El Poder del dinero, no debe ni puede prevalecer ni estar por sobre la ética, los valores ni el bien común.
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POR QUÉ EL LOUVRE

T. Rojas desde París

El Louvre hace parte de una serie de reflexiones que me pidieron que hiciera desde París . ¿Por qué elegí El Louvre para comenzar éstos escritos? Simplemente porque éste lugar resume lo que representa Francia en el mundo . El Louvre engloba y acoge la cultura en su totalidad. Es un lugar abierto y democrático, muestra toda forma de expresión haciendo de la libertad su lema. Es un espacio donde la pintura, la escultura, la música, el cine , el teatro, la danza, la moda dialogan en un sinfín de matices y en un constante movimiento. El Louvre colabora con su “saber hacer” y se instala, ­ en tiempos frágiles políticamente, ­ en otros lugares como en Abu Dhabi. La arquitectura de éste nuevo Louvre respeta y valora la geografía del lugar. El arquitecto Jean Nouvel dice que su proyecto traduce “el deseo de crear un museo universal, en equilibrio entre la arena del desierto y el mar” El Louvre se instaló también en Lens, otra ciudad de Francia .

Los Esclavos de Michelangelo Buonarroti  (1475 Caprese, república florentina- 1564 Roma)

T. Rojas, desde París.

Todos los superlativos parecen vanos cuando se habla de Michelangelo, su arte es único y su vida larga y tormentosa. Nos dejó obras que solamente pueden proceder de un don considerado como divino. El pintor y biógrafo Giorgio Vasari escribió en 1550: “ Dios bondadoso, creador del cielo y de la tierra, decidió girar sus ojos y enviar un genio que fuera universal en todas las artes y que representa por sí solo lo que es la perfección “.

En 1475 nace Michelangelo Buonarroti, en una familia que nada tenía que ver con el arte. En 1488, con trece años y contra la voluntad de su padre, entra en el taller de los maestros Bigordi. Así comienza la vida de Michelangelo, en Florencia; ciudad del renacimiento, centro del occidente y con Lorenzo De Médicis, llamado El Magnífico.

En 1499, Michelangelo tiene 24 años cuando realiza La Pietà, actualmente en San pedro De Roma. Obra maestra donde María expresa toda su desolación con solo el gesto de su mano extendida.

Hasta el siglo XV, éste tema Pietà, utilizado casi únicamente por los artistas de europa septentrional, son representaciones de Jesus y Maria con infinita tristeza. Parecían realizadas para que los fieles tuvieran conciencia del sacrificio de Cristo. Con los conocimientos adquiridos en Florencia, Michelangelo realiza este difícil tema, le quita la idea del horror, la virgen refleja la aceptación del destino a través de una belleza noble y espiritual. La reflexión filosófica según Michelangelo se impone: “ La muerte, también voluntad del Creador al igual que la vida, no debería desagradar”

En 1504 se reúnen en la catedral de Florencia ilustres artistas florentinos, entre los cuales se encuentran: Leonardo Da Vinci, Botticelli, El Perugino, Filippino lippi. Estos deciden en qué lugar se instalarà el David. Los presentes en ésta asamblea denotan la importancia de la obra: ya es un tesoro publico.

Giuliano Da Sangallo, arquitecto, presenta Michel Ange al Papa Julio II. Este último tiene una personalidad muy parecida a la de Michel Ange, lo cual es una de las causas de sus múltiples disputas. Julio II le somete un proyecto  monumental: su tumba. Así comienza, en 1505 la ” tragedia de la tumba” que corroerà la vida de Michelangelo durante cuarenta años. En 1506 se interrumpe la relación y el proyecto debido a los conflictos que abundan entre el Papa y Michelangelo. Este se vuelve a Florencia y no termina los encargos porque el Papa le insta a volver a Roma y le encarga otras obras. Luego, en 1508, le pide la pintura de la Capilla Sixtina. La realiza en un estado de profundo dolor y enormes querellas con el Papa. Termina la capilla en 1512 y el Papa Julio II muere cuatro meses después. A los 37 años, Michelangelo es “ El Divino”.

De 1513 a 1516 Michelangelo dedica todo su tiempo a la tumba de Julio II. Tres obras extraordinarias nacen en ese periodo: Moïse y los Cautivos que llamaremos más tarde los esclavos: el rebelde y el moribundo. Los dos esclavos están en nuestro camino, en el Louvre.

Sin salir totalmente del mármol, estas obras reflejan una de las facetas de la personalidad del artista: la mística, es decir la idea que el cuerpo es la “ oscura prisión del alma”, la lucha permanente entre lo físico y lo espiritual. La soberbia del combate por la libertad del Esclavo Rebelde se ve claramente en la actitud de todo su cuerpo: la cabeza bien derecha, los ojos extremadamente abiertos, consciente del esfuerzo que hace contra esa voluntad misteriosa que lo mantiene cautivo. Un ligero paño esconde solamente su sexo, como para que el espectador se de cuenta que su cuerpo entero está combatiendo contra el misterio de su cautividad: su pierna derecha apoyada en el zócalo para darse impulso, el cuerpo cuyos músculos están al borde de romperse de tanta energía desplegada. Los lazos que lo mantienen atado, se ven frágiles frente a la actitud del cautivo: quizá logre liberarse. El tormento del esclavo rebelde refleja quizás los obstáculos que tuvo Michelangelo para realizar el proyecto de la tumba y sus tormentos propios.

El lado opuesto lo representa el Esclavo Moribundo. Su cuerpo es de una belleza insolente, y aparte las ligeras cuerdas, nada lo cubre. La desnudez va con ese cuerpo abandonado y totalmente cautivado en un sueño que lo deja sin rebelión alguna contra su destino. Los músculos en descanso  dejan ver un cuerpo de una sensualidad a flor de piel. Las ataduras incluso agregan erotismo con la actitud de su brazo derecho que viene con un movimiento lánguido rozar su pecho de una leve caricia, y el brazo izquierdo levantado con un gesto que sujeta su cabeza. Su cara no muestra desesperación por liberarse, se deja llevar hacia su destino sin sufrimiento a pesar de que se encuentra en la misma cautividad que el esclavo Rebelde.

Al lado del Esclavo Moribundo se encuentra un mono, apenas un boceto cuyo significado al igual que los esclavos, no está muy claro. El non finito de las obras de Michelangelo es un tema recurrente: en su búsqueda de lo absoluto  del arte, de su verdad, abandona la obra cuando ve que no alcanza el ideal que se propuso. Deja también a la vista las marcas de la lucha que llevó hasta donde pudo con la materia.

Michelangelo regalo las dos obras a su amigo Roberto Strozzi el cual en su exilio se las regalo a François Ier. Luego de haber pasado por las colecciones del Cardinal De Richelieu, fueron incautadas  durante la revolución en 1792. Dos años más tarde entran al Louvre, a la vista de todos.

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