«Aquellos o aquellas que creen que la política se desarrolla través del espectáculo o del escándalo o que la ven como una empresa familiar hereditaria, están traicionando a la ciudadanía que espera de sus líderes capacidad y generosidad para dar solución efectiva sus problemas.»

Actualmente nos leen en: Francia, Italia, España, Canadá, E.E.U.U., Argentina, Brasil, Colombia, Perú, México, Ecuador, Uruguay, Bolivia y Chile.

POR UNA DEMOCRACIA REFLEXIVA Y PARTICIPATIVA SIEMPRE.

Hemos leído la declaración conjunta de los partidos de derecha y ultraderecha del espectro político del país con respecto a recordar lo que fue o ha significado para ellos el golpe cívico-militar de 1973 y hemos llegado a las siguientes conclusiones:

1.- La ambigüedad de sus declaraciones las cuales ocultan con su lenguaje difuso y grandilocuente, con ideas sutiles sus propios intereses y falta de convicción en una verdadera democracia, dejando de lado los verdaderos intereses de la sociedad: salarios dignos, derechos laborales, salud, vivienda, educación de calidad y al derecho a un retiro digno y a participar activamente en la búsqueda y solución de los problemas que  están vigentes en nuestra sociedad.

2.- Con respecto a los derechos humanos, prevalece en su declaración, una visión egoísta e individualista. Después de 50 años no reconocen una historicidad objetiva donde hubo una flagrante violación a la vida de muchos seres humanos, más allá de toda imaginación posible. Soslayan la tragedia vivida en 17 años de dictadura y los efectos perversos que nos han llegado hasta el presente.

3.- Que los aparatos represivos del estado, que la DINA y después la C.N. I. sembraron el terror a tales extremos que, más allá de la censura a la opinión contraria, la sociedad chilena terminó por autocensurarse así misma: detenciones arbitrarias, torturas, deportaciones, pérdida de la nacionalidad y otras aberraciones de lesa humanidad cometidos por un poder discrecional. Aquellos de la declaración parecen haber vivido en otro país más de acuerdo a sus propios intereses.

4.- En la declaración en comento se soslayan los efectos psicológicos y psiquiátricos que se han presentado en nuestra sociedad postgolpe: depresión, paranoia, esquizofrenia suicidios. Alguien dijo años atrás (el Psiquiatra Otto Döerr) que “Chile era un país enfermo”. Como secuela de aquellos 17 años, Chile se ha transformado en el país más desconfiado del mundo. Hay poca confianza entre nosotros y por tanto difícil es llegar a acuerdos. Esta misma declaración lo ratifica.

5.- La declaración deja entrever una visión irreconciliable con la verdad objetiva, especialmente entre los republicanos quienes se han marginado de todo acto reivindicativo. Pareciera que aquellos no serían del todo indiferentes si se reprodujeran los trágicos y lamentables hechos que estamos comentando. Su indiferencia junto a otros por el drama de los detenidos -desaparecimos y sus familiares es una prueba de ello.

6.- Los declarantes se han negado a participar en estos actos que recuerdan aquella negra noche del pasado suponiendo mala fe. Ha sido un reconocimiento de carácter universal el genocidio de Pinochet y sus aliados civiles y militares, el excomandante en jefe del ejército Ricardo Martínez así lo reconoce en su libro “un ejército de todos” quién ha sido sujeto de agresiones por parte de exmilitares por tener el coraje de denunciar al dictador. No es de extrañar en personas que aún no creen en la democracia y menos en la dignidad del ser humano.

Nuestro respeto, solidaridad y afecto a los familiares de detenidos desaparecidos (as). Esperamos que pronto aparezca la verdad de los hechos y puedan descansar en paz junto a sus familiares y seres queridos. Pedimos al actual gobierno actuar con firmeza con una consistente y constante publicidad, denunciar con claridad los hechos y dichos de potenciales golpistas. Hacemos también un llamado al pueblo democrático, denunciar con firmeza a los hijos y nietos nostálgicos de la dictadura que, como un deber ser, en política no hay enemigos sino adversarios y que la democracia se protege con más democracia.

Dentro de este contexto, dos preguntas para la reflexión:

¿A cuantas personas asesinó o mando a asesinar el presidente Salvador Allende?

¿A cuántas personas asesinó o mandó a matar el dictador Augusto Pinochet?

A usted, lector, lectora, sin odio y sin rencor, les corresponde dar su opinión.

Miguel Hinojosa Machuca PhD.

Concepción, septiembre, a 50 años del Golpe Cívico- Militar.

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