«La concentración de riquezas, el poder del dinero, por sobre todo, el dinero fácil, en su accionar destruye la historia, la educación, cultura , los valores de una sociedad que desee permanecer limpia y sana.»

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Para que nadie se joda

Pedro Vera Castillo

Académico Universidad de Concepción. Ex Presidente Federación Gremial de Académicos UdeC. Ex Presidente Asamblea de la Civilidad Concepción.

A propósito del debate constitucional, queda en evidencia quienes utilizan el lenguaje del odio que profundiza la división entre los chilenos y chilenas.

Desde luego, el excandidato presidencial José Antonio Kast ha llevado la voz cantante a través de sus redes sociales con mentiras y odio concentrados en la joven figura del presidente y sus compañeros de generación y distorsionando ante los chilenos las responsabilidades en temas que importan a los chilenos como la seguridad, las pensiones, la salud y la reforma tributaria.

Incluso, en relación con los derechos humanos y con motivo de cumplirse los 50 años del golpe de estado, ha intentado falsear la historia levantando la imagen del dictador Pinochet como “un gran estadista” que, aparte de los indesmentibles crímenes de lesa humanidad, entregó un país con un 50% de pobreza.

Como si fuera poco, en la franja electoral de la derecha, se ha difundido diariamente el slogan: ¡Qué se jodan!

Pero más allá de estos antecedentes, ¿de que se trata un debate y una propuesta constitucional? Desde luego, no se trata de caer en la trampa de discutir artículo por artículo y en la necesidad de concentrarnos solamente en la lectura del texto propuesto.

No olvidemos el origen del proceso. Existe un cuestionamiento mayoritario a la constitución del 80 por su génesis y por sus contenidos, a pesar de reiteradas reformas intentadas por los gobiernos de la concertación. Y no olvidemos, a pesar de que livianamente muchos intentan negarlo, este fue tema de las demandas relevantes levantadas por la movilización social en el estallido social de octubre de 2019. Y fue una Comisión Parlamentaria que acordó enfrentar la crisis abriendo las puertas a la participación ciudadana en la elaboración de una nueva constitución. El 80% ratificó en un plebiscito esta necesidad.

Como sabemos, es claro que un primer proceso, distorsionado por algunas visiones delirantes y por comportamientos extemporáneos, y que enfrentó desde el primer día una campaña millonaria de desprestigio por parte de la derecha económica y la derecha política, fracasó. Seguimos pensando que las temáticas principales que ese proyecto constitucional incorporaba merecían votar APRUEBO y acordar las modificaciones que fueran necesarias.

Ahora este segundo proceso manejado por la derecha, con soberbia e intransigencia, seguirá la misma suerte y fracasará nuevamente.

Desde el humanismo cristiano, la Democracia Cristiana, con una rotunda mayoría de su Junta Nacional ha llamado a votar EN CONTRA.

Más allá del articulado, ¿cuáles son los postulados que deseamos ver plasmados en una nueva constitución los demócrata cristianos?

  • Una constitución que garantice el respeto a los derechos humanos y la defensa de la democracia como valores adquiridos dolorosamente por la sociedad del siglo XXI;
  • Una constitución que garantice el marco de una sociedad comunitaria e inclusiva con la búsqueda permanente y creciente de mayor justicia social y del bien común;
  • Un estado social y democrático de derecho en que el Estado cumpla el rol de garante de derechos sociales básicos y fundamentales como: educación, salud, vivienda, trabajo decente, recreación, seguridad y participación, y la solidaridad sea el valor cultural que le de sustento, no con la obligada incorporación de agentes privados, como lo propone el actual texto, que así mantiene y consagra el negocio privado en todos los ámbitos de los derechos sociales;
  • Una constitución que reconozca e incorpore los derechos de las mujeres y de los trabajadores, en particular su libertad de asociación y el derecho a huelga, y que dignifique y reconozca la plena incorporación de nuestros pueblos originarios en todos los ámbitos de la vida nacional;
  • Una constitución que permita que los chilenos puedan remplazar el modelo neoliberal que nos transformó en una de las sociedades más desiguales y establecer el desarrollo de una economía solidaria, sustentable, con respeto a los recursos naturales, con armonía con el medio ambiente y con combate al cambio climático y que incorpore los nuevos temas civilizatorios que el propio progreso humano va creando; y
  • Una constitución que, en este marco de grandes principios, permita que los gobiernos futuros, y en particular gobiernos progresistas, puedan desarrollar el programa que haya sido votado por los ciudadanos con su elección democrática y no, como el texto propuesto lo hace, imponer un quorum de reforma que hará imposible cualquier modificación y que consolida temas que pertenecen al legítimo debate legislativo.

Pues bien, amigos lectores, nada de esto será posible con la aprobación del texto constitucional que hoy nos propone la derecha.

Por eso, la Democracia Cristiana votará y llama a votar EN CONTRA.

Para que mantengamos abiertas las puertas para construir una sociedad buena y justa para todas y todos los chilenos.

Y para que trabajemos junto al gobierno para resolver, con el acuerdo en el trabajo legislativo, las grandes reformas pendientes y que, legítimamente, la mayoría ciudadana reclama, desde la seguridad hasta las pensiones, y que hasta ahora la derecha continúa obstruyendo y distorsionando.

Precisamente ¡Para que nadie se joda!

Pedro Vera Castillo

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