Imperativo ético: la ciudadanía y los demócratas consecuentes, deben impedir la presencia de fuerzas Neo Fascistas en Chile.
Actualmente nos leen en: Francia, Italia, España, Canadá, E.E.U.U., Argentina, Brasil, Colombia, Perú, México, Ecuador, Uruguay, Bolivia y Chile.

REFLEXIONES ACERCA DE LA LECTURA

Soy docente, pero… no me gusta leer

Paola Tapia López
Profesora Educ. General Básica Mención lenguaje
Máster en Investigación de la didáctica de la lengua y la literatura
Doctora en Investigación de la didáctica de la lengua y la literatura

Cuando comencé a realizar talleres a grupos de docentes de educación básica, dentro de la dinámica del taller de lectura, les pedí lo siguiente: Mencionen un libro que ustedes hayan tenido en sus manos y que no hayan podido parar de leerlo hasta devorarlo…”. Mi confianza era enorme y esperaba respuestas muy variadas; sin embargo, esas contestaciones nunca llegaron y, en cambio, obtuve réplicas como las siguientes:

  1. Silencio absoluto.
  2. ¿Tiene que ser un libro o puede ser un cuento?
  3. Ese que se leía en el colegio… cómo era que se llamaba… María
  4. Los de Coelho (esta respuesta abarca el mayor porcentaje de las respuestas). Y eso fue todo.

¿Qué significa esto?, y ¿cuál es la razón de ser de este artículo? Los docentes, en su gran mayoría, no leen. Y si leen es a Pablo Coelho por ejemplo, respetando los gustos, ofrece excelentes textos de superación personal, pero no de riqueza literaria. Por supuesto, no cuestiono que el docente lea esos textos, lo que cuestiono es que lea dichos textos únicamente.

Y ¿qué pasa con los textos ricos en lenguaje literario, cargados de imágenes, de simbolismo, de finales abiertos, de mil interpretaciones posibles. ¿Cómo llevo un niño a adentrarse en el mundo de la ficción cuando yo nunca lo he hecho?

¿Formación sin lectura? ¿Cómo puedo llevar a los niños de primaria a comprender un texto literario y a desarrollar el gusto por la lectura, si el mismo docente no sabe, siquiera, cuál es la importancia de relacionar el texto con el contexto?

¿Cómo puedo trabajar la comprensión de lectura de un estudiante, si es el docente quien me dice: “A mí, sinceramente, nunca me ha gustado leer”? O, cuando he querido mostrarles una estrategia pedagógica, ¿cómo hacer un dibujo sobre un título, si el docente responde con un “Ay, no, yo no voy a dibujar”?

Respetando las habilidades de cada ser humano, considero que el docente no puede estar cargado de tantas negaciones. Por ahí leí una frase que decía: “para enseñar hay que saber, pero para educar hay que ser”. Si yo no leo, si no dibujo, si no improviso, si no juego y si no “hago el ridículo” en el aula, ¿de qué otra manera puedo motivar a los niños a jugar, a pintar, a improvisar, a cantar, a bailar, a actuar y a divertirse?

Y, sobre todo, ¿cómo voy a motivar a los niños a leer si yo, docente y formador, no leo? En este punto me atrevo a decir que un grupo de docentes puede tener gustos muy variados, unas habilidades más desarrolladas que otras, pero un docente no puede permitirse el lujo de no tener desarrollado el gusto por la lectura. Todo lo demás podría ser aceptable.

Un docente tiene que leer. Es imperativo, es parte fundamental de su desempeño profesional. Tiene que leer y tiene que fomentar el gusto por la lectura en sus estudiantes. Esa frase (“siendo sincero a mí no me gusta leer”) lo podría aceptar, quizá, de otra profesión (aunque no se me ocurre cuál); pero nunca de un docente.

Si queremos que se nos tome en serio como formadores de seres humanos, tomemos en serio nuestra profesión. “Soy docente, pero no me gusta leer” es la contradicción más grande que he escuchado de un educador.

Todos los que trabajamos en educación sabemos que mas allá de los métodos, es la personalidad y la capacidad profesional del docente la que tiene mayor incidencia en un buen aprendizaje. Sabemos que el docente, como cualquier profesional tiene gustos, deseos, y también rechazo por algunos temas o áreas de la enseñanza. No desconocemos que los profesores  del primer ciclo, a diferencia de los de segundo ciclo, deben manejar y transmitir un repertorio de variados conocimientos y áreas expresivas, especialmente en nivel inicial.

Esto nos lleva a pensar que desde el punto de vista formativo se entiende que hace falta una preparación especial para algunas áreas a lo cual va unido, o por lo menos así debería ser, una inclinación vocacional de parte del docente.

