La ciudadanía debe avanzar hacia "Un razonamiento colectivo", fase superior del pensamiento individualista.
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TÉNGASE PRESENTE

Maroto

Desde Canadá.

Las violaciones a los derechos humanos son inaceptables. Desde el inicio de la crisis social hace más de ssemanas atrás se han producido en Chile reiteradas violaciones a los derechos humanos por parte de quienes tienen la responsabilidad de mantener el orden público. Lo anterior debiera ser condenado de manera firme y unánime. En este contexto Chile necesita hoy verdad, justicia (no a la impunidad) y reparación.

Las últimas semanas han estado marcadas por las legítimas manifestaciones, mayoritariamente pacíficas, de millones de chilenos y chilenas que han salido a las calles para reclamar en contra de un modelo que ha acentuado los niveles de desigualdad en nuestro país. Reconocer los avances logrados en Chile desde la recuperación de la democracia es necesario e importante; son el resultado del esfuerzo y sacrificio de muchos. Sin embargo, este reconocimiento no es excusa para la autocomplacencia. Cientos de espontáneos cabildos y conversatorios han dado a la ciudadanía la oportunidad de reflexionar acerca de la herida social dejada por un modelo neoliberal que, aplicado a ultranza, ha ido profundizando las diferencias en nuestra sociedad, y expresar y compartir con esperanza los anhelos por un Chile más participativo, justo e igualitario.

Estos mismos tiempos  han estado marcados también por hechos de violencia; una violencia represiva, defensiva y antisistema sin precedentes en los últimos 30 años. Una violencia que ha dejado muertos, miles de heridos tanto en la población civil como en Carabineros, miles de detenidos, cientos de personas abusadas y la destrucción indiscriminada de las fuentes de trabajo e infraestructura de importantes sectores de la población y el país. La violencia, toda, debe ser reconocida y condenada con firmeza. No hay excusas para tolerarla.

Carabineros de Chile enfrenta un grave problema institucional, manifestado en los últimos años en graves denuncias de corrupción y en las últimas semanas en reiteradas violaciones a los derechos humanos, con el resultado de un alto mando ciertamente debilitado. La institución requiere de una urgente y profunda reforma que restaure su credibilidad y capacidad operativa. En este contexto, el desafío de detener la espiral de violencia vandálica que nos afecta desde hace ya varias semanas, sin caer en nuevas violaciones a los derechos humanos, es enorme y complejo. El gobierno tiene la responsabilidad urgente de aunar criterios con la oposición para generar una estrategia conjunta que permita a Carabineros contar con las herramientas necesarias para resguardar la paz social y restablecer el orden público, con respeto a la legislación vigente, el estado de derecho y los compromisos internacionales.

En el contexto del estallido social aún en pleno desarrollo hay quienes constantemente recurren al lenguaje de la guerra, dividiendo a chilenos y chilenas entre buenos y malos, patriotas y antipatriotas, y aquellos que quieren la paz y los que no. Nuestro país enfrenta hoy un desafío complejo, por cierto, desconocerlo sería pecar de ingenuidad. Sin embargo, este desafío es también una oportunidad, oportunidad que se ha manifestado en un sinnúmero de actividades realizadas a nivel nacional por la ciudadanía, las comunidades y las organizaciones sociales, que intentan avanzar en el desafío de construir nuevas formas de convivencia y diálogo. Estos esfuerzos son un testimonio claro de que Chile no está en guerra.

Nuestra democracia y sus instituciones deben ser protegidas, sin perjuicio del reconocimiento y la necesaria reflexión acerca de sus imperfecciones. Después de 18 años de dictadura, recuperar la democracia fue el resultado del esfuerzo, compromiso y sacrificio de millones de chilenos y chilenas, algunos de los cuales estuvieron incluso dispuestos a dar sus vidas para que tuviéramos la oportunidad de avanzar como país. Olvidarlo, para quienes lo vivimos, o ignorarlo, para las nuevas generaciones, es una irresponsabilidad.

El presidente Sebastián Piñera es el presidente de Chile; sin perjuicio de haber votado o no por él, su elección es el resultado del ejercicio democrático.  Intentos conscientes por desestabilizar su gobierno o forzar el término anticipado de este, son contrarios a los esfuerzos por profundizar y fortalecer nuestra democracia y sus instituciones. La oposición, el oficialismo y el gobierno tienen la responsabilidad de trabajar para que, con la ciudadanía como principal protagonista, se avance efectivamente en el proceso de Nueva Constitución acordado, se defina con urgencia la profunda agenda social aún pendiente y se generen las condiciones necesarias para restablecer el orden público.

Un Chile más participativo, justo e igualitario sí es posible.

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