestícame !”

– Hubiese sido mejor regresar a la misma hora-dijo el zorro-. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, ya desde las tres comenzaré a estar feliz. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. Al llegar las cuatro, me agitaré y me inquietaré; descubriré el precio de la felicidad ! Pero si vienes en cualquier momento, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón… Es bueno que haya ritos. 

Gracias al zorro finalmente, El principito, entendió que su rosa era realmente única en el mundo, por haberla domesticado. 

-¡Ah! -dijo el zorro-, lloraré.
-Tuya es la culpa -le dijo el principito-, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido que te domestique…
-Ciertamente – dijo el zorro.
-¡Y vas a llorar!, – dijo él principito.
-¡Seguro!
-No ganas nada.
-Gano – dijo el zorro- he ganado a causa del color del trigo.
Y luego añadió:
-Vete a ver las rosas; comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás a decirme adiós y yo te regalaré un secreto.

-No son nada, ni en nada se parecen a mi rosa. Nadie las ha domesticado ni ustedes han domesticado a nadie. Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo. Las rosas se sentían molestas oyendo al Principito, que continuó diciéndoles:

-Son muy bellas, pero están vacías y nadie daría la vida por ustedes. Cualquiera que las vea podrá creer indudablemente que mí rosa es igual que cualquiera de ustedes. Pero ella se sabe más importante que todas, porque yo la he regado, porque ha sido a ella a la que abrigué con el fanal, porque yo le maté los gusanos (salvo dos o tres que se hicieron mariposas) y es a ella a la que yo he oído quejarse, alabarse y algunas veces hasta callarse. Porque es mi rosa, en fin.

El principito regresa donde el zorro y este le regala el secreto que puede considerarse perfectamente la base de la vida. Eso que olvidamos cuando caminamos por la calle sin mirar el cielo, los árboles o los pájaros, eso que olvidamos cuando tenemos prejuicios y no deseamos conocer a la gente simplemente por como se ve, eso que olvidamos cuando no leemos, cuando deseamos no tener amigos, cuando elegimos a una pareja basándose exclusivamente en el físico, cuando creemos que el exterior es importante. Ese secreto es justamente el que podría llevarnos a ser felices si lo practicamos.

Adiós -dijo el zorro-.Aquí está mi secreto. Es muy simple: sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.

-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Tú eres responsable de tu rosa…


Es aquí donde se plantea las relaciones humanas (en esta caso la amistad con el zorro y el amor con la rosa) como indestructibles al paso del tiempo si se desea, en contra posición con la idea revisada anteriormente, donde las relaciones humanas no resisten el paso del tiempo. El zorro nos enseña que la amistad lo puede todo por el simple hecho de que al tener amigos, tenemos que ser consientes además que “somos responsables de aquello que domesticamos” respetando eso la amistad siempre será duradera y ni el tiempo, ni la distancia serán impedimentos.

¿Qué más se puede decir de esta obra de arte? seguramente muchísimo más, porque en esta oportunidad solo he revisado algunos de los tantos temas que este libro plantea a través de esas tiernas metáforas infantiles que inundan cada página. Prefiero no referirme al final estremecedor con que se cierra este libro, que claramente nos deja pensando ¿En qué momento de nuestras vidas perdimos nuestra niñez para convertirnos en esos adultos que todo lo llevan a los números? ¿Se habrá comido el cordero la flor del principito? ¿Nos han domesticado? ¿Hemos domesticado a alguien? ¿Somos pasajeros sin rumbos igual que la gente de los trenes?

Además resulta imposible no sentir un extraño cariño por el personaje, mezcla de pureza, inocencia, lealtad, amistad, idealismo y no lamentarnos porque no existen personas así, ya que si existieran más principitos este mundo sería distinto.

En resumen, es un relato que va más allá de un mero cuento infantil que merece ser leído con una mentalidad abierta al pensamiento y a la reflexión de cuando El Principito experimentó, pensó y sintió en su pequeño periplo por el Universo y su aprendizaje sobre los diferentes personajes que lo habitan. Por tanto, a pesar de ser mundialmente conocido, si aún no lo has leído, te recomiendo que lo hagas, pues es de fácil y rápida lectura, pero de amplio crecimiento intelectual. Un libro de lectura imprescindible, tanto para los niños para fomentarles su imaginación y los valores éticos, como para los adultos, para reencontrarnos con nuestros “niños perdidos” tanto como para hacernos reflexionar sobre nuestro comportamiento y también sobre nuestros valores éticos. Una novela corta que habla de todo lo oscuro a la razón de los adultos, pero claro como la luz del día para la perspicacia y sensibilidad de los niños. Un relato que nos habla de “lo esencial que es invisible a los ojos“, aunque su lectura es perfectamente visible. Una novela de gran aportación para enriquecer nuestras relaciones interpersonales, que nos ayudará a comprender las diferencias entre los seres con respeto y valoración, porque “Sólo con el corazón se puede ver con claridad”.

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1 Comentario en NUEVOS LECTORES

  1. Leí este libro cuando tenía 12 años y aunque pase el tiempo, sigue siendo uno de mis preferidos. Estoy muy de acuerdo contigo, en estos tiempos, donde la superficialidad nos invade, y atrapa con vanalidades, es siempre bueno darse un descanso; dejar de lado el celular, la Tv, porque será el tiempo que pasarás con tu rosa, la que la hará única e importante. Y lo seguro de ésto, es que su efecto siempre será recíproco.

    Gracias por tu artículo!

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