Ahora bien ¿qué ocurre, en cambio, con el profesor y la lectura, si pensamos en esta última como en una actividad vocacional, por un lado y que necesita que el profesor domine la especialidad como promotor, por otro, y de lo cual se desprende la importancia del entusiasmo, en la transferencia de esa actitud lectora, del promotor a su alumno?

La lectura placentera pone en juego una serie de aspectos de la personalidad que involucran el campo, no solo intelectual, sino también socioemocional y aun corporal. La pregunta que se nos plantea es pues, ¿cómo puede el profesor despertar el deseo de leer si él no tiene un buen vínculo con la lectura?, y ¿cómo ayudarlo a reparar o elaborar esta problemática?

Revisar el vinculo del docente y la lectura quizás no nos sirva a los efectos de modificarlo sustancialmente, pero, poder reconstruirlo y entenderlo sin duda aliviara al docente y lo instrumentará para buscar técnicas y apoyos didácticos para lograr una acción más positiva en su labor.

Esas teorías, pueden ser un primer paso. No se trata pues de leer y acumular información sobre las diferentes posturas teóricas sobre el tema, sino de vivenciar esos conceptos a partir de lo personal.

Otro aspecto necesario para trabajar con los docentes es el que muy acertadamente denomina Noé Jitrik como el mandato vacío del deber de leer, por el enorme peso sociocultural de este mandato, de esa lectura obligatoria y obligada – no se sabe bien por quién y por qué -, pero que todos, se supone o suponía, debíamos hacer.

Estimo, quizás valida como propuesta, la de desandar el camino de la lectura, comenzando por reconstruir el vínculo, bueno o malo, de los maestros con la lectura, porque es un vínculo innegable en nuestra cultura, como cultura de la palabra escrita, de lo escrito para ser leído. ¿Podemos pasar por alto las reflexiones de Francesco Tonucci sobre los docentes como los profesionales que menos leen?

No dejaría de ser interesante investigar el por qué de esta situación que plantea Tonucci y preguntarse, por ejemplo cómo fue la forma en que estos maestros fueron llevados por el terreno de la lectura; como fueron ellos mismos formados o no, como lectores; a la luz de que ideas sobre la lectura … Maestros educados con libros que deben educar a niños educados por la televisión o maestros educados por la televisión que deben adorar la lectura. No deja de ser contradictorio en ambos casos.

Se puede pensar también, si no será que los maestros, como muchas otras personas, no leen libros porque se ven urgidos a leer de otras formas y a leer otras cosas. ¿Podemos no leer el diario, la televisión, la radio, toda la información que los medios nos traen desde los más recónditos lugares? Y ¿podemos negarnos a saber todas las cosas terribles, por cierto en su mayoría, que ocurren en nuestro planeta? ¿Podemos no estar absortos en la lectura de nuestros propios pensamientos sobre todo eso que ocurre?

Nunca, creo, el ser humano ha dependido tanto de la lectura y de la necesidad de interpretar la realidad, de sospechar, de intuir, de reflexionar, de analizar, de prever, de crear sus propias hipótesis de lectura de la realidad. Nuestra cabeza no cesa de leer esas cosas y a veces, además, somos capaces de leer libros, a pesar de la computadora, Internet, el email, el cine, el video, la publicidad y …

Creo, pues, que leemos y que demasiado. Propongo simplemente rescatar esa otra lectura, la literaria, la absolutamente gratuita, la innecesaria, la placentera, la maravillosa “lectura para perder el tiempo”. Hoy, más que nunca, vale la pena pensar, realmente, que es leer. Pensarlo a la luz de los avances tecnológicos en materia de comunicaciones que nos presentan un mundo globalizado sometido a las leyes de la diosa Informática, por un lado, y a los Índices de analfabetismo en el mundo, por otro, que sobrepasa a millones de adultos, a los que se suman  millones de niños, en edad escolar, que no tienen escuela.

Este es nuestro problema del milenio como educadores. Sin acceso a la lectura, no hay acceso a Internet y el analfabetismo digital, aunque problemático, no es insalvable como la brecha, cada vez más profunda entre un analfabeto y una persona informatizada. Nuestro mandato, ya no vado, como educadores, es promover la promoción de la lectura porque por mucho tiempo más, la cultura de lo escrito seguirá rigiendo el mundo, con y sin computadoras y nadie estará más desprotegido, para sobrevivir en el mundo actual, que un analfabeto.

Recuerda que puedes seguirnos en facebook:

Déjanos tu comentario:

Su dirección de correo electrónico no será publicado.

*

1 Comentario en REFLEXIONES ACERCA DE LA LECTURA

  1. Claro que leen, leen en Facebook, en Whatsapp, en Twwitter. Muy pocos leen libros, ni siquiera en la tableta. Siempre la lectura ha sido el privilegio de unos pocos. ¿No son, por ello, buenos docentes?

sertikex-servicios-informáticos www.serviciosinformaticos.cl