La sensatez debe generar cordura y la cordura solventar los avances logrados por la ciudadanía y no retroceder con acciones irracionales.
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Reloj, no marques las horas

Es muy propio de la psicología de las personas evadir el abordaje de problemas complejos, que nos exigen meditación, raciocinios, consejos, etc., a la espera de que por arte de birlibirloque aparezcan elementos imprevistos que nos empujen a tomar decisiones inteligentes  que nosotros hemos sido incapaces de adoptar. O, peor aún, que sean otros los que determinen el sendero a futuro.

Hay ciertos datos o percepciones que nos pueden servir de insumos con miras a lo que se avecina: 1) La crisis social no ha terminado; 2) El Gobierno ha perdido absolutamente el control del orden y la seguridad públicos; 3) Las inequidades y abusos siguen campeando como si nada hubiere pasado; 4) Las autoridades del Estado continúan viviendo en un mundo de bilz y pap y creyendo que ciertas medidas de maquillaje tranquilizarán un tejido social alborotado e indignado.

Mientras un Ejecutivo sin fuerzas persiste en mantenerse en un marasmo de titubeos e indefiniciones, una inmensa mayoría de las personas (incluso numerosos inmigrantes) piensa que en los próximos meses rebrotará el estallido social. Más todavía, le ponen fecha de inicio: el 9 de marzo.

Aun cuando el cambio de gabinete descomprimió la descontrolada ebullición social al sustituir un equipo prepotente y soberbio por un team más dialogante, el país no ha visto la voluntad de hacer cambios profundos.

La gente de clase media, el empleado, la jefa de hogar, el adulto mayor, grupos sociales, en general, que privilegian la tranquilidad y el orden público, ven como transcurren las horas, los días y los meses y la policía uniformada, factor clave en la resolución de este problema, continúa a la deriva cometiendo graves tropelías absolutamente impropias de un régimen republicano al extremo que demasiados ciudadanos llegan a pensar que su comportamiento indebido se hace con la aquiescencia de los propios gobernantes. El pasado sábado 1 de febrero, una treintena de personas, mayoritariamente mujeres, se instaló al mediodía a manifestarse (estaban en su legítimo derecho, por lo demás) por el rechazo al proceso constituyente. Escogieron como lugar para la reunión, el frontis de la Escuela Militar. ¿No nos recuerda eso a las damas del barrio alto que en 1972 salían a tirar trigo para urgir la reacción antidemocrática de los uniformados?

El jueves 7 de enero, Su Excelencia decidió tomarse sus legítimas vacaciones legales, en una de sus propiedades del Sur.

Horas antes, en un escenario montado al efecto, engalanado con el nuevo eslogan publicitario- “NOS QUEDA MUCHO CHILE JUNTOS”- que hasta ahora nadie explica y nadie entiende, y que da de baja tanto a los “tiempos mejores” como al “Chile en marcha”, anunciaba los cuatro grandes objetivos para el resto de su mandato: Agenda Social; Empleo y Clase Media; Proceso Constituyente; y Seguridad y Orden Público.

Es todo muy curioso.

En materia de Seguridad y Orden Público, casi no hay nada más que agregar a lo ya dicho.

 En materia de Agenda Social, no se ve hasta ahora voluntad ninguna de hincarle el diente al modelo estableciendo las bases de un proyecto más justo y solidario.

 En cuanto al Proceso Constituyente, es una aventura de destino ignoto, cuya idea original no le pertenece al Ejecutivo y en la cual los pelotones gubernativos caminan cada uno por su cuenta ya que no se escucha ninguna voz de mando.

Y en materia de empleo, las propias cifras oficiales no son para nada auspiciosas llegándose al extremo de afirmar que los despidos “por necesidades de la empresa” en enero fueron 37.790 para, al día siguiente, explicar que había una error y que la cifra real llegaba a los 132.551 casos.

Con este panorama, ya no se sabe qué pensar.

Es obvio que el proceso constituyente de ninguna manera implicará por si solo la solución a las duras enfermedades estructurales que padece el país. Tratar el síndrome del abuso y de la injusticia no se puede lograr con aspirinas y placebos. Ya se diluyeron las aterradas imágenes de Andrónico Luksic anunciando alzas de remuneraciones para los asalariados de todas sus empresas y de una Cecilia Morel que proclamaba su voluntad de renunciar “a algunos de sus privilegios” frente al avance incontrarrestable de los “alienígenas”.

La ciudadanía tiene muy claro que el presidente Piñera ya decidió.

Defenderá el modelo cualesquiera que sean las consecuencias. No tocará ni con el pétalo de una flor los intereses de las doce familias dueñas de Chile, grupo del cual él forma parte.

Nicolás Maquiavello ya lo dijo: Las personas están dispuestas a perdonar todo, incluso el homicidio de sus padres pero, en ningún caso, que les toquen su patrimonio.

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1 Comentario en Reloj, no marques las horas

  1. Cueste lo que cueste, Piñera, «morirá» con las botas puestas defendiendo el modelo, eso está mas que claro.

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