Imperativo ético: la ciudadanía y los demócratas consecuentes, deben impedir la presencia de fuerzas Neo Fascistas en Chile.
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Votacion elecciones, urna

TODOS A VOTAR…..

El domingo 23 de octubre se realizarán nuevos comicios electorales destinados a elegir a los ciudadanos que, como Alcaldes y como Concejales, regirán por cuatro años a cada una de las comunas del país.

La oportunidad es muy buena para dar a conocer lo que hoy piensan los electores,  aunque diversos factores se entrecruzan para confundir el panorama. También hay nubarrones amenazantes que deben tenerse en cuenta a la hora de sacar conclusiones.

 Las elecciones municipales tienen características propias. Los partidos políticos preanuncian fórmulas ingeniosas que les permitan declararse ganadores a la hora de los recuentos: Quién saca más alcaldes, quién saca mayor número de concejales, quién obtiene más votos, quién triunfa en más capitales regionales, etc. etc. Los más vivarachos llaman a abstenerse con lo cual parten con el mayor piso electoral: desde 50% hacia arriba. Todas estas sumas y restas se ven, obviamente, distorsionadas por factores locales, propios de cada comuna,  y por el buen número de independientes (que no son tan independientes) y de descolgados que abandonaron su nido motivados por su afán incontrolable de servicio público.

La muy negativa opinión  que tienen los ciudadanos acerca de los partidos políticos y sus personeros, hace vaticinar un grado importante de abstención.

Los expertos anuncian que la concurrencia a sufragar girará en torno al 40%, guarismo muy bajo pero bastante explicable si se consideran tanto  el juicio crítico recién mencionado como la torpe decisión de establecer el sufragio voluntario.

Las elites políticas aportan casi nada para mejorar esta situación. Un buen número de nombres es postulado a pesar de tener “el papel de antecedentes manchado”. Situaciones financiero-administrativas cuestionables, conductas personales reprochables ( violencia intrafamiliar, conducción en estado de ebriedad, acosos sexuales y laborales) , perpetuación en los cargos, dudosos viajes de “capacitación” a playas del Caribe o capitales europeas, son conductas que se toleran y perdonan si el postulante tiene un stock de votos que pueden ser útiles.

Más aún. Los cargos de representación popular (diputaciones, senaturías, consejerías regionales, alcaldías, concejalías) no son mirados como funciones públicas destinadas a servir con eficiencia y honestidad a la comunidad, sino como parcelas de poder que es necesario conquistar y mantener bajo control para beneficio individual y familiar.

La cortedad de la campaña electoral oficial, ha sido un buen pretexto para justificar la carencia de un debate más de fondo a lo menos sobre  los problemas locales. La ley (o la ciudadanía organizada y empoderada) debieran exigir a los postulantes a alcaldes que junto con inscribir sus candidaturas suscribieran un programa mínimo de acción,  de tal forma que,  al cabo de su mandato,  sea posible exigirles cuentas y hacer efectivas sus responsabilidades.

Es necesario avanzar con decisión en este campo, de tal forma de lograr que los errores de gestión o las evidentes muestras de incompetencia de estas autoridades locales, puedan ser conocidos y juzgados oportunamente por la comunidad.

El desinterés ciudadano por “la política”, en el buen y noble sentido de esta  expresión, no constituye una simple actitud de apatía, indiferencia y comodidad,  sino más bien una manifestación de desencanto y desilusión. El vecino que observa con desaliento como los problemas de su barrio y de su comuna permanecen y se eternizan en el tiempo, tiende a encerrarse dentro de sus espacios individuales, con lo cual se desintegra la convivencia y el compromiso con el bien común.

Lamentablemente, saltan a la vista actitudes de algunos candidatos, en diversos lugares de Chile, que deben ser condenadas sin ambages. En general, ha habido una fuerte presión social para lograr que los medios de comunicación social, y muy en particular la televisión, consideren los espacios necesarios como para que los candidatos se den a conocer y demuestren sus capacidades y su idoneidad para el cargo. Poco a poco, esto ha sido logrado. Sin embargo,  algunos postulantes han evadido los debates ciudadanos con el pueril argumento de que la participación en estos foros no les conviene. Claramente su actitud constituye una falta total de respeto, una burda desconsideración hacia la capacidad de pensar de los ciudadanos, una convicción tácita de que bastan muchos afiches, muchas sonrisas y algunos apellidos o frases huecas, para conquistar conciencias.

La renovación de la política debe empezar cuanto antes. Primero, ejerciendo los derechos que a los ciudadanos les corresponden en las jornadas cívicas en que todas las personas se igualan. Luego, en la emisión de un sufragio responsable que no se deje llevar por juegos de palabras o de artificios, sino por la valoración de las consecuencias que tienen, tarde o temprano, las decisiones que se adoptan.

 

René Fuentealba Prado.

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