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Perú y la guerra entre el Presidente Vizcarra y el Congreso

Rafael Luis Gumucio Rivas

Profesor de Historia. Ex director Instituto de historia Universidad Católica de Valparaíso.

En la mañana del 30 de septiembre el jefe de Gabinete Ministerial, Salvador del Solar, tenía por misión el de pedir el voto de confianza al Congreso. Los jefes de bancada de dicha corporación acordaron dar el primer lugar de la tabla al nombramiento de los miembros del Tribunal Constitucional, posponiendo la moción de confianza.

La Constitución peruana, que es un híbrido entre presidencialismo latinoamericano y unas pocas instituciones parlamentarias, faculta al Presidente de la República para disolver el Congreso si rechaza por dos veces consecutivas el voto de confianza al Jefe de Gabinete.

Desde que asumió el mando del Perú, luego de la vacancia de Pedro Pablo Kuczynski, Vizcarra ha querido disolver el Congreso, (de mayoría fujimorista-aprista), y este 30 de septiembre fue la ocasión para hacerlo, pretextando que la mayoría de los congresistas había rechazado el voto de confianza, pero se reveló que era una falacia, pues los congresistas –ni tontos ni perezosos– aprobaron la confianza a Salvador del Solar y su Gabinete.

El fantasma del golpe de Estado del Presidente Alberto Fujimori, efectuado el 5 de abril de 1992, se paseaba por la sala. Aterrados los congresistas tomaron el toro por las astas, y el Partido Fuerza Popular, de los Fujimori y sus seguidores, decidieron presentar la vacancia temporal del Presidente de la República, Martín Vizcarra, hecho que fue aprobado por 86 votos, cero en contra y cero abstenciones, (antes, los diputados del Frente Amplio, de izquierda, habían abandonado la Sala).

El Presidente Vizcarra tomó juramento al nuevo Primer Ministro, Vicente Zeballos, que antes desempeñaba el cargo de Ministro de Justicia.

Una vez declarada la vacancia de Vizcarra, le correspondía asumir el cargo a la segunda vicepresidenta de Kuczynski, Mercedes Araos, quien juró ante el presidente del Congreso, (en ese momento bailaban el autogolpe y el síndrome venezolano de los dos Presidentes en funciones).

El congresista aprista, Jorge del Castillo, llamaba a los parlamentarios a no abandonar la sede del Congreso y a las Fuerzas Armadas, a no apoyar el “golpe de Estado” de Vizcarra, (a diferencia del autogolpe de Fujimori, de 1992, esta vez no salieron a la calle las Fuerzas Armadas, y ningún congresista fue atropellado en su dignidad).

En cuanto al pueblo, que siempre ha odiado y rechazado los organismos colegiados, y que siente que el Congreso no los representa, apoyó al Presidente de la República: en las crisis de representación la ciudadanía prefiera la autoridad unipersonal a los Parlamentos y, en este caso de Perú considera a los Congresistas una asociación ilícita, integrada por delincuentes y corruptos, que viven del dinero del fisco.

Perú aún no ha podido superar la crisis de corrupción en la cual están involucrados los últimos cinco ex Presidentes del país, (llevó al suicidio al ex Presidente Alan García), algunas otras instituciones y gran parte del poder judicial.

En estas ocasiones no falta el parlamentario que aprovecha la ocasión para pronunciar “discursos éticos”, y esta vez le correspondió al congresal aprista Mauricio Mulder, quien anunció que correría la sangre a raudales, además agregó que “ese señor (Vizcarra) es un usurpador, un dictadorzuelo…”

Es difícil pronosticar cuál será el resultado de esta guerra de fujimoristas-apristas contra Vizcarra y el pueblo que, en su mayoría apoya al Presidente, hastiado de la corrupción sistémica de ese país.

Perú, que tiene grandes posibilidades de crecimiento, ahora estancando a causa de la prolongada crisis de corrupción y de gobernabilidad.

A quienes le interese el tema de la corrupción en el Perú en la guerra del Pacífico, les sugiero dos obras: El expediente Prado, de Víctor Andrés García Belaúnde, (2014); Guerreros civilizadores, Política, Sociedad y Cultura en Chile durante la guerra del Pacífico, de Carmen Mc Evoy, (Universidad Diego Portales, 2011). 

